31 de enero de 2018

Gaudeamus igitur (Segunda Parte)



   En la publicación anterior hablé de mi universidad y cité algunos estudiantes célebres que por allí pasaron. Hoy hablaré de otros estudiantes no tan célebres pero más cercanos: mis compañeros de estudios y yo.

  Ya reseñé que Cisneros creó el primer campus universitario del mundo, y que se encontraba en la ciudad de Alcalá. Pero las disciplinas que se impartían en la época del fundador no tienen nada que ver con las actuales. Aunque, al día de hoy, en muchos de los edificios antiguos se ubican algunas facultades, como la de Filosofía y Letras o la de Derecho, los inmuebles primigenios no son adecuados para impartir materias que requieren el uso de laboratorios, por ejemplo. 

   Farmacia, Químicas o Biológicas necesitaban otro tipo de construcción, por lo que se emplazaron a las afueras de la ciudad, dándole todo el sentido a la palabra “campus” porque estaban en medio del campo (ahora está más urbanizado, pero cuando yo fui a estudiar allí era un lugar desolado y agreste).

   Los terrenos de este nuevo campus habían pertenecido al Ejército del Aire y como la Administración siempre ha sido muy mirada con el gasto del dinero público –para lo que quiere– en esos terrenos ex-militares se aprovechó todo. Así la facultad de Farmacia en los años 80 se ubicó en un antiguo cuartel. Además, teníamos que compartir el edificio con otras facultades. Nosotros estábamos en la segunda planta pero la primera estaba destinada para la facultad de Químicas y la de Biológicas, mientras que la planta baja era el lugar donde se encontraban la mayoría de los laboratorios y la biblioteca. Hoy en día, cada una de estas facultades tiene su propio edificio.

Antiguo cuartel reconvertido en facultad de Farmacia, de Biológicas y de Químicas. Hoy es la facultad de Ciencias.

   Por otra parte, la antigua torre de control, que regulaba el tráfico aéreo de los aviones militares, se empleó como sede del rectorado y secretaría de toda la universidad. Muy apañado todo, aunque motivo de despiste para los que recalábamos allí más desorientados que un pulpo en un garaje.

   Recuerdo el primer día que fui a hacer la matrícula en secretaría. Me bajé del tren y como una panoli pregunté por la facultad de Farmacia a otros estudiantes veteranos –que supieron reconocer mi cara de pardilla–, estos me señalaron un edificio blanco (el cuartel) pero me dijeron que si iba a hacer trámites administrativos tenía que ir hacia otro edificio de ladrillo rojo “que parece una torre de control porque lo es” (sic). 

   Cuando me dijeron lo de la torre de control pensé que me estaban gastando la típica broma del novato, pero cuando me acerqué y vi el edificio flipé en colores. Para dar más ambientación, por la megafonía de unas instalaciones que había cerca se oyó una voz que decía “Sargento Pérez, persónese en comandancia”. Al oír esto creí que me había salido del campus y temerosa de que me dieran el alto o, lo que es peor, que me reclutaran, me dispuse a dar media vuelta. Pero no era un error, al lado aún estaban operativos algunos edificios de los militares. 
Antigua torre de control. Actualmente en este edificio se encuentran los servicios informáticos de la Universidad de Alcalá.

   De hecho, en una ocasión mientras hacía unas prácticas en el laboratorio, se escucharon unas voces, “¡Uno, dos! ¡Uno, dos! ¡Maaarchen!”, me asomé a la ventana para observar, atónita, que un grupo de soldados estaba, con los fusiles en la mano, corriendo por el campus. Di la voz de alarma creyendo que habíamos entrado en guerra y que, como suele ocurrir en casi todas las guerras,  lo primero que querían era cargarse a los profesores y a los estudiantes. Pero no, tan solo estaban haciendo la instrucción. Menos mal.

   Dentro de las aulas se dieron muchas anécdotas, como que en un examen final de fisiología y con los nervios a flor de piel, el catedrático nos saludó a los alumnos con un “Cuántas caras de septiembre estoy viendo” a lo que yo pensé, “Yo también te quiero, mamón”. O cuando el catedrático de parasitología me pidió en el examen final oral que le dibujara una tenia y ante el churro que me salió me dijo “Las artes plásticas no son lo suyo, señorita” a lo que yo pensé, “Por eso estoy estudiando Farmacia y no Bellas Artes… mamón”. O cuando nos explotó un recipiente en prácticas de química orgánica y unos estudiantes de Derecho, realojados en unas aulas prefabricadas, amenazaron con denunciarnos por atentar contra sus vidas. En fin, cosas así podría contar muchas pero no quiero hablar de estudios, quiero hablar de lo más divertido de la universidad: sus fiestas.

Recreación de una famosa farmacia de guardia televisiva en la cafetería de la facultad de Farmacia.

   No es por presumir, pero la celebración de la patrona de Farmacia, la Inmaculada Concepción, era famosa en toda la Universidad de Alcalá. Nuestras fiestas eran las mejores, y con diferencia. 

   Porque nuestra facultad no solo celebraba la festividad con una misa y con discursos que daba el decano y el rector. Los estudiantes nos empleábamos a fondo para organizar un evento divertido, fuera del protocolo académico. Y para ello contábamos con un “Clahustro” (con ‘h’ intercalada, no confundir con el claustro que es mucho más serio y más aburrido). Este clahustro estaba dirigido por un decaño (con ‘ñ’, no confundir con el decano que es mucho más serio y más aburrido) y formado por los delegados y subdelegados de todos los cursos así como por los Boticarios Mayores del Reino.

   Para ser Boticario Mayor del Reino había que ganar un concurso que se celebraba precisamente el día de la patrona. Consistía este concurso en una serie de pruebas de lo más disparatadas. Yo me presenté un año y he de decir que sufrí mucho, porque las pruebas fueron dignas de cualquier novatada cruel de colegio mayor. 

   Aquel año, la prueba principal consistió en atrapar una gallina que habían soltado por el patio Tomás de Villanueva, en la universidad antigua, pero antes a los concursantes nos ataron un pie a nuestro compañero (se concursaba por parejas). Tengo que confesar que mi pareja, Raimundo (Rai), era un encanto de criatura, pero no nos compenetrábamos muy bien, porque cuando él iba para un lado yo tiraba para el otro, lo que se tradujo en varios tortazos contra el ilustre empedrado del patio cisneriano. 

   Otra prueba consistió en comerse un polvorón para después inflar un globo, el que antes lo consiguiera, sin morir atragantado, ganaba la prueba. Yo no me llegué a morir, pero sí estuve a punto de provocarme una embolia pulmonar cuando se me fue un trozo de polvorón por la laringe. También tuvimos que comernos una manzana impregnada de miel colgada de una cuerda, con el compañero enfrente y las manos atadas a la espalda; la manzana se llevó pocos mordiscos pero Rai y yo nos dimos unos cuantos lametones. Hubo otra prueba más de la que tan solo recuerdo que había que meter la cabeza en un barreño lleno de no sé qué (cerveza, vino o algo así).

   Ni que decir tiene que no ganamos. Aquella edición se la llevaron unos compañeros de mi clase: Santiago y Pepa, pero porque jugaron con ventaja. Él era de un pueblo donde tenían como principal afición atrapar gallinas y lo demostró haciendo un placaje digno de una estrella del rugby; ella era de Estepa y en ese lugar los niños se destetan comiendo polvorones. Pero de todas formas me divertí mucho, aunque de resultas de la persecución a la gallina yo acabé con un tobillo torcido y me tiré el resto de la jornada a la pata coja. 

   Ese mismo año también teníamos un amigo que quería ser tuno –en la Universidad de Alcalá solo hay una tuna formada por estudiantes de todas las facultades– y los de la estudiantina le dieron una bandurria para que aprendiera a tocarla. Este compañero, Antonio, no tenía ni idea de solfeo y mucho menos de bandurria, por lo que se tiraba horas enteras con el soniquete de una canción que decía “Málaga, qué bonita es Málaga” mientras tocaba dos cuerdas del dicho instrumento (la bandurria tiene doce cuerdas, pero el muchacho solo conseguía sacar música de dos). A Antonio le queríamos mucho pero no soportábamos sus monótonos ensayos por lo que en cuanto aparecía con la bandurria en ristre, todos hacíamos mutis por el foro. 

Antonio, una servidora y... la bandurria.

   Aquel día de la patrona no fue una excepción, Antonio se presentó además vestido de tuno con su capa y sus cintas y… con la bandurria y el eterno “Málaga, qué bonita es Málaga”. Una vez más, toda la pandilla salió escopeteada. Menos yo, como tenía el tobillo inflamado no estaba en condiciones para correr. Antonio vio el cielo abierto y teniéndome a mí como auditorio me dedicó dos lindas horas de estribillo malagueño. Doy gracias por no haber tenido un arma de fuego en aquella ocasión, de lo contrario ahora estaría contando esto desde la cárcel.

   Pero no solo celebrábamos la patrona, también festejábamos la llegada de la primavera y en esta ocasión la fiesta se hacía en otra instalación que el Ejército del Aire tuvo a bien dejarnos: el hangar donde aparcaban los aviones. Las fiestas en aquel hangar forman parte de la historia contemporánea de la universidad (y también de las fichas policiales de algunos estudiantes).

Hangar en el campus de la Universidad de Alcalá.

   En aquella universidad fueron muchas las cosas que aprendí y no siempre tenían que ver con la práctica de la ciencia farmacéutica, pero todas me fueron muy útiles, pues aprender no solo consiste en memorizar datos o saber formular, hay otros aspectos que son necesarios para defenderse por la vida. Entre estas materias "extraescolares" destaca especialmente una: jugar al mus. Quien haya pasado por la universidad y no haya aprendido este juego no supo aprovechar el tiempo. En los planes de estudio en lugar del trabajo fin de grado deberían incluir un campeonato de mus y a quien resulte vencedor ponerle una matrícula de honor en el expediente.

  Los recuerdos de mi etapa universitaria son entrañables. Hubo otros momentos no tan dulces –los días encerrada en casa o en la biblioteca estudiando o la amargura y la frustración cuando, a pesar de todos los esfuerzos, suspendía–. Pero el ser humano tiende a ser positivo, relega a un segundo plano las malas vivencias y se queda con los buenos recuerdos. Así hice yo con aquellos años universitarios. Hoy, mientras tarareo "Alcalá de Henares, donde siempre cuatro huevos son dos pares", los recupero de la memoria con ternura y una sonrisa en la cara.
  


Himno de Alcalá de Henares cantado por la tuna de la universidad.




24 comentarios:

  1. Mira que ubicar el rectorado en una torre de control aéreo. Debía ser un rectorado de altos vuelos, jajaja.
    Tienes toda la razón cuando dices que solemos guardar en la memoria los buenos ratos y relegamos los malos al fondo del baúl. Yo podría decir lo mismo de la mili, jeje.
    Tuviste suerte al poder disfrutar de tantos festejos y actividades lúdicas. Mi paso por la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Barcelona fue mucho más soso. También pudo deberse a que no llegué a integrarme del todo (trabajaba como biólogo y ya estaba casado) y solo podía asistir a las clases de tarde y además, como me convalidaron algunas asignaturas, no asistía a todas. Ni siquiera tengo la orla de fin de carrera, porque, como no pertenecía a un curso en concreto, no me enteré de la sesión fotográfica, jeje
    La tuna tampoco era algo muy frecuente, sino más bien anecdótico, y eso que hablo de hace tropecientos años. De hecho, al igual de lo se ve en el vídeo que has compartido, sus integrantes no eran precisamente estudiantes del momento sino más bien reenganchados, porque a algunos ya se les veía una calvicie incipiente o incluso canas, jajaja
    Una entrada de lo más simpática.
    Un abrazo, Paloma.

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    1. No es lo mismo estudiar una carrera con veinte años que ya más mayor, con responsabilidades laborales y familiares. La manera de pensar es completamente distinta y eso influye en muchos aspectos.
      Algo parecido a lo que a ti te pasó al estudiar Farmacia me ocurrió a mí cuando hice el Máster en Ciencias Farmacéuticas. La mayoría de mis compañeros habían terminado la carrera cuatro o cinco años antes, mientras que yo ya tenía una hija en la ESO. Aunque contaban conmigo para todos los saraos que organizaban al final de las clases yo solo iba a algunos siempre y cuando no acabaran muy tarde, jajaja, porque en casa me esperaban otras obligaciones que ellos, mucho más jóvenes que yo, no tenían.
      De todas formas, Josep Mª, ahora han cambiado mucho las cosas. Ya no existe el Clahustro, ni el decaño, ni nada de eso.
      La tuna creo que todavía anda dando guerra y que es bastante celebrada incluso fuera de nuestras fronteras, pero como bien comentas, la mayoría dejaron la universidad hace muchos años a juzgar por las canas o la calvicie (o son pésimos estudiantes y repiten mucho).
      Comparada con la vida universitaria de mi hija (ella también estudia Farmacia en Alcalá) la mía fue mucho más divertida. Ahora la juventud está más centrada, quizás. No lo tengo yo muy claro, la verdad.
      Un abrazo, y gracias por el comentario (muy bueno lo de altos vuelos, jajaja)

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  2. Qué entrada tan divertida y emotiva a la vez. Yo no tengo tan buenos recuerdos. La facultad en la que estudié era el edificio de la célebre y famosa Facultad de Veterinaria de León, en el puro centro de la ciudad, por lo que teníamos campus y la vida universitaria estaba muy limitada, ni siquiera éramos Universidad, si no que dependíamos de Oviedo. Creo que el primer año que fue Universidad de León fue el año que me licencié porque eso sí, estoy licenciada en la Universidad de León. El edificio del campus no se estrenó hasta un par de años después de que yo terminara la carrera. Fui alguna vez a mirar ejemplares para preparar las opos.
    Ah, y he sido universitaria, pero nunca aprendí a jugar al mus. Lo que te digo, poca vida de estudiante, excepto para estudiar.
    Un beso.

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    1. Creo que el ambiente que se respiraba en la Universidad de Alcalá fue excepcional. Quizás el que fuéramos muy pocos ayudaba mucho más a hacer piña y formar grupos de amigos. El estar en medio de la nada también obligaba a relacionarte con tus compañeros, más que nada porque no había nadie más en dos kilómetros a la redonda.
      Aunque sigue siendo una universidad "pequeña" (desde luego nada que ver con la masificación de la Complutense, por ejemplo) ya no es igual. Como le comento a Josep Mª, ahora ya no se celebra la patrona como cuando yo estudié.
      Puede que no aprendieras a jugar el mus, pero a lo mejor eso hizo que te centraras en tus estudios y tuvieras un mejor expediente. Los campeonatos de mus de la cafetería quitaban mucho tiempo.
      Un besote grande.

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  3. Hola Paloma, esta entrada es una delicia. Si tuvieras o tienes alguna forma de hacerla llegar a los alumnos que compartieron andanzas contigo, seguro que te van a quedar muy agradecidos. No sé si tanto a algún profesor que mencionas con tanto cariño, ja,ja,ja. Muy curioso, compartir campus con el ejército, cosas de nuestra querida España.
    Y desde luego por encima de anécdotas, todo está impregnado en tu texto de ese maravilloso ambiente universitario. En lo personal es un gusto cuando asisto a la Carlos III o a la URJC, para eventos relacionados con el cine o las artes escénicas y vivo en directo ese ambiente antes comentado.
    Un fuerte abrazo y gracias por compartir tus vivencias.

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    1. Los compañeros de universidad con los que aún mantengo contacto no son de "bloguear", pero sí se han enterado de esta publicación a través de un grupo privado que tenemos en Facebook, y ahí algunos hasta se me han emocionado.
      La pena es que de todos los que cito con sus nombres tan solo mantengo contacto con Pepa (es profesora además en la facultad y pertenece al mismo grupo de investigación que yo), de hecho estuvimos riéndonos bastante cuando, por teléfono, le comenté mi intención de escribir esta entrada y recordamos juntas algunas cosas.
      Respecto a los profesores a los que me refiero no creo que puedan leer esto. El de fisiología, seguro que no, porque debe de estar criando malvas desde hace años, él mismo presumía de haber sido alumno de Ramón y Cajal (las malas lenguas decían que no fue alumno, sino compañero de estudios).
      Yo también creo que el ambiente universitario tiene algo que lo hace muy especial.
      Gracias, Miguel, por tu visita y tu bonito comentario.
      Un abrazo.

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  4. Qué bueno Paloma, me ha encantado leer esos recuerdos y me he reído con las pruebas, anda que no eres tú valiente. Lo cierto es que esas experiencias, sobre todo en universidades con solera, se recuerdan toda la vida con una sonrisa y ahora nos las has dado a conocer.
    Me ha gustado mucho imaginarte y me he reído con esos comentarios (en voz interna jajaja) con los .... comentarios de los profes, anda que no y es que había alguno para echarle de comer aparte. Me has hecho pensar que algo que siempre me ha molestado y me sigue molestando son esas personas a la que le encanta ridiculizar abusando de su "poder".
    Besos

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    1. Por desgracia yo tuve bastantes profesores de esos, de los que creen que son mejores cuando ridiculizan al alumno. El que me hizo dibujar la tenia era un especialista en lo de ridiculizar, de hecho, venía "huido" de la universidad de Salamanca, creo que allí le tenían amenazado, no te digo más.
      Menos mal que para compensar esas malas experiencias teníamos otras actividades más placenteras, como atrapar gallinas o atragantarse con un polvorón, ja, ja, ja.
      Un besote muy grande, Conxita.

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  5. Qué peculiar, dependencias universitarias en un antiguo cuartel. Imagino que era muy "económico", pero más bien poco práctico. Aún así seguro que terminarías cogiéndole mucho cariño por haber pasado allí tantas horas y años muy importantes de la juventud :) Y lo de las fiestas en el hangar, ¡total! jajajaja.

    Me ha encantado conocer más detalles de tus años estudiantiles, Paloma. Como bien dices se aprenden muchas cosas, y no todas relacionadas con materias académicas pero igualmente importantes. Y lo del mus, ¡una gran verdad! Yo también me chupé muchas horas de clase en la cafetería de la facultad perfeccionando mis escasas dotes y tomando cañas con tapas de ensaladilla rusa, que era famosa entre los entudiantes. ¡Ay, qué años aquellos!

    Gracias por el buen sabor de boca y tantos recuerdos que me trae tu entrada :))

    ¡Besos de miércoles!

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    1. El paso por la Universidad me supuso una experiencia muy importante y me resultó más útil lo que aprendí fuera de los aspectos técnicos. Saber desenvolverte en un medio desconocido, aprender a expresarte en público, buscar alternativas cuando hay un problema o cosas de ese estilo, son más valiosas que saber formular o recordar el nombre de muchos medicamentos.
      Si te soy sincera, hoy en día creo que se protege demasiado al alumno y eso no sé si es conveniente para buscarse las castañas ahí fuera. Antes estábamos más dejados de la mano de Dios, pero eso nos daba mucha más autonomía.
      Además, el compañerismo que tuve la suerte de conocer allí es algo que nunca olvidaré.
      Un besote muy grande, Julia.

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  6. Me ha gustado mucho esta entrada, también la anterior donde explicas la historia de la UAH. Con la prueba del polvorón me parto. A lo de mandar dibujar una tenia en un examen oral no le veo mucho sentido, y a todo esto, ¿cómo es una tenia? Mi abuela contaba historias espeluznantes al respecto. Como Rosa, yo tampoco tengo un recuerdo especial de mis años universitarios. Mucho copiar apuntes y mucho beber los jueves. Yo creo que las generaciones pre-botellón sabíais divertiros de mejor manera.
    Un abrazo.

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    1. El hacerme dibujar una tenia (la solitaria que tanto temían nuestras abuelas, y con razón) era para que le demostrara que conocía una característica de ese parásito: las ventosas y ganchos que tiene en "la cabeza" y que sirven para engancharse al intestino de los humanos. También es verdad que se lo podría haber dicho sin necesidad de dibujo, pero ese hombre era muy malintencionado.
      Puede que el que aún no se hubiera inventado el botellón ayudara a ser más imaginativos para divertirnos, o simplemente que no disponíamos de tanto dinero para gastar.
      Un abrazo, Gerardo.

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  7. Jo, que bien cuentas tus experiencias, Paloma. ¡Menudas fiestas os pasabais! Daría gloria veros detrás de la gallina o rojos polvorón inflando el globo. Son momentos inolvidables que se nos quedan para siempre, que forman parte de nosotros y que conforme acumulamos años parecen ser cada vez más vividos. A mi me pasa como a Gerardo, en la Facultad de Derecho eramos bastante sosos, también está al lado de la Diagonal y atrapar gallinas habría adquirido otro nivel de riesgo, je, je, je. Aún y así creo que me pasé más horas en el bar que en clase. soy bastante tardo en despertarme y apenas recuerdo las clases de de 8 a 10 de la mañana, sobre todo un año que las dábamos en una sala de actos con butacas acolchadas. Así que desde tercero de carrera cuando tocaba clase estaba de cháchara en el bar y cuando terminaban me iba a la biblioteca a estudiar por mi cuenta. Y entre medias las maravillosas tertulias tirados en el césped. Un abrazo!!

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    1. Qué bien os cuidan en la Universidad de Barcelona, con butacas acolchadas y todo. Nosotros teníamos sillas de madera, de esas con un tablero en el lado derecho donde el concepto de "incomodidad" se entendía a la perfección (aunque peor lo tenían los zurdos).
      Yo también tendía a saltarme algunas clases, especialmente aquellas en donde no me enteraba de nada. Hoy en día es más complicado hacer eso pues el "estupendo" plan Bolonia obliga a asistir a clase a los alumnos, algo que me parece infantil y absurdo.
      Gracias por compartir también algunos de tus recuerdos universitarios, una etapa que no deja indiferente a nadie que la haya vivido.
      Un abrazo, David.

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  8. Jajajaj, mujer seguro que no tenías cara de panoli.
    Yo soñaba con que mi hijo fuese tuno y no hubo manera, y él si sabe tocar pero nada, a día de hoy le torturo con eso, jejeje.
    Me ha gustado mucho el post, y ver la recreación de la farmacia Cano ya ni te digo.
    Besos.

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    1. Creo que la tuna está condenada a desaparecer, cada vez hay menos candidatos nuevos y la media de edad de muchas supera los cuarenta años. Puede que tu hijo los vea algo caducos, ja, ja, ja.
      Lo de estar tomándome un café y ver enfrente la farmacia Cano es de las cosas más surrealistas que me han pasado.
      Un besote, Gemma.

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  9. Bueno bueno, con lo de que en Estepa los niños se destetan comiendo polvorones me partía de la risa, mira que sabes contar bien las cosas...

    Estoy con lo que dice David de que los estudiantes de Derecho éramos más sosos. Yo tengo gratos recuerdos de mi época universitaria, de esos años fuera de casa en un piso alquilado en Valencia junto con cinco chicas más, así como de mis compañeros de facultad (con algunos de ellos tengo amistad) pero no se hacía nada parecido a lo que cuentas tú sobre carreras de las de atrapar gallinas o hinchar globos.

    Y he de decirte que hoy sabes que trabajo en algo no relacionado con la carrera, sino en un Instituto y cuando empecé estaba ubicado también en un cuartel de soldados, un edifico enorme y frío de paredes gruesas. Por suerte, hace cinco años construyeron un edificio nuevo que es en el que estoy ahora, una gozada.

    ¡Genial y divertidísimo post, Paloma!

    Un beso muy fuerte

    Pd:¡Ah! Y al igual que Rosa, yo no jugué jamás al mus ni vi que nadie lo hiciera. Ya te digo, unos sosos...

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    1. Es posible, y a tenor de lo que contáis David y tú, que los estudiantes de Derecho sean muy serios y responsables. Ya comenté en este post que unos alumnos de Derecho nos quisieron denunciar cuando saltó por los aires un recipiente donde se dio una reacción explosiva, los cascotes cayeron cerca del aula prefabricada donde estaban esos alumnos y se enfadaron muchísimo (y eso que los pocos heridos estuvieron en nuestras filas, no en las de ellos).
      También te digo que si no llega a ser por los de Derecho yo no me hubiera enterado de nada cuando me tocó asistir como delegada a los plenos para la redacción de los estatutos.
      Estar en dependencias ex-militares tiene más inconvenientes que ventajas. Nosotros, además, estábamos al lado de otra localidad, Torrejón de Ardoz, donde se encontraba la base militar norteamericana que nos amenizaba, todas las mañanas a primera hora, con un "suave hilo musical" generado por las parejas de aviones phantom surcando los cielos universitarios. Una delicia :(
      Me alegra que te hayas divertido, compañera.
      Un besote grande.

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  10. Me he reído muchísimo con esta entrada, supongo que Jorge no vive ni siquiera las mismas cosas que vives tú, las cosas han cambiado mucho pero estoy segura que esta viviendo un tiempo que nunca va a olvidar, y vivir en Madrid para él esta siendo muy gratificante,y esta muy contento con la carrera.
    Desde luego ver cierta farmacia me ha traído muy muy gratos recuerdos, me gustaba mucho esa serie pero sobre todo me ha recordado a mi abuela paterna, nos gustaba mucho verla juntas.
    Y decirte que la Universidad de Alicante también esta ubicada en un viejo cuartel y también tiene o tenía hace muchoq eu no voy, una torre de control.
    Besos y me ha encantado tanto la primera como la segunda parte.

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    1. Ya lo creo que han cambiado mucho las cosas. Mi hija estudia también Farmacia en Alcalá y no vive el mismo ambiente que yo disfruté. El mismo hangar, escenario de esas fiestas multitudinarias, está cerrado y no se puede acceder a él.
      Ya veo que la práctica de utilizar instalaciones militares con fines académicos está extendida por todo el país. Si se mira bien, puede ser una alegoría muy bonita.
      Muchas gracias, Tere, por tus cariñosas palabras.
      Un besote.

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  11. jajajaj qué buena entrada. Me he reído mucho con Por eso estudio farmacia, mamón!! Recordar la época universitaria es como volver a una época única y la más divertida de tu vida. Es el etapa donde más anécdotas surrealistas vas a vivir, surrealistas para bien. Son unos años muy buenos. Si te sirve de consuelo, yo también llegué un poco panoli, porque sólo había ido a Barcelona unas ¿cinco veces en mi vida? Pero creo que esa etapa es tan bonita que te acostumbras rápido.
    Y el decorado de farmacia de guardia es buenísimo. Yo veía la serie de pequeña y me encantaba!!
    Ha sido genial ese paseo por tu uni!! Un besote guapa :)

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    1. El inicio de la vida universitaria supone para muchos el inicio de la vida adulta, se deja la protección del colegio o del instituto para sumergirse en un mundo mucho más grande. Además, la juventud de esos años le añaden la fascinación por descubrir cosas nuevas, y eso es impagable.
      Yo, desde luego, recuerdo esos años con mucha ternura.
      Me alegro de que te hayas divertido leyendo estas aventuras.
      Un besote grande, María.

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  12. Me ha encantado leer tus ratos en la universidad, pero no te libras de altercados, jajajaja. Un abrazo

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    1. Te aseguro que todo lo que cuento es real como la vida misma. La verdad, es que en la época en que yo estudié había muchas iniciativas fuera de lo estrictamente académico y eso hacía más llevadero el estudiar.
      Un abrazo, Mamen.

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Hada verde:Cursores
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