23 de julio de 2017

Blog desconectado por falta de batería


   Los que por aquí pasáis con asiduidad sabéis lo estresantes que han sido estos últimos meses. La aventura de mi tesis doctoral me ha dejado secuelas. El agobio, los nervios ante la eventualidad de no cumplir los plazos y todo el estrés que conllevó presentar y defender la tesis me han dañado. El agotamiento mental que supuso todo esto me ha dejado laxa y sin ganas de hacer nada. 

   En todos estos años de andadura bloguera nunca he dejado de escribir en el blog, con mayor o menor frecuencia siempre anduve por aquí. Pero este año será la excepción. Por primera vez en varios años mis vacaciones van a consistir no solo en ir al mar y disfrutar de un paisaje diferente al que estoy habituada. Este año me he propuesto desconectar, y esa desconexión será figurada y literal.

    Como si de un teléfono móvil se tratara me voy a apagar para recargar completamente la batería y luego poder utilizar todas mis aplicaciones al 100% de rendimiento; voy a hacer limpieza mental y eliminar los archivos basura que me impiden funcionar correctamente (todavía tengo alguna gráfica de la estadística rondándome la cabeza y cosas así). Necesito apagar mi dispositivo para que así el programa rastreador pueda ser más efectivo.

   No voy a utilizar ningún artilugio electrónico, tan solo el teléfono móvil y para emplearlo para lo que fue ideado en sus inicios: para hablar, con la familia y algunos amigos. Por lo demás me despido durante unas semanas de las redes sociales, de los blogs y del correo electrónico.

   Cuando pienso en esta desconexión creo que estoy volviendo a la época de las cavernas, pero bien mirado esto era así tan solo hace unos pocos años. No había conexión a internet fuera del domicilio o del ámbito laboral y el mundo no se detenía. Espero que en esta ocasión tampoco se detenga. 

   A mi regreso de este retiro de la vida cibernética espero reencontrarme con todos vosotros, para compartir mis lecturas, mis escritos (me desconecto pero pienso seguir escribiendo) y para conocer vuestras creaciones. Espero regresar con nuevos proyectos, con un nuevo talante más relajado y con muchas ganas de saber de vosotros, de hecho ya os empiezo a añorar, pero mi propósito es firme.

   Hasta la vuelta, amigos.








21 de julio de 2017

"Es un decir"- Jenn Díaz

El día que Mariela cumple once años matan a su padre, ella misma oye el disparo que acaba con su vida. Es la postguerra española y ella vive en un pueblo. Desde ese momento se convierte en una adulta, pero a pesar de ello no sabe quienes ni por qué han asesinado a su padre. En casa ni su madre ni su abuela quieren decirle nada y es entonces cuando Mariela se propone averiguar los secretos que se esconden en su familia. Todos en el pueblo saben más de la vida de Mariela que ella misma y la manera de conocer su historia es a través de lo que se dice en el pueblo, de lo que los demás comentan sobre ella y su familia. 

Esta novela, o más bien este relato largo (poco más de 150 páginas), es la vida de Mariela, una vida llena de ausencias, reales o sentidas. Un padre muerto, una madre displicente, una abuela enigmática y un abuelo desaparecido hacen que Mariela sienta la ausencia en todo su rigor:

“Alguien a quien no se puede ver, ni tocar, ni escuchar es como si estuviera muerto”

Esta historia es la historia de Mariela a través de las vidas de los hombres como esposos, como padres, como amantes vista por las mujeres como esposas, como madres y como enamoradas. Esta historia es el resultado de lo que Mariela escucha que dicen otros de su vida a través de las palabras “que lo dicen todo y no dicen nada” y cuando esas palabras no son claras o no resuelven sus dudas ella misma rellena los huecos, adorna su historia con falsos recuerdos que idealizan al ausente.

“Del muerto es fácil hablar y confiar en él, es alguien que se adapta a tu necesidad, a tu añoranza y se va moldeando hasta que es justo como tú deseas”
“Es fácil idealizar a un muerto porque nunca te va a decepcionar”

A través de los pensamientos de una niña que se cree adulta pero en realidad aún no lo es y de los de la abuela, una mujer inculta y afectada por la desaparición de su marido, nos enteramos de los secretos que se esconden en esa familia. Secretos que a mí se me antojaron folletinescos y que me dejaron un regusto a decepción (me esperaba más enjundia tras ese secretismo).

Además, la forma de narrar plasma el caos y la falta de conexión propia de los pensamientos, ideas que se suceden unas a otras de manera desordenada y sin solución de continuidad. Hay que darle el reconocimiento a la autora por saber expresar tan bien esa forma de razonar, pero esta técnica si bien es natural cuando de pensar se trata es incómoda cuando se trata de leer.

Una novela original en cuanto a la narración, decepcionante en cuanto al contenido y aceptable por su corta extensión. Es un decir.





16 de julio de 2017

"No soy un monstruo"-Carme Chaparro

En un centro comercial de Madrid un niño de cuatro años desaparece en un despiste de su madre. Todas las alarmas se disparan y además la angustia se acrecienta porque la desaparición es en el mismo lugar donde dos años antes otro niño fue secuestrado sin haber dado con el paradero. La policía y los medios de comunicación no tardan en llegar a la conclusión de que se trata del mismo depredador que ha vuelto a actuar.

En esta historia se ven implicados dos personajes principales, Inés, una reportera de televisión y también escritora de novelas, y Ana, una policía que se encargó del caso del primer niño y además amiga de la escritora.

Este es el escenario de una novela policíaca pues de encontrar a los niños y al culpable de las desapariciones se trata. Pero en realidad es algo más, o yo al menos he visto algo más en este libro y precisamente ese algo es lo que me ha hecho valorar más positivamente esta historia. Desapariciones y depredadores aparte, se muestra el dolor y el miedo de una madre ante la pérdida de un hijo; la desolación mezclada con el sentimiento de culpa que sienten los progenitores cuando su hijo, del que son responsables y al que deben cuidar y proteger, desaparece y es víctima de un monstruo. Aunque esos monstruos no se sientan como tales.

El libro va de menos a más. Si bien se entra de lleno en el argumento, al inicio hay algo de indefinición. Varias historias, en principio accesorias, no me permitieron conectar con la trama.

La autora, Carme Chaparro, al igual que una de las protagonistas, trabaja también en los informativos de una cadena de televisión y es escritora –aunque esta es su primera novela–. En este aspecto me pareció poco original o una manera fácil de perfilar personajes, es decir, utilizar los conocimientos de primera mano que tiene el escritor para describir mejor determinadas situaciones. Es una herramienta recurrente por muchos autores, hasta cierto punto me parece lógica, pero a mi modo de ver resta calidad a la obra. Es como un actor que se interpreta a sí mismo, no tiene apenas que fingir pues es su forma de ser la que se vuelca en el personaje. No obstante, y falta de originalidad aparte, la novela está bastante bien escrita.

La labor de documentación es muy buena. No solo se recrea el mundo de los informativos (mundo perfectamente conocido por la autora pues vive en él), también se muestran los entresijos de la investigación policial y forense, los protocolos y pasos que se dan para que una investigación llegue a buen puerto. 

Se habla también de investigaciones punteras como la huella de teclado, una manera de reconocer a una persona por la forma de teclear un texto (este aspecto yo creí que era pura ciencia ficción pero mi informático personal, mi marido, me sacó del error; esta técnica existe y hay programas informáticos que pueden captar un rastro atendiendo a la velocidad del tecleado). 

El trhiller se desarrolla muy bien y el final es trepidante –devoré las últimas páginas con ansiedad por saber el desenlace–. Un final inesperado aunque algo forzado en mi opinión, pues para encajar algunos aspectos de la trama se recurre a la casualidad y creo que eso le quita frescura.

Con todo y con eso la novela es bastante buena y recomendable totalmente. No sé si tiene tanta calidad como para recibir el Premio Primavera de Novela, pero se lee muy bien y es entretenida. Tampoco sé si en este éxito algo tiene que ver que la escritora sea conocida en el ámbito audiovisual pero, desde luego, ha tenido muy buenos padrinos: Carmen Posadas leyó el manuscrito para darle su opinión (tengo mis dudas de que hubiera aceptado esa tarea si Carme perteneciera al grupo de escritores noveles anónimos) y una editorial como Espasa se ofreció a publicar su obra, ahí es nada.

Un thriller interesante que se lee bien. Ideal para estos días estivales y para dejarse llevar por una historia entretenida. Ni más, ni menos.




12 de julio de 2017

'Más allá del invierno' Isabel Allende

    La acción de esta novela se desarrolla en Estados Unidos. Lucía, una chilena en la sesentena, Evelyn una guatemalteca adolescente y Richard un judío norteamericano entrecruzan sus destinos cuando tras un incidente fortuito han de deshacerse de un cadáver.

   Este es el punto de partida y la excusa para contar las historias de estos tres personajes tan distintos entre sí y con unos pasados también completamente diferentes.

   A través de la historia personal de Lucía conoceremos la historia más reciente de Chile. O quizás no tan reciente porque se remonta al golpe de estado militar y las represalias posteriores con su abultada cuenta de desaparecidos.

   A través de la historia personal de Evelyn conoceremos la situación social de Guatemala, con sus pandillas que extorsionan y amenazan a la población. También conoceremos el problema de la inmigración ilegal a EEUU cuando multitud de hispanoamericanos huyen de situaciones de pobreza y explotación en sus propios países para caer en la redes mafiosas que los introducen en el país más rico del continente para seguir siendo pobres y explotados.

   A través de la historia personal de Richard conoceremos parte de la historia de Brasil y del peso que supone provenir de una familia con un historial de compromiso y lucha social.

   Cada personaje arrastra debido a su pasado sus propios miedos, sus vivencias traumáticas que los marcan y que los impulsan a una forma determinada de ver la vida. Estos tres personajes, cada uno a su manera, están desencantados con su existencia, están en el invierno de sus vidas -incluso Evelyn que es la más joven-. Sin embargo, juntos encuentran el apoyo que todo ser humano necesita para enfrentarse a su propia existencia y así conseguir la fuerza que les haga ilusionarse por lo, mucho o poco, que quede por vivir. Están en el invierno de sus vidas pero juntos descubren que más allá del invierno viene la primavera y el verano.

   Esta novela me tiene el corazón partido. Por un lado me ha gustado mucho y por otro no tanto. 

   Soy seguidora de Isabel Allende desde hace más de treinta años. En los años 80 me enganché a su lectura con "La casa de los espíritus" y desde entonces he leído todo lo que ha escrito de manera que para mí se convirtió en una escritora fetiche, como una amiga de la que sabía a través de sus letras. Sin embargo, desde hace más de diez años esa amistad se enfrió. La calidad de sus obras empezó a languidecer, aun así seguí leyéndola con la esperanza de reencontrarme a la Isabel que me enamoró con sus primeras creaciones.

   El argumento -o los argumentos pues son varias las historias que se cuentan- para quien, como yo, ha leído todo de la autora, es poco original. Otra vez se cuenta el golpe de estado chileno y la represión con los desaparecidos (La casa de los espíritus, Mi pequeño país inventado, etc). Otra vez se cuenta el trauma de un hombre que arrastra un pasado familiar desgraciado y que le impide mantener una relación medianamente normal con sus semejantes (El plan infinito). Otra vez se cuenta la pobreza de los países menos desarrollados de América (Eva Luna, De amor y de sombra, etc).

   Además, otra vez, la autora recurre a su propia biografía para dar vida a alguno de sus personajes -Lucía huye de Chile tras el golpe y se refugia en primera instancia en Venezuela para luego recalar en EEUU, al igual que hizo Isabel Allende-. El empleo de temáticas habituales y complementarias al argumento principal, aquí también se repite: las alusiones al mundo mágico de los chamanes con esa mezcla de religión ancestral de las culturas indígenas más la oficial.

   Sin embargo, todo esto, aunque algo repetitivo, lo cuenta con la forma tan personal de narrar que tiene ella, la Isabel Allende de los inicios. El empleo del lenguaje, florido, mágico y con cierto tono de humor es excepcional y me ha hecho disfrutar mucho de la lectura (aunque los diálogos siguen sin convencerme del todo). En el primer capítulo ya supe que me estaba reencontrando con la Isabel que yo amo; la forma de describir una tormenta de nieve en Nueva York me enganchó de manera que devoré el libro.

  Con esta novela me he reencontrado con esa vieja amiga que he estado añorando desde hace mucho tiempo. Con esta novela me he reunido con una amiga a la que no veía desde hacía años y que vuelve a contar las mismas vivencias que ya conozco pero con la pericia de siempre, con el arte tan peculiar que la caracteriza, para disfrutar de su conversación como antaño, para disfrutar de su compañía y su manera de hablar. 

   Después del invierno que nos separó por su mala climatología ha llegado el verano para reunirnos.

"En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible"
Albert Camus.





6 de julio de 2017

"El pensionado de Neuwelke" - José C. Vales

Al pensionado de Neuwelke, situado en la región de Livonia (actualmente se encuentra entre Letonia y Estonia) a mediados del siglo XIX llega la señorita Émilie Sagée, una institutriz francesa contratada para impartir clases en dicho pensionado donde las hijas de la aristrocracia y de la alta burguesía alemana, rusa y polaca están internadas para recibir una educación apropiada a su sexo y condición.

Esta institutriz huye de un pasado trágico y desgraciado que la ha hecho recorrer media Europa. En este apartado lugar del continente parece encontrar la paz anhelada, pero esta joven mujer se ve afectada por una maldición que a los ojos de los demás provoca repulsión, miedo y conmiseración también.

Con estas premisas arranca una novela que sigue todos los patrones de una historia decimonónica, con su dosis de romanticismo, de costumbrismo, de misterio y de espiritismo. La ambientación es estupenda, y la galería de personajes que adornan toda la historia es variada y sumamente cuidada. Creo que el autor no se ha dejado ni un solo elemento propio de las novelas del género gótico.

He disfrutado de esta historia mucho, por lo bien escrita y por lo bien escenificada. En algún momento parece que la narración se estanca, que no avanza, pero esa escenificación es tan buena que a mí no me molestó demasiado. 

Mención aparte se merece la manera que tiene el autor, en un momento dado, de describir el estado mental de uno de los personajes que le lleva a una decisión extrema (pido disculpas por no ser más explícita pero no quiero reventar el argumento). La forma de concatenar los pensamientos de una mente perturbada desembocando en un desenlace totalmente inesperado –al menos para mí– me pareció espectacular.

El estigma que soporta la institutriz es la base y el fundamento de todo el relato, sin ánimo de destripar nada comentaré que yo esperaba saber el porqué de ese estigma, y me quedé con las ganas. Pero no me importó porque según se desarrollaba la novela comprendí que saber qué provoca “eso” que hace tan rara a la protagonista es lo de menos. 

Émilie Sagée arrastra una maldición, pero ella no es la única. Todos los personajes que por la novela desfilan tienen sus propios monstruos, agazapados en el interior, esperando cualquier oportunidad para salir y asustar al propio interesado que nunca hubiera creído ser capaz de comportarse de una manera cruel. 

Con cierto tono de humor, que no resta ni un ápice de seriedad a la novela, el autor nos hace reflexionar sobre el comportamiento humano ante lo sobrenatural, ante lo que no entendemos. Cómo somos los demás quienes estigmatizamos a terceros por no seguir las pautas que se esperan de ellos. Cómo hacemos malignos comportamientos que se salen de la norma, de manera que el mal no reside en quien se comporta extrañamente, sino en quien lo observa y se asusta de ello.

Porque todos arrastramos una condena, la que nos imponen nuestros miedos, nuestros defectos, nuestras pasiones.




  

3 de julio de 2017

Peonías rojas (Segunda parte)


Ya instalados en un modesto motel de carretera a las puertas de Bridgewater, Mulder y Scully hablaban sobre el caso delante de unos platos combinados y un par de cafés.
—Estoy deseando saber qué te hace decir que lo que le ocurre a la señora Neville es un caso de reencarnación, Mulder –comentó Scully mientras daba un sorbo a su humeante café.
—Sé que eres reacia a creer en reencarnaciones, pero en este caso vas a darme la razón –respondió Mulder. Margaret Pole y Marjorie Neville tienen muchas cosas en común, Dana. La localidad en la que nacieron tiene el mismo nombre, Somerset, la primera en el condado que está en Inglaterra y la segunda en el de Nueva Jersey. Las dos tuvieron cinco hijos y se quedaron viudas a la misma edad. La madre de Margaret se apellidaba Neville. Has de reconocer, Scully, que las coincidencias son alarmantes.
—Te sorprendería saber hasta qué punto la probabilidad estadística juega con nosotros haciéndonos ver semejanzas donde no las hay –respondió Scully. En cualquier caso todo lo que cuentas no me parece suficiente para sustentar tu absurda teoría de la reencarnación.
—Espera Scully, que aún hay más. Margaret Pole murió decapitada a la edad de sesenta y siete años, los mismos que tiene ahora Marjorie. La señora Neville nos ha contado que el sujeto que la visita por las noches le avisa de que su muerte será dolorosa. Margaret Pole recibió diez golpes de hacha antes de morir definitivamente, fue un 27 de mayo y hoy estamos a 26. Esos sueños son el aviso de que la historia se repetirá.
Scully dejó la servilleta que tenía entre las manos para exclamar:
—No puedes hablar en serio, Mulder. ¿De verdad crees que el espíritu de una condesa decapitada hace casi quinientos años se ha reencarnado en la señora Neville?
—No me negarás que hay demasiadas similitudes y si no ¿qué explicación tiene todo esto, además por qué Marjorie sueña esas cosas? –argumentó Mulder.
Apoyándose sobre la mesa Scully se acercó a su compañero para replicar:
—Hay expertos que creen, basándose en investigaciones previas, que la memoria se puede heredar. Determinadas vivencias de nuestros antepasados pueden residir en forma de recuerdo en nuestro cerebro. Mientras tú ibas a registrarnos en el motel yo he estado haciendo mis deberes y he indagado por internet sobre la familia Neville. Son oriundos de Gran Bretaña y adivina en qué zona vivían sus antepasados. Sí, Mulder, en el condado de Somerset.
—¿Heredar la memoria, Scully? –respondió Mulder–. Ahora eres tú la que no puedes hablar en serio. En el caso de que así fuera ¿cómo pudo heredar ese recuerdo Marjorie si la vivencia traumática de su antepasada Margaret fue en el momento de morir?
—Es posible que el recuerdo heredado no provenga de la propia Margaret sino de alguien que presenció su muerte, por ejemplo alguno de sus hijos –respondió muy segura de sí misma Scully.
—Daré por un momento validez a tu teoría, Scully, solo por un momento. Pero, ¿me puedes explicar por qué precisamente ahora, cuando se va a cumplir la efemérides de la ejecución de su antepasada y en el año en que las dos tienen la misma edad, Marjorie tiene esos sueños inquietantes? ¿Por qué no los tuvo hace años, por ejemplo?
—Quizás la propia Marjorie leyó algo sobre su antepasada y lo olvidó –respondió Scully sin ceder un ápice de terreno en su teoría– y ahora su subconsciente le haya traído el recuerdo. Los mismos expertos que apoyan la hipótesis de la memoria heredada, afirman que los recuerdos pueden despertarse por sensaciones relacionadas con la escena recordada, como un olor.
Scully dio un sorbo más a su café y continuó.
—Me he dado cuenta de que en el porche de la casa de la señora Neville hay un parterre con peonías. Esas flores también se dan con frecuencia en Londres, es posible que el olor que desprenden, dada la época, haya sido el desencadenante de todo esto.
—De todas formas, Scully, me quedaría más tranquilo si vemos a la señora Neville mañana, el 27 de mayo –insistió Mulder.
—Como quieras, total ya doy por perdida la semana –contestó Scully.
***
Al día siguiente volvieron a la casa de Marjorie Neville. Ella, una vez más salió a recibirles en la entrada. Pasaron al interior de la vivienda y los dos agentes pudieron constatar que la señora Neville tenía un aspecto mucho más relajado que el día anterior. Según ella misma les relató, la pasada noche era la primera desde hacía varios meses en que no había tenido ninguna pesadilla, ningún verdugo ni ninguna voz amenazante la visitaron mientras dormía. El alivio y la esperanza se reflejaban en el rostro de Marjorie.
Los dos agentes se despidieron de la señora Neville después de que ella les agradeciera la cortesía y las molestias que se habían tomado al interesarse por lo que, ahora estaba segura, había sido una manifestación de un estado de ansiedad provocado por la edad.
Una vez en el coche, Scully, se giró hacia su compañero para decirle.
—Bien, ya has visto que la señora Neville sigue teniendo la cabeza sobre los hombros, además sus pesadillas han desaparecido de la misma manera que empezaron.
—Parece que el caso se ha cerrado inesperadamente –contestó Mulder de manera taciturna.
—Nunca hubo caso, Mulder. Tan solo una historia que tu mente excesivamente imaginativa formó alrededor de unos hechos sin demasiada importancia. El mundo onírico es tremendamente extraño. Anda, volvamos a casa.
El Mondeo Berlina negro enfiló la carretera y cuando tomó la primera curva dejó atrás la casa de la señora Neville. Justo en ese momento un hombre, con el torso desnudo y con una caperuza negra que le cubría completamente la cabeza, entraba por la puerta principal pisoteando previamente el parterre de peonías; en su mano derecha portaba un hacha.



NOTA: Margaret Pole fue ejecutada acusada de conspiración contra el rey Enrique VIII de Inglaterra. Como fecha de su muerte consta el 27 de mayo de 1541, pero otras fuentes señalan que realmente fue decapitada el día 28.

FIN


30 de junio de 2017

Peonías rojas (Primera parte)


  Con este relato participé en un taller de escritura de 'El Edén de los Novelistas Brutos'. Se propuso un reto para los amantes de la serie de televisión Expediente-X. El reto consistía en escribir un capítulo donde los agentes Mulder y Scully tuvieran una nueva aventura. Soy una fiel seguidora de esta serie y en cuanto me enteré, me apunté sin dudarlo.

   He de agradecer a los administradores de 'El Edén de los Novelistas Brutos' que me hayan dado la oportunidad de sumergirme en un tipo de escritura que nunca hubiera intentado de no ser por ellos. Es la primera vez que escribo un relato tan largo (debía tener al menos cuatro páginas de extensión), y nunca hubiera imaginado, cuando veía aquella serie, que yo daría vida a estos dos agentes ideando un episodio. He disfrutado mucho con esta experiencia. También doy las gracias por los comentarios de los participantes apuntándome algunos fallos que he subsanado en esta versión que aquí publico.

   Y sin más circunloquios aquí os presento un nuevo Expediente-X de Scully y Mulder.

PEONÍAS ROJAS


Era una mañana soleada de mayo, el calor a pesar de ser muy pronto ya empezaba a hacerse notar de manera que más pareciera ser un día propio del verano. En la cuneta de una carretera secundaria, un Mondeo Berlina negro estaba parado, en su interior se encontraban los agentes especiales del FBI, Fox Mulder al volante y Dana Scully en el asiento del copiloto.
Mientras el agente Mulder manipulaba el GPS, la agente Scully miraba con cara de resignación por la ventana lateral al mismo tiempo que tamborileaba con los dedos impacientemente el salpicadero.
—Puedo aceptar que me hayas traído hasta este recóndito rincón de Nueva Jersey sin apenas informarme del nuevo caso –comentó Scully sin desviar la mirada de la ventanilla– pero que nos hayamos perdido y sigas en tu mutismo empieza a exasperarme.
—Tranquila, Scully –respondió Mulder mientras seguía tecleando coordenadas en el navegador del auto–. En cuanto me haga con la ubicación exacta de la casa de la familia McArthur te informaré detenidamente sobre este interesante caso. No te lo vas a creer.
—A estas alturas de ti me creo ya cualquier cosa, Mulder.
—¡Ya lo tengo! –exclamó Mulder mientras ponía en marcha el coche y retomaba la ruta–. En breve te presentaré a la interesante señora McArthur o Neville, su apellido de soltera y como ella quiere que la llamen desde que enviudó. Pero antes te pongo en antecedentes.
Así, el agente Fox Mulder empezó a relatar los extraños fenómenos que desde hacía varias semanas estaban afectando a una familia del condado de Somerset y que eran la comidilla de la pequeña población de Bridgewater.
Dos meses atrás, la matriarca de la familia McArthur empezó a tener un comportamiento extraño. Marjorie Neville, de sesenta y siete años, viuda desde hacía treinta y séis y con cinco hijos, se levantaba de su cama en plena noche dando alaridos y huyendo de no se sabía muy bien qué. Con una fuerza inesperada en una mujer de su edad se zafaba de todo aquel que quería hacerla volver en sí e intentar que se calmara. Entre balbuceos inconexos y con la mirada desorbitada gritaba aterrada en una especie de trance que nadie sabía cómo describir.
Después de unos momentos angustiosos la sonámbula, pues de sonambulismo creyeron sus hijos que se trataba el mal de la señora Neville, parecía despertar del todo y entonces caía inconsciente en el suelo. Tras recobrar el sentido, Marjorie no recordaba nada pero en su rostro se reflejaba un gran temor.
Al principio nadie dió importancia a estos sucesos nocturnos, ni siquiera la propia Marjorie; todos creyeron que se trataba de pesadillas que acabarían desapareciendo con unos tranquilizantes. Pero, poco a poco, los ataques se fueron recrudeciendo, a pesar de la medicación que el doctor de la familia le prescribió, y en algunas ocasiones los balbuceos inconexos se convertían en frases comprensibles en las que la señora Neville decía “No, por favor, no lo hagáis. Tened piedad” u “Os lo ruego, soy inocente, siempre fui leal a mi señor, el rey”.
A medida que transcurrieron las semanas Marjorie recordaba imágenes sueltas de sus pesadillas, entre las que siempre había un elemento común: un hombre con el torso desnudo y una negra caperuza se acercaba a ella con un hacha enorme. A veces, la señora Neville refería que ese mismo hombre levantaba un bulto con su mano izquierda y cuando se giraba hacia ella podía ver que ese bulto era la cabeza ensangrentada de la propia Marjorie.
Ni los ansiolíticos más potentes ni los neurolépticos más fuertes de la farmacopea consiguieron hacer desaparecer semejantes pesadillas y se barajó la posibilidad de ingresarla en un hospital psiquiátrico aunque ningún especialista en la materia supo diagnosticar su enfermedad.
El sheriff de Bridgewater, Jef Burton, había realizado un curso de actualización en las instalaciones de Quantico y allí supo de la existencia de Fox Mulder, el “Siniestro”. Burton, un hombre abierto a innovadoras alternativas y angustiado porque su amiga Marjorie empeoraba a ojos vistas decidió contactar con el agente Mulder y ponerle al corriente de su comportamiento. Este no se hizo de rogar, avisó a Scully de un nuevo caso  y sin comentarle nada más se personó delante de la casa de la familia McArthur.
Antes de acercarse a la vivienda contó la extraña historia a Scully, y esta asistió al relato con cierta actitud burlona.
   —¿Me estás diciendo que hemos recorrido doscientos kilómetros para ver a una mujer que padece de un trastorno del sueño? Mulder, te dije que de ti ya me creía todo pero me parece que me quedé corta. Esta vez te has superado.
   —No, Scully. La señora Neville no padece ningún trastorno, por eso la medicación no ha surtido efecto.
   —Bien, entonces según tú ¿qué es lo que le pasa a la señora Neville? –preguntó Dana Scully entornando los ojos y ladeando la cabeza.
   —La señora Neville es la reencarnación de Margaret Pole –respondió Mulder con todo el aplomo de quien está convencido de lo que dice.
Scully miró a Mulder con una media sonrisa en la cara y con cierto aire de conmiseración dudó antes de decir:
   —Reencarnación. Ya. Margaret Pole. ¿Quién es Margaret Pole, Mulder?
Mulder sonrió abiertamente pues estaba deseando compartir con su compañera toda la información que había recabado desde que el sheriff Burton contactó con él. Saliendo del coche e invitando a Scully para que hiciera lo propio, se dispuso a contar la historia de Margaret.
   —Prepárate, Scully, para aprender un poco de Historia británica.
Y mientras Scully se apoyaba en el capó del Ford Mondeo cruzando los brazos y con una expresión irónica en la cara, Mulder procedió a relatar el triste sino de Margaret Pole.
   —En la Inglaterra del siglo XVI, la condesa de Salisbury Margaret Pole fue ejecutada acusada de alta traición al rey Enrique VIII. Su fidelidad a la religión católica y su abierta oposición a la escisión de la Iglesia por parte del monarca la pusieron en el punto de mira de la cólera real y murió decapitada en la Torre de Londres, la madrugada del 27 de mayo de 1541. 
   —Te agradezco que me documentes sobre uno de los episodios más negros de la Historia de Inglaterra, Mulder. Pero ¿qué tiene que ver esto con lo que le ocurre a la señora Neville? –argumentó Scully.
   —Tú misma te vas a contestar esa pregunta en cuanto hables con Marjorie y ella te cuente de viva voz qué sueña y qué siente. Verás cuántas similitudes tienen sus sueños con lo que le pasó a Margaret Pole –dió como respuesta Mulder a la vez que enfilaba el camino de gravilla que conducía hasta la puerta de la casa que tenían frente a sí.
Mientras los dos agentes llegaban a la casa, les salió al paso una anciana con el pelo blanco, la tez pálida y con unas grandes ojeras que ensombrecían pero que no conseguían afear los preciosos ojos azules que evidenciaban una belleza ajada pero sumamente atractiva a pesar de su edad. Con un apretón de manos firme, más propio de un varón, saludó a los agentes y se presentó como Marjorie Neville.
Tras invitarles a entrar en la casa y una vez servido un refrigerio para aliviar el calor de un mes de mayo especialmente sofocante, Marjorie contó a los dos agentes sus angustiosos sueños.
—Al principio no era capaz de recordar nada de lo que soñaba –comenzó su relato Marjorie– pero con el transcurrir de los días los sueños han ganado en realidad y definición. Siempre empieza igual: siento una presencia extraña en la habitación, como un aliento que sopla en mi cuello, me despierto, o sueño que lo hago, no estoy segura. Entonces veo entre sombras un hombre corpulento con la cabeza y el rostro completamente cubiertos con una especie de gorro horadado por dos orificios a la altura de los ojos, en sus brazos porta una enorme hacha, se acerca a mí y entonces intento escapar. Luego todo se vuelve confuso y entre brumas veo cómo ese hombre se gira hacia mí llevando en una de sus manos mi propia cabeza decapitada y en la otra mano el hacha ensangrentada.
Durante unos segundos Marjorie calló y parecía que no podría continuar, pero se repuso tomando aire profundamente y siguió hablando.
—Cada día que pasa el sueño es más real. Ayer mismo noté cómo ese hombre me agarraba del pelo mientras profería insultos, me llamaba zorra católica, traidora y me avisaba de que mi muerte sería dolorosa.
En este punto Marjorie empezó a sollozar y no pudo continuar. Mulder intentó consolarla mientras que Scully permanecía en silencio. Tras unos minutos de conversación intrascendental se despidieron de la señora Neville pues ésta estaba sumamente afectada y ya no fue capaz de aportar más información.

(CONTINUARÁ)


Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores