7 de enero de 2018

Concursos y despistes

   Hace tiempo que determiné no presentarme a ningún concurso literario y entre mis propósitos para este año 2018 se encuentra seguir con la misma postura. La razón se basa principalmente en que me lleva mucho tiempo leer a los demás concursantes y analizar debidamente sus textos, por lo que cumplir con los plazos me resulta complicado y agobiante. 

   Pero esto de no concursar no solo se debe a mi lentitud y mi afán cumplidor. Hay otro motivo: mi despiste.

   Es cierto que últimamente mis equivocaciones por estos lares son más abundantes, puede que sea estrés o la influencia de la luna, pero soy despistada desde que tengo uso de razón y mi mala memoria, mi falta de atención o simplemente estar en Babia me han traído muchos problemas y más de un disgusto.

   Cuando iba a párvulos ya tuve mi primera contrariedad (o una de las primeras de las que se tiene constancia). Lo que viene a continuación es algo que acaeció cuando yo tenía unos siete años, y no es un recuerdo mío, es la reproducción de lo que se cuenta en las comidas familiares cuando quieren evocar mi niñez y de paso echarse unas risas.

   Resulta que un día volví muy compungida del colegio; me habían mandado buscar una imagen de un caballo para dibujarlo y andaba yo espantada pues las artes plásticas no se me daban bien –después de varias décadas mi habilidad con la pintura es igual de mala–. Mis padres, y hasta una prima mía que andaba ese día por casa, me animaron y me instaron a que me pusiera a la tarea. Con el apoyo familiar pinté algo más o menos aceptable. Fui al día siguiente toda orgullosa a clase, encantada de mi dibujo. Cuando regresé a casa hecha un mar de lágrimas, mi madre me preguntó qué había pasado pues el caballo de marras no había quedado tan mal. Y era cierto, el caballo estaba bastante bien, pero se me había “olvidado” poner encima a Viriato, el verdadero objeto del trabajo. 

   Con esta anécdota he querido plasmar una de las bases de mi despiste: enfoco mi atención sobre una cosa y eso me impide ver las demás.

   Lo de dejarme las cosas por los sitios más insospechados es otra de las consecuencias de mi despiste. No entro en detalles porque podría escribir muchas páginas, pero mi presupuesto en paraguas es muy elevado, aunque estos años de sequía me han proporcionado cierto respiro.

   Lo peor es cuando otros sufren las consecuencias de mi mala cabeza. 

   Cuando mi hija era pequeña acudía a clases de ballet y a un taller de pintura –todo lo mal que se me da a mí pintar se le da bien a ella, se ve que salió a la familia de su padre–. Tanto el taller de pintura como la danza eran dos clases por semana, de manera que todos los días después del colegio teníamos que ir a algún sitio. 

   Una de las características de los despistados es confundir a menudo el día de la semana, cuando es lunes creer que es martes o cuando es miércoles creer que es martes otra vez. Aparecer en el estudio de danza con la nena toda peinada con su moño y su maillot y decirme la profesora qué hacía allí, que ese día no tocaba clase, o ir el día que correspondía pero coger la mochila de pintura en lugar de la del ballet y la niña tener que bailar con una bata llena de manchas de óleo, son un par de ejemplos de lo que tuvo que sufrir mi querida hijita. Un desastre. 

   Rellenar impresos para solicitar lo que sea, me supone una tarea titánica. Invariablemente necesito dos o tres ejemplares antes de rellenarlos adecuadamente sin equivocarme, aunque la mayoría de las veces los entrego incompletos. Siempre me falta algo.

   Pero a lo que voy hoy es a mi nula capacidad para presentarme a los concursos literarios. Leer las bases es primordial y cumplir las normas también. Pues yo no hago ni lo uno ni lo otro. Bueno, las bases sí me las leo, pero como luego se me olvidan o no me entero bien, acabo escribiendo otra cosa totalmente diferente y que nada tiene que ver con lo que el concurso demandaba.

   Esto me pasó hace poco. Intervine en un ejercicio llamado “Amigo invisible literario”. Consistía en escribir un relato “personalizado” a otro participante, y para que fuera de su agrado había que basarse en sus gustos y preferencias, además de sus miedos (los organizadores nos suministraban esos datos).

   A mi me tocó en suerte un participante que quería que su relato se desarrollara en el barrio barcelonés del Carmelo o en el de la Taixonera y al que le daban miedo las arañas y el vértigo. La consigna añadida era “Relato de terror”.

   Para empezar, cuando leí las bases ya no me enteré bien, porque al enviar mi relato no sabía que era un concurso donde todos teníamos que leer a todos, comentar y puntuar. Creí que era solo un regalo de Navidad a otro escritor, pero sin más aditamentos. La primera, en la frente.

   Teniendo en cuenta que no conozco Barcelona –por tanto no conozco los barrios citados– y que el género de terror no es lo mío, la tarea se me antojó difícil. Pero ya que me había comprometido me dispuse a cumplir como una campeona. A lo hecho, pecho.

   Tras estrujarme las neuronas, me salió algo que yo creí medianamente pasable. Tras repasarlo varias veces y cuando ya iba a mandarlo a los organizadores, me dio por volver a leer las consignas y fue entonces cuando me di cuenta de que donde ponía “Relato de terror” había más palabras al lado, concretamente “en donde aparezcan fantasmas”.

   ¡Porras! ¿y ahora qué hago yo?, me dije. Porque mi relato se desarrollaba en las calles empinadas de esos barrios barceloneses y tenía arañas; pero fantasmas no. El plazo estaba a punto de expirar, había un súper puente vacacional a la vista y no tenía tiempo para rectificar demasiado. Hice un añadido deprisa y corriendo y lo mandé.

   Pero ahí no acaba todo. Había más cosas que pasé por alto al leer las bases del evento. Lo de escribir un “texto personalizado” quería decir que el destinatario del relato debía ser el protagonista del mismo. 

   Mi relato era para un hombre y mi protagonista era una mujer que, evidentemente, no se llamaba como el receptor. ¡Zas, en toda la boca!

   Como podréis adivinar en el concurso no me comí una rosca y me cayeron críticas por todos lados, por insumisa. Hasta me acusaron de enviar un texto que tenía por ahí guardado, algo que me dolió especialmente porque yo no hago esas cosas: con lo que me cuesta inventarme relatos, cuando escribo uno ni se me ocurre guardarlo, lo mando a donde sea, al menos a mi blog.

   Por cosas como esta yo no estoy capacitada para participar en concursos. O puede que me quiera engañar a mí misma, y en el fondo sé que no puedo participar porque no tengo la calidad necesaria para hacerlo de manera plausible.

“Excusatio non petita, accusatio manifesta”



31 comentarios:

  1. ¡Arggg! Yo también padezco de un pequeño grado de despiste, pero no hasta estos extremos.

    Por suerte a mí, los smartphones me han solucionado mucho la vida en estos casos de despistes varios, sobre todo con las fechas.

    jajaj XD Que relato tan ameno, y siendo autobiográfico, pones mucha "chicha" en la sartén.

    ¡Ais! Las críticas del Edén... ni siquiera el mejor cuchillo del mundo con sierra de diamante resulta tan cortante.

    Me ha encantado este "excusatio" tan dicharachero y, como ya te dije, retrataste mi barrio, "El Carmelo", de manera espectacular; muy bien documentado, e incluso la escena final con una calle cercana a mi casa (en el Carmelo todas las calles están unas al lado de las otras) fue memorable.

    La verdad, que no hubiera fantasmas, era lo de menos. ;->

    Eso si, yo, NO TOI. jajaja S. Bonavida Ponce. Que no hace falta tenerle miedo a la LOPD. XD

    Un abrazaco muy grande buscapina, espero que a pesar de tu advertencia de no participar en certámenes literarios, te pases por el Edén d vez en cuando y comentes.

    ^_^

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    1. Gracias, Sergio, por haberte tomado con tan buen humor mi despiste y llevar tan bien que no fueras protagonista en el relato.
      Por un lado me quedo tranquila pero por otro me sabe peor el haber fallado contigo. Así que me ratifico en mi idea de algún día escribir un relato donde tú seas el protagonista, dado que mi inspiración no es muy grande no puedo asegurar cuándo será, pero prometido queda.
      Gracias por pasarte por aquí y dejar tan animoso comentario.
      Un abrazo grande, Sergio.

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  2. Ay, Kirke, cuánto tenemos en común. No hace mucho estaba yo tan feliz en el Departamento. tenía una hora libre y me disponía a hacer una reformas en un PowerPoint de los que tengo para Biología de Segundo de Bachillerato. Me encanta trabajar con el PPT y con tranquilidad. Cual no sería mi chasco cuando llaman a la puerta, salgo y me encuentro a una alumna, justamente de Segundo de Bachillerato. Me estaba buscando porque tenían clase conmigo y yo no aparecía. ¡¡Me había confundido de día de la semana!! No tenía una hora libre, tenía clase con ellos.
    Lo de leer mal las bases de un concurso aún no me ha pasado, pero tener que leerlas muchas veces porque se me olvidan, muy a menudo.
    Lo que cuentas es descacharrante. Pobre de tu destinatario. Esperaría verse protagonista de un relato y se encuentra con que no aparece para nada.
    Yo ya me compro plumíferos con buenas capuchas. No ganaba para paraguas. El bolso en el cine me lo he dejado varias veces. Afortunadamente, siempre lo he recuperado. En fin, qué te voy a contar que tú no sepas.
    Un beso.

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    1. Compruebo con cierto alivio que no soy la única en cuanto a despistes importantes. Mal de muchos...
      Por lo que te conozco creo que tú también te lo tomas con humor y resignación. Yo ya soy consciente de mi mala cabeza y asumo las consecuencias, intento paliar los efectos mediante alarmas en el móvil y post-it por todas partes pero con todo y con eso sigo equivocándome.
      En fin, amiga, cada uno tiene una cruz y la nuestra es ser despistadas. Lo llevaremos lo mejor posible.
      Un besote grande, guapa.

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  3. Me ha encantado leer tus despistes, es un buen comienzo para empezar el año. FEliz año. Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Mamen. Feliz año también para ti.
      Un beso.

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  4. Vaya Paloma tenemos mucho en común, soy un despiste andante, siempre he sido así. Lo de no encontrar algo es habitual conmigo, nunca sé dónde guardo las cosas. Fíjate que hasta el día de reyes me pasé hasta las tres de la madrugada buscando regalos que no me aparecían, hasta se me caían las lágrimas pensando que los había tirado sin darme cuenta ( no sería la primera vez). Podría seguir así contándote un montón de sucesos, creo que es un poco contagioso porque el peque de 8 añitos es igualito a mí, un despistado hecho y derecho.
    Un abrazo, tanto si te apuntas a concursos como si no, a mí me encanta leerte.

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    1. Ay, Mer, ¡a mí me pasa lo mismo! Guardo tan bien las cosas, pero tan bien, que luego no las encuentro y me tiro de los pelos. Y, encima, cuando me da por ordenar tiro cosas y, al igual que tú, luego pienso que lo que no encuentro lo he tirado en mis arranques de orden. Mi marido y mi hija cuando me ven guardar cosas se ponen a temblar, entre ellos dicen que ya las pueden dar por perdidas (qué mala baba, jajaja)
      No sé yo si lo que nos pasa tiene un nombre en psiquiatría, pero se ve que es hereditario; tú con tu peque y yo salí a mi padre que también tiene lo suyo.
      Como le comento a Rosa, sobrellevaremos como bien podamos nuestro despiste y esperemos que la cosa no vaya a más.
      Gracias, Mer, por tu visita y por compartir tus desventuras.
      Un besote, guapa.

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  5. Yo no comparto un despiste tan radical, pero me pasa lo de guardar las cosas tan requetebien que después no las encuentro por más que las busque, aparecerán cuando ellas quieran en el lugar más insospechado.
    También me ocurre que al llegar al sitio donde pensaba coger o realizar cualquier acción, se me olvida la razón de mi presencia allí, cuando regreso al lugar de origen se me enciende la bombilla y recuerdo a lo que iba, repitiéndome por el camino una y otra vez el objeto de mi misión para que no se me vuelva a olvidar. Creo que el Alzheimer (tristemente) planea sobre mi.
    Tus entradas son de carcajada.
    Un beso.

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    1. Lo de pasear por la casa para hacer algo que no recuerdo eso es el pan mío de cada día. Tengo una pulsera de actividad que me registra, entre otras cosas, el número de pasos que doy, con ella me doy cuenta de la cantidad de kilómetros que camino dentro de casa, y la mayoría es por el motivo anterior.
      En este caso al menos sirve para hacer ejercicio, que siempre viene bien.
      Un beso, Francisco.

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  6. Ya sabes, Paloma, lo que dicen de los sabios y el despiste. Así que, si te sirve de consuelo, aplícate el dicho.
    Yo siempre he rehuido los concursos en los que hay que cumplir una serie de condiciones que solo hacen que inhibir la espontaneidad y el libre albedrío. Me siento coartado y no hay nada que me disguste más que sentirme obligado a hacer algo que no me apetece. Parece como si en esto de escribir no pudiera trabajar en equipo. Yo quiero escribir lo que me sale de... mi imaginación y cuando me sale. Pero eso no significa que estos concursos no me parezcan bien, todo lo contrario. Ahora mismo participo (ya es la tercera ocasión) en el certamen promovido y organizado por David Rubio y su Tintero de Oro, pero lo hago con total libertad; si creo que tengo un relato presentable, pues lo presento y punto. Y las reglas son muy simples y el plazo muy largo. Y lo que dices de que no se te dan bien los relatos no es cierto. Yo he leído alguno que has escrito y se te da de maravilla. Otra cosa es escribir bajo presión y para ceñirte a unas expectativas. El único inconveniente con el que coincido contigo es la "obligada" dedicación a la lectura de todos los relatos participantes y la gran dificultad en valorar ecuánimamente cada uno de ellos.
    Hasta hace un par de años participaba con bastante frecuencia en un concurso organizado por una web de escritores en el que, si lo deseabas, además de puntuar los textos nominados para ser premiados, podías comentarlos. Todo iba bien hasta que hubo alguien que endureció sus críticas hasta un punto, para mí, inaceptable, llegando a soliviantar a más de un participante por su arrogancia. Abandoné de inmediato el concurso, pues debo admitir que no digiero muy bien las críticas negativas que me resultan hirientes. Yo escribo para pasármelo bien y si lo que escribo gusta, pues tanto mejor, pues es lo que uno pretende. Pero mi autoestima no va muy sobrada como para que venga alguien y te eche un "rapapolvo" porque tu relato o tu forma de escribirlo no le ha gustado.
    Ya me ocurrió una vez con un microrrelato y tardé bastantes días en relativizar ese "fracaso" y levantar cabeza, jeje.
    Un abrazo.

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    1. Escribir un relato con consignas y con ciertas condiciones me pareció buena idea porque me obligaba a salir del área de confort donde yo estaba instalada. De hecho me sirvió para ampliar mis técnicas de expresión. Por ese lado fue una experiencia positiva.
      Pero es verdad que si hay demasiadas condiciones el texto sale algo encorsetado y hubo un momento en que me sentí asfixiada (y eso que no cumplí con todos los requisitos). Por eso, ahora mismo, dudo si un escritor debe ceñirse al estilo que le es más cómodo y por tanto con el que disfruta más, o debe sondear otros temas que le permitan ampliar registros. Esta será una de las preguntas que le haré al profesor que me asignen en un curso que empiezo mañana (los Reyes Magos me han regalado un curso de escritura creativa, estoy muy ilusionada).
      He de aclarar también que los organizadores del evento del amigo invisible literario fueron implacables pero correctos, me corrigieron el texto hasta la última coma y eso lo agradezco porque me hicieron ver errores que yo desconocía. Solo por eso valió la pena participar.
      El concurso de David Rubio es muy bueno porque no encorseta al escritor, le deja a su albur y tan solo tiene que vigilar el número de palabras, por lo demás libertad total. Me encantaría participar pero veo que sois tantos y tan buenos y me entra un agobio...
      Yo acepto bien las críticas siempre que sean con educación; el insulto y la descalificación gratuita no los entiendo. Creo que se puede ser exigente sin necesidad de humillar.
      En tu caso, Josep Mª, pocas críticas puedes recibir porque escribes muy bien.
      Un abrazo.

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  7. Hola Paloma, no conozco en profundidad en el mundo de los concursos literarios, pero si me considero lector de uno de ellos. Se trata del Tintero de Oro de David Rubio y la verdad es que los relatos presentados son de una calidad indudable. También es cierto que como dices, el sobre esfuerzo que tienen que hacer los participantes para además de escribir los relatos, comentar todos los demás y cumplir las normas es casi titánico. En todo caso y a pesar de los despistes que tienes y que yo al menos comparto, tu calidad literaria en los relatos que te he leído está fuera de toda duda. Escribes muy bien y de manera muy cuidada.

    El mejor concurso es que sigas escribiendo para tus lectores, un gran abrazo y feliz semana.

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    1. Creo que mi baja autoestima en cuanto a escribir ficción nace en que me cuesta mucho inventar historias, tengo poca imaginación. Además, al leer tanto sé de la calidad que hay por ahí y creo que me acomplejo más todavía.
      Este blog nació como un lugar de reseñas literarias, contacté gracias a él con otros blogueros que se dedicaban a escribir relatos y me quedaba como espectadora de esas creaciones con cierta envidia por querer hacer yo lo mismo. Pero me daba mucha vergüenza.
      Poco a poco he ido animándome, pero queda aún cierto poso de complejo de inferioridad. Tengo que superarlo como sea. Yo creo que cuando me den el Planeta se me pasará, ja, ja, ja.
      Un abrazo, Miguel, y gracias por tus palabras, me animan mucho.

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  8. Paloma me has hecho reír con esos despistes pero sobre todo con tu manera GENIAL de tomar las cosas, el humor lo relativiza todo y de las "malas" experiencias pues se saca para una entrada. Tenía un profesor que siempre decía que no había error, sino aprendizaje. Todo lo que aprendemos de cualquier situación nos ayuda para las próximas y así al menos uno no se machaca.

    Yo soy de las que creo que con los blogs se trata de disfrutar y así intento tomarlo. Cuando tengo muchas obligaciones y condiciones me siento muy agobiada porque tengo muy poco tiempo y no llego a nada. Me encantaría poder poder escribir cada día, leer cada día a los compañeros, participar en concursos... pero con frecuencia a llegar a casa estoy tan ko que ni abro el portátil y por tanto empiezo a pensar que esto de escribir lo voy a tener que dejar para cuando me jubile.

    A mi me gusta mucho la manera de escribir que tienes y también tu blog con secciones de lo más variado y entretenido, lo cierto es que es un placer visitarte siempre aprendo algo. Hoy me llevo tu sonrisa y ese fantástico humor ante las distracciones. Yo no soy demasiado despistada aunque sí en algunas cosas, por ejemplo pierdo las cosas porque las guardo tan bien que no me acuerdo, o no hago nunca listas porque lo primero que pierdo es la lista o también soy incapaz de recordar nombres y caras de personas y eso es un problema, pero en cambio recuerdo conversaciones, detalles y cosas que pasan con mucha facilidad. Cada uno somos como somos y lo importante es conocerse y ponerse remedio, jajaja

    Por cierto felicitar también a tu amigo invisible por su manera fácil y simpática de tomarse las cosas.

    Besos guapísima

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    1. Yo también veo los errores como un aprendizaje. Intento sacar algo positivo de los fallos, y es tomar nota para que no se vuelvan a repetir.
      Relativizar las cosas con el humor es una herramienta estupenda, se la recomiendo a todo el mundo. Siempre que se pueda (a veces no es posible) hay que reírse de uno mismo y darse cuenta de que no es para tanto.
      Ojalá mis despistes fueran como los tuyos, aunque yo las listas no las suelo perder, fíjate, debe de ser un mecanismo de defensa o algo así.
      Sergio, el destinatario del relato, es un amor, menos mal. Fue el único que no me reprochó que no cumpliera las consignas. Otra cosa positiva de este amigo invisible: conocer a una buena persona.
      Por cierto, no lo puse en la entrada, pero publicaré el relato dentro de unos pocos días.
      Gracias, Conxita, por tu continuo apoyo y por preocuparte por mí. Tú también eres un amor.
      Un besote.

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  9. La verdad me recuerdas mucho a mi hijo con tus despistes. Mi hijo a salido a su padre, uf, me pone negra porque cuando no se le olvida una cosa, se le olvida otra, tiene una memoria pez, pero bueno ya me lo tomo con un humor son muchos años aunqeu en el fondo muchas veces también me preocupa por su futuro, a donde le van a llevar esos despistes? en fin, paciencia que tiene que tener una, ahora a distancia procuro darle la lata para que no se olvide las cosas, aunque claro tan lejos no se yo cuando caso hará a su madre y si al rato se le habrá olvidado que será lo mas seguro, en fin que se le va a hacer, eso si muy listo e inteligente y debe ser por eso. Un besote y sigue tomándote la vida con el mas sentido del humor posible por favor es muy sano, cada vez estoy mas convencida.

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    1. ¿Que a dónde le va a llevar a tu hijo sus despistes? Pues no sé, pero no descartes el que acabe haciendo un doctorado, ja, ja, ja.
      Dicen que ser despistado es señal de inteligencia, supongo que porque algunos genios eran despistados porque al estar pensando en sus cosas de genios no prestaban atención a las cosas normales.
      No es mi caso, yo cuando no presto atención a algo no estoy pensando en nada genial, simplemente estoy en Babia y no me entero.
      Un besote, Tere.

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  10. Ja, ja, ja... Desde luego que eres única para hacernos reír con tus desdichas. En lo único que discrepo es en tu apreciación de tu calidad narrativa. La tienes, y además no poca.
    Me ha hecho gracia lo de los paraguas, yo siempre vuelvo a casa con uno distinto con el que salí. Pierdo el mío en el tren, pero resuelta que luego me encuentro otro en la parada de autobús... Yo y los paraguas tenemos una relación abierta.
    Siempre se dice que leerse las bases de los concursos es el primer paso para ganarlos, pero la verdad es que los hay con unos requisitos kafkianos. Con lo fácil que es decir un relato de 1.000 palabras como máximo, he llegado a leer estos requisitos: Máximo 8 páginas, a interlineado doble, 35-37 líneas por páginas, con unos márgenes laterales de 3 cm y 2,5 para el inferior y superior. Así mismo se recomienda que las líneas tengan entre 500 y 600 caracteres". ¡Pa flipar!
    Lástima no haberme enterado de ese concurso, mi mujer vivió en la Taixonera hasta que nos casamos y conozco el barrio bastante bien.
    Un abrazo!!!

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    1. Como le he comentado a Miguel, creo que mi baja autoestima con los relatos se debe a que me considero principalmente lectora y lo de escribir vino luego muy tímidamente. Encima leo a otros escritores por estos lares y se me cae la baba, pero lo comparo con los míos y no me veo a la altura.
      Es cierto que algunos concursos encorsetan demasiado, pero cambiar de registro tiene su lado positivo en cuanto a esfuerzo y aprendizaje. También le comento a Josep Mª, que esto es motivo de duda por mi parte: qué es mejor, ¿escribir y disfrutar solo? o ¿escribir cambiando de registro y diversificar? Supongo que en el equilibrio está la virtud.
      En este concurso al que hago alusión también había unas normas de interlineado, márgenes y tamaño de letra, pero los organizadores se lo curraron y nos mandaron un word con la plantilla. Menos mal, porque si hubiera tenido que hacerlo yo habría añadido una cosa más que no cumplí.
      Para informarme sobre el Carmelo y la Taixonera recurrí a una amiga que vive en Barcelona desde hace más de treinta años, ella me sugirió unos cuantos nombres de calles y el street view de Google maps hizo el resto.
      Gracias, David, por tu comentario tan animoso. Cuando tenga más tiempo libre participaré en tu concurso; ese Tintero de Oro me llama, me llama...
      Un abrazo muy fuerte.

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  11. Hola Kirke:

    Acabo de leerte, y pareces mi gemela. Mis despistes en el último certamen al Tintero de Oro, tenía tantas ventanas abiertas, que comentaba lo de un escritor en otro. Alguien me lo hizo saber y casi me muero de vergüenza. ¿Se pensarán que no leo? Leer, leo. Siempre. Es lo que más me gusta, mucho más que escribir. Soy famosa por mis despistes, y una escritora argentina también, así que en sus libros me reservó un espacio de la Señorita D. (Ambas nos reímos de nuestros despistes semejantes a los tuyos)

    Los guantes, paraguas, móvil, y gamas los dejo en cualquier sitio, menos mal que tengo a mi caballero andante que lo encuentra. Más de una vez me llamó desde el fijo al móvil para comprobar cómo está.

    Alguna vez que otra he salido con zapato diferente, o medias de diferente tono. A la hora de encontrar cualquier documento ni sé dónde los coloco. Y en cuanto al día, muchas veces ni me entero en que día vivo.

    Lo de presentarme a concursos, seguro que no ganaré ninguno, pero es para leer diferentes blogger, ya que no estoy acostumbrada al mundo bloguero.

    Conclusión: Somos parecidas.

    Un abrazo literario. (Lola)

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    1. Pues mira, lo de salir con un zapato distinto no me ha pasado, pero salir y meterme en el ascensor en zapatillas de andar por casa sí, y varias veces.
      Es tremendo esto de tener la cabeza en otro sitio. Intento paliar los efectos poniendo alarmas en el móvil y apuntando notas en la nevera, aunque no son útiles para algunas cosas.
      En fin, habrá que asumir nuestro despiste con resignación.
      Un abrazo, Lola.

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  12. errata, dónde dice gamas, sería "gafas".

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  13. Hola Paloma,buen comienzo de año, di que sí, con ese estilo tan particular de contarnos tus despistes soberanos, cómo me he divertido leyéndote, pero sobre todo cuando me has recordado tantos despistes, como el del paraguas, ja, no eres la única hija, y para otras cosas yo ya me limito a apuntar casi todo, últimamente hasta en el móvil, sí ya se que esto es la memoria, pero es que una no puede estar en tooó. Lo de los concursos es como te lo tomes, todo depende del tiempo que se disponga, pero si te digo que cada participación es un aprendizaje y un reto para tu imaginación y tus letras. Disfruta de ese curso regalo de reyes, segura que lo pasarás genial. Un beso

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    1. Me gustaría participar en los concursos porque aprendo mucho leyendo a otros concursantes, pero me sabe mal no cumplir con los plazos y no participar de manera seria y comprometida.
      No descarto hacerlo algún día pero de momento no.
      Hoy empiezo el curso de escritura creativa, Eme, y estoy ilusionada como una niña.
      Gracias por tu visita.
      Un besote.

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  14. Pues a mi tu relato ya me parece de premio. Estos de los concursos no saben lo que se pierden. Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Betty, por tus amables palabras.
      Un beso.

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  15. Yo me despisto con las cosas tontas, es como que por un oído me entran y por otro me salen (tipo un cotilleo, o un "tráeme el calendario que me dijiste" o comprar algo que necesito y marcharme sin ello). Con cosas serias, nunca me despisto, las tengo siempre en mente. A cambio, tengo otros muchísimos defectos.

    Me ha encantado la anécdota del dibujo del caballo sin Viriato ;-)

    Un beso, Paloma.

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    1. Las cosas graves yo tampoco las olvido, pero los detalles también se me escapan y es algo que detesto. Por eso prefiero que en algunas situaciones haya testigos para que me refresquen la memoria.
      Un besote grande, compañera.

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  16. Bueno solo se mejora intentando las cosas cuantas mas veces mejor, asi que ya sabes lo que toca... propósito para el 2018: presentarte a todos los concursos posibles jaja vengo de leer el relato que presentaste al concurso sin saber de donde venía y cual era el motivo de la araña y las calles Barcelonesas, y la verdad tampoco te ha quedado mal, eso sí, doy fe de que fantasmas, lo que se dice fantasmas no había. En otra ocasión será. Si yo te contara la de concursos en que no me he comido un rosco... por intentarlo que no quede. Un abrazo Paloma.

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    1. Intenté solventar, malamente, lo de los fantasmas añadiendo una sombra negra que se levanta de la primera araña, la que espachurra la protagonista. Pero creo que no fue suficiente.
      Lo de no concursar se deber principalmente por falta de tiempo para analizar los textos de los demás concursantes.
      En el caso al que hago referencia lo que más me molestó fue que me criticaran el no haber seguido las consignas, no que el final no se entendiera (como te ocurrió a ti y a Ángeles) o que hubiera errores de puntuación, por ejemplo. Si las críticas van encaminadas a hacerte ver errores yo las acepto, pero que me critiquen por equivocarme de protagonista... pues no me sirve de nada.
      He de aclarar que los administradores del evento sí hicieron una función correctora y esa sí me ayudó a mejorar.
      Un abrazo, Jorge.

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Hada verde:Cursores
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