1 de mayo de 2018

Disculpe las molestias



Mientras colocaba los dos vasos de zumo de naranja sobre la mesa y la cafetera emitía un pitido anunciando que estaba lista, Julia sintió los brazos de Luis alrededor de su cintura.

—Buenos días—dijo Julia.

Luis se limitó a emitir un gruñido y se sentó a la mesa.

—Qué mala cara tienes hoy. ¿Otra vez las pesadillas?
—Es ese maldito proyecto —contestó Luis mientras le daba un sorbo al zumo—como nos lo tumben estamos jodidos.
—Ten fe, ya verás como lo aceptan. Son ya las ocho y media, date prisa o llegarás tarde.
—Tienes razón, me voy pitando. ¿Qué vas a hacer hoy? —dijo Luis mientras se levantaba y se colocaba la americana que había dejado en el respaldo de la silla.

Julia miró a Luis y le contestó:

—Trabajaré en el artículo que tengo pendiente.

Lo dijo sonriendo, Manuel y Carlos estaban en un campamento. Podría disfrutar del silencio: sin ruido, sin peleas por la Play, sin juguetes tirados por el suelo… ¡El paraíso!

—Aprovecha para darle un buen empujón a ese artículo, deberías haberlo entregado ya, ¿no?
—Hoy es el último día, pero me queda muy poco para acabar. No hay problema. Por fin mi jefe dejará de darme la lata con los plazos y con los editores.
—No te relajes, que siempre lo dejas todo para el final y luego vienen los agobios.

Mientras Luis salía por la puerta de la calle Julia le hizo un mohín a sus espaldas. Siempre tiene que refunfuñar, pensó, pero el día tan estupendo que tenía por delante no se lo iba a estropear el cascarrabias de su marido.

Después de que Luis se marchara, Julia estuvo unos minutos sentada a la mesa de la cocina, con la taza de café caliente entre las manos. Cerró los ojos y terminó de beber el café. Aún remoloneó un rato mientras recogía los restos del desayuno.

Se encaminó al pequeño despacho donde tenía su ordenador portátil, pero antes de entrar en él se asomó a la habitación de Manuel y de Carlos. Sonriendo miró las camitas y los juguetes recogidos en un cajón de plástico.

Todavía se demoró unos instantes, antes de encender el ordenador, en mirar por la ventana el paisaje. Desde el despacho se podía ver un parque con unos columpios, unos cuantos vecinos paseaban sus perros entre nubes de vaho invernal, tan solo se oían los eventuales ladridos de los animales.

Cuando Julia empezó a teclear en su portátil sonó el timbre de la puerta. Vaya, será la cuidadora de doña Lourdes que siempre se equivoca, pensó Julia.

Al abrir, en lugar de la mujer bajita y morena que se encargaba de cuidar a la anciana del piso de al lado, se encontró a un hombre con un mono de trabajo y un casco.

—Buenos días, señora. Le vengo a avisar que vamos a cortar el agua durante toda la mañana. Hay una pequeña avería en la canalización. Disculpe las molestias.
—¿Avería? ¿Qué avería? ¿Pequeña?¿A qué molestias se refiere?

Todas estas preguntas de Julia se quedaron sin respuesta, pues el obrero ya se había dado la vuelta y había empezado a descender las escaleras.

Rezongando para sus adentros, Julia se encaminó de nuevo al despacho y al ordenador. Sentada ante el teclado y dispuesta a terminar el maldito artículo oyó unas voces en la calle, antes de que le diera tiempo a mirar por la ventana un ruido ensordecedor lo llenó todo. Una taladradora estaba levantando el pavimento de la acera de su casa. Cinco operarios idénticamente vestidos manejaban maquinaria diversa.

Intentó concentrarse en el documento que tenía abierto delante de ella, pero era imposible. Ahora, a la taladradora se había sumado una bomba extractora que hacía un ruido mayor y más molesto. Maldiciendo a voces, Julia se incorporó de la silla y entonces comprobó que los pies se le mojaban.

Todo el piso estaba anegado. Desesperada se asomó a la ventana y gritando se dirigió, con aspavientos, a los obreros de la calle.

—¡Oigan! ¿Pero qué han hecho? ¡Tengo toda la casa inundada!
—Señora, hay una avería en la canalización. Le avisamos de las molestias. A ver si prestamos un poco más de atención.


Este relato corresponde a un ejercicio en el que se muestra una situación cotidiana donde ocurre un suceso imprevisto que rompe esa cotidianidad. 


32 comentarios:

  1. Me ha pasado miles de veces (bueno, exagerando un poco, igual han sido tres o cuatro) eso de planear un día tranquilo, sin nada que hacer más que lo que me apetezca y, de pronto, surgir algo que no solo te fastidia los planes, sino que te fastidia el día completo.
    Muy buen relato y muy real.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa.
      Está claro que uno puede hacer planes pero no siempre se cumplen porque hay imponderables que los modifican.
      Yo soy mucho de planear y creo que se cuentan con los dedos de una mano las veces que un plan me ha salido tal como lo había pensado. No sé por qué sigo insistiendo.
      Un besote.

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  2. Un trocito de vida cotidiana en las horas bajas por las caminan a veces las situaciones cotidianas. Me ha gustado mucho. Me ha resultado creíble y entretenido. Besos, Paloma.

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    1. Hola, Ángeles.
      Se me olvidó poner en la entrada que este era un ejercicio donde había que mostrar una situación cotidiana en el que ocurre un imprevisto que rompe la rutina. Que hayas percibido esa situación cotidiana me alegra mucho. Misión cumplida.
      Un beso grande, guapa.

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  3. Un buen relato que cuenta con una situación que parece que es tranquila y se estropea con una avería. Alguna vez me ha pasado y se me ha trastocado los planes, de repente sale agua del fregadero y se aniega la cocina, Hay que echar mantas para recoger lo más rápido. Un abrazo.

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    1. Hola, Mamen.
      A mí, una vez, se me rompió la lavadora por la noche y anegó todo el piso y el de los vecinos de al lado. Cuando me llamó la vecina, me bajo de la cama y noto que está todo lleno de agua... Fue espantoso, creí morirme. El seguro se hizo cargo de todo pero yo pasé uno de los peores ratos domésticos de mi vida.
      En fin, cosas que pasan por increíbles que parezcan.
      Un besote.

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  4. Vaya fastidio esos imprevistos, muy bien contado, totalmente creíble. He visto a tu prota con los pies en el agua y encima el tipo le echa la bronca por no prestar atención jajaja, una visión muy distinta de esas "molestias" para unos y para otra.
    Besos

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    1. Hola, Conxita.
      Creo que la mayoría de los obreros que se dedican a "arreglar" cosas tienen una visión bastante diferente de la que tenemos los profanos en la materia. A mí no hay nada que más miedo me dé que cuando un fontanero o un técnico de electrodomésticos me dice eso de "esto no es nada, es cosa de poco"; cuando oigo eso... me entran sudores fríos.
      Gracias por tu comentario, guapa. Un beso grande.

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  5. Ja, ja... Muy bueno, Paloma. Vaya desastre, con lo bien montado que Julia tenía el día. Sí, pasa a veces. Y molesta lo que no está escrito. A propósito, ¿Pudo escribir el artículo o lo abandonó por imposible?
    Un beso

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    1. Hola, Juan Carlos.
      Creo que Julia se llevó un buen rapapolvo de su jefe porque en lugar de terminar el artículo se dedicó a quitar el agua que le llenó todo el piso. Se lo merece por dejar todo para el último día.
      Un beso grande.

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  6. Si es que a veces los planes no salen como queremos! Tu relato es un ejemplo de “cuanta más prisa tengo por llegar más tardo”. No creo que Julia se haya acomodado tanto, pobre jajaja pero bueno, veo al marido que le insiste, y por algo será!!
    Alguna vez que me he cogido algún día de fiesta para hacer mis cosas no se lo digo a nadie, por si a caso, sino empiezan a surgir planes o inconvenientes!!
    Muy buen relato, guapa, me ha gustado mucho :)) besitos!!!

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    1. Hola, María.
      El marido de Julia parece algo gruñón, pero hay que reconocerle que tenía razón: no se puede dejar todo para el último día que luego viene un imprevisto y se fastidia todo.
      Yo creo fielmente en la Ley de Murphy y además pienso que la probabilidad de que algo salga mal es mayor cuanto menos tiempo de reacción tienes. Desde luego a Julia le vino a visitar Murphy con toda la artillería pesada.
      Un beso grande, guapa.

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  7. Creo que el día en el Paraíso de la protagonista finalmente no va a tener lugar. Hay un refrán que dice "el hombre propone y Dios dispone", y creo que de tu relato muy bien podría salir una versión con ciertas modificaciones :DD
    Lo bueno de la situación que planteas es que todos podemos sentirnos identificados de un modo u otro. Últimamente yo he tenido muchas tardes con mi tarea perfectamente programada y todo el tiempo del mundo que quedan en apenas diez minutos útiles por culpa de los imprevistos. ¡Qué rabia me da cuando me pasa!

    Ameno y entretenido, Paloma. Aunque me gustan mucho tus reseñas literarias, me encanta que sigas subiendo relatos :))

    ¡Un beso!

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    1. Hola, Julia.
      Me parece que en tu tocaya nos vemos reflejados muchos. Apuramos demasiado el tiempo y no somos conscientes de que pueden surgir 'problemillas' que nos pueden reducir considerablemente el tiempo disponible.
      Me estoy aficionando a esto de escribir relatos. El curso que realizo me da pie a utilizar técnicas y situaciones gracias a los ejercicios que nos plantean.
      De todas formas, no quiero perder la afición de hacer reseñas porque esa fue la idea original del blog, es una manera de ser fiel al impulso primigenio que me incitó a escribir. Intentaré mantener las dos vertientes.
      Un beso grande y gracias por tu constancia al visitarme.

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  8. Hola, Kirke
    Tu pobre protagonista lo lleva crudo, se esperaba un día tranquilo para trabajar y se ha encontrado todo lo contrario. Me parece que va a lamentar haberlo dejado todo para el final, jajaja.
    Me gusta lo ágil que has hecho el relato con el diálogo, a mi me cuestan mucho, y los tuyos están perfectos.
    Un beso enorme

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    1. Hola, Chari.
      Intenté plasmar esas acciones cotidianas a través de los diálogos y los pensamientos de la protagonista. La herramienta del diálogo es muy útil y también muy difícil, por eso la empleo, a ver si con la práctica le acabo cogiendo el tranquillo.
      Un beso, guapa.

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  9. Te felicito una vez más Paloma, muy creíble tu relato tanto que me he visto reflejada en la protagonista por el hecho de ir buscando esa tranquilidad anhelada, dado que diariamente nos enfrentamos a situaciones que de una u otra manera nos la arrebatan.

    Abrazos Paloma

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    1. Hola, Mer.
      A veces, el destino, el karma, o vete tú a saber qué, se empeña en amargarnos la existencia. Los planetas se alinean y nos impiden llevar a cabo los planes preconcebidos. El dejar todo para el final tampoco es buena idea.
      Un besote.

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  10. Buen ejercicio Kirke, a veces a través de lo cotidiano vemos y visualizamos un texto perfectamente escrito y de muy ágil lectura por la inclusión de los diálogos.

    Si hay algo que me de más miedo que la declaración de hacienda, eso es una avería y que haya que llamar a un "técnico", ja,ja,ja.

    Un beso y feliz noche!



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    1. Hola, Miguel.
      Relatar el día a día es un buen ejercicio para practicar la visualización de algo que todos podemos representarnos en la cabeza, y ahí es donde radica la dificultad. Me alegra saber que la lectura te resultó ágil. Gracias.
      A mí las averías también me ponen muy nerviosa.
      Un abrazo, Miguel.

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  11. ¡Ay! Si es que cuando uno piensa en que el día será maravilloso siempre viene alguien y lo fastidia. Me parece que el secreto es no tener nunca demasiadas expectativas. Me ha encantado cómo lo has llevado, y es un ejemplo de que para narrar y atrapar al lector no hacen falta argumentos complicados, solo invitarlo a "ver" a unos personajes cobrar vida. Un fuerte abrazo!

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    1. Hola, David.
      He descubierto con este tipo de relatos que también se pueden contar cosas aunque no ocurra nada excepcional. Creo que un error en el que solemos caer algunos, y yo me incluyo sin dudarlo, es que siempre hay que asombrar al lector con narraciones extraordinarias, y no queremos ver que puede ser entretenido un hecho cotidiano contado con credibilidad.
      Gracias por tu opinión.
      Un abrazo.

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  12. Muy entretenido y que atrapa al lector con los diálogos y la situación, esta muy bien.
    La verdad es cierto que muchas veces planeamos algo y no sale como queremos, siempre surge algún imprevisto que lo trastoca todo, pero en este caso además con el inconveniente de que el al final por mucho que no le gustará el marido tenía razón, no tenia que haber postergado tanto el articulo, ahora hubiera sabido afrontar mejor el imprevisto.
    Sigue con los relatos, se te da muy bien.
    Un besote.

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    1. Hola, Tere.
      El marido de Julia se muestra algo 'toca-narices' pero al final parece que tenía un poquito de razón.
      Reconozco que yo soy algo parecida a Julia en cuanto que suelo apurar demasiado los tiempos, pero no llego a los extremos de esta mujer porque soy consciente de que puede aparecer un imprevisto y fastidiarme, además Murphy y su ley a mí me tienen mucha manía.
      Gracias por tus deseos.
      Un besote grande.

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  13. Hola Paloma.
    Un relato estupendo y con el que me he sentido identificada, cuando un día se avecina tranquilo e idílico algo puede volverlo horrible.
    Besos.

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    1. Hola, Gemma.
      Es mejor no hacerse demasiadas ilusiones por si la cosa no resulta tan buena como parecía.
      Gracias, guapa, por tu comentario.
      Un beso grande.

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  14. Hay quien avisando ya se queda tranquilo pues ha cumplido con su objetivo. Lo que ocurra luego ya es algo que no les incumbe. Hay muchas formas de decir "lo siento" o "disculpe las molestias": de corazón o por rutina. Y los operarios ya se sabe...
    Lo que más me molesta de la situación es que la pobre Julia no podrá terminar el dichoso artículo a tiempo, a menos que sea capaz de aislarse del mundanal ruido y del agua mojándole los pies, jeje.
    Un relato que nos hace sentir en carne propia las desgracias ajenas.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Josep Mª.
      A mí los carteles de "Disculpen las molestias" siempre me han parecido que esconden cierto recochineo, sobre todo cuando una acera está completamente levantada y no hay por dónde pasar. Y el remate del regodeo ya es cuando debajo viene la frase de "Estamos trabajando para usted", ahí ya me lo tomo por lo personal, ja, ja, ja.
      Julia lamentará siempre el haber apurado hasta el último día para terminar el artículo. Seguro que su jefe le ha echado una buena bronca.
      Un beso.

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  15. Sin duda una situación imprevista y sin lugar a dudas incómoda, por lo que supongo que objetivo cumplido. Creo que el acierto de tu relato es que nos es fácil sentirnos identificados con la situación, pues en algún momento todos hemos vivido algo parecido.
    Como se trata de un relato de un curso literario, y dado que esta vez no mencionas a tu profesor, si me lo permites me tomaré la libertad de hacer una pequeña corrección. Se trata de la frase "sonó el timbre de la puerta". Salvo que se diga lo contrario, es evidente que el timbre que suena es el de la puerta, por lo que esa información es redundante. Además justo empiezas el siguiente párrafo con "Al abrir la puerta" por lo que redundas de nuevo en el mismo concepto y caes en una repetición innecesaria. Es el mismo caso de "la acera de mi casa". Se sobreentiende que la acera, lógicamente, está al lado de la casa. Este tipo de redundancias son habituales cuando escribimos pero deberían desaparecer en una revisión del texto. Espero que me perdones el atrevimiento. Un abrazo, Paloma.

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    1. Hola, Jorge
      No tienes que pedir disculpas por tus correcciones, al contrario, te las agradezco. Aunque, en algunas no estoy de acuerdo. Si especifico lo del timbre de la puerta es para aclarar que no es el del portal si hay portero automático; sí es cierto que luego pongo "al abrir la puerta" y ahí ya sí es redundante (lo he quitado). En cuanto a lo de la acera, no sé, podía ser la acera de enfrente en cuyo caso los ruidos y las inundaciones serían para los pringados de otro bloque, ja, ja, ja.
      La profesora (estoy con un nuevo grupo y tengo profe diferente) me dijo que se quedó con ganas de saber qué hacía Julia ante una situación así, pero el tope eran, más o menos, seiscientas palabras y ya me había excedido en casi cien, así que nos quedamos todos con las ganas de saber más ;)
      Gracias por tu aportación, Jorge.
      Un abrazo.

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  16. Pobrecita Julia, creo que el artículo tendrá que esperar un poco más para ser escrito. Ahora es ella la que refunfuña como su marido.
    Pero ¡Por Dios! que no se le ocurra decir lo de: "Podría haber sido peor"
    Besos

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    1. Hola, Javier.
      Julia refunfuña por tener muy mala suerte y por dejar todo para el final, que luego vienen unos obreros a romperlo todo y con mucho ruido.
      No sé hasta qué punto podría haber sido peor, porque el que se te inunde todo el piso es una de las putadas domésticas más grandes que te pueden pasar, por desgracia lo sé por experiencia propia.
      Un beso.

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