2 de febrero de 2017

La caja china

    Cuando Felipe II es coronado rey de Portugal ve anexionadas a sus ya vastas posesiones las tierras portuguesas, entre estas se encuentran los enclaves del Pacífico. Además, las Islas Filipinas están conquistadas pero están resultando poco rentables pues las valiosas mercancías que se exportan a España, a través de México, proceden de China. Dado que las Filipinas se encuentran a tan solo unos pocos días de navegación de la costa china, el monarca español empieza a acariciar la idea de invadir el Imperio Celestial.

    Para saber si su sueño es una quimera o tiene visos de hacerse posible recluta al joven Rodrigo Silva, un cartógrafo excelente que se ha formado en Sevilla en el arte de navegar y trazar cartas náuticas pero que solo piensa en restablecer el buen nombre de su padre, un capitán de barco que fue ejecutado por traidor y cobarde cuando en realidad fue víctima de la avaricia de un aristócrata sin escrúpulos.

    A Rodrigo lo envían a Manila para que intente visitar China y conocer qué posibilidades de invasión tiene. También le encomiendan una tarea muy especial: averiguar más de un gran marino chino del pasado y ahora caído en desgracia, Zheng-He. Este marino cruzó la mar océana realizando mapas de gran valor estratégico y marítimo; los cartógrafos españoles creen que en esos mapas se encuentra la forma de medir la longitud –un dato esencial, junto a la latitud, para saber posicionarse en el mar–.  Pero Rodrigo tiene otra misión más personal y privada: conectar con un grumete que puede dar testimonio de la trampa en que cayó su padre y por la que fue ajusticiado.

    Con estas premisas se inicia esta novela. Rodrigo viajará primero a Veracruz, luego por tierra llegará hasta Acapulco. Allí se embarcará en el llamado Galeón de Manila o de China para llegar a las Islas Filipinas. Posteriormente su mala y buena fortuna –le pasa de todo, bueno y malo– le hará recalar en China. Allí también vivirá diferentes experiencias –buenas y malas– y conocerá las costumbres de tan vasto y enigmático imperio pues podrá acceder a la inaccesible Ciudad Prohibida.

   Mientras seguimos a Rodrigo en su itinerario el autor nos va contando detalles de los lugares visitados. Con una minuciosidad a la que ya estamos acostumbrados sus lectores, Maeso explica profusamente muchas cosas. Especialmente se detiene en los usos y costumbres de la sociedad china. Ya pude comprobar la gran labor de documentación que hace en otra novela suya, “La dama de la Ciudad Prohibida”, ambientada en su totalidad en la China imperial del siglo XVIII.

    Al igual que en aquella lectura, en esta algunos pasajes me han parecido muy pesados por esa profusión de detalles. Además, en esta ocasión he “pillado” un par de gazapos, lo que me hace dudar del rigor a la hora de realizar dicha tarea de documentación.

    En un momento dado se denomina a Legazpi y a Urdaneta como los “descubridores” de las Islas Filipinas, cuando lo que realmente hicieron fue conquistar las islas en el caso del primero, y encontrar una ruta marítima para regresar a Acapulco en el caso del segundo (el llamado "tornaviaje"). Las Islas Filipinas se descubrieron en el viaje de circunvalación del mundo por Magallanes y Elcano (perdonad el discurso pero  he leído bastante sobre el tema y además estuve hace poco en una exposición sobre el Galeón de Manila en el Museo Naval).

    Cuando el autor describe las calles del Pekín del siglo XVI habla de la Plaza de Tiananmen. Me extrañó ese nombre en esos años, indagué y resulta que esa plaza se construyó en el inicio del periodo comunista, evidentemente mucho después de la época en que el protagonista pasea por la capital china.

    No me he detenido a comprobar más datos de los que por la novela aparecen, pero estos dos errores me hicieron sospechar que no podía creerme a pie juntillas todo lo que se contaba. Sé que en una novela el autor tiene el poder de inventar lo que quiera, pero cuando se alude a hechos históricos y/o geográficos lo que cuenta debe ser verdad.

    Lo que sí fue cierto es que Felipe II pensó  invadir China y que si no inició tan ambiciosa –y descabellada– aventura fue porque la guerra en Flandes le requería todos los recursos bélicos disponibles.

   Otra de las cosas que me llamaron la atención –y que era cierta– es que por aquella época no se sabía calcular la longitud. La latitud se sabía mirando la posición del sol o de las estrellas, pero el cálculo de la longitud era desconocido. Sí se sabía cuál era la circunferencia de la Tierra, sin embargo no se sabía el punto exacto entre dos meridianos. Para saber dónde se está posicionado estos dos datos –longitud y latitud– son imprescindibles; en tierra siempre hay referentes geográficos que ayudan a orientarse, pero en la inmensidad del océano no. El darme cuenta que a finales del siglo XVI los navegantes se iban a la aventura sin saber realmente dónde se encontraban me ha dejado estupefacta y ha aumentado mi admiración por el arrojo y valentía –o insensatez– que demostraron tener para ir descubriendo esos mundos de Dios.

   Volviendo otra vez a la novela, se podría calificarla de aventuras e histórica (aunque con algunos fallos importantes, hasta donde yo he llegado a detectar). Sin llegar a ser aburrida, salvo los pasajes con exceso de detalles, tampoco me ha entusiasmado. Es un libro donde pasan muchas cosas –algunas completamente accesorias–, donde determinados sucesos se resuelven de manera bastante peregrina y donde uno tiene la desagradable sensación de que las páginas se suceden una tras otra para llegar a la conclusión de que en realidad no ha pasado casi nada.

   Reconozco que no estoy en un buen momento lector. Mis personales agobios me impiden concentrarme en la lectura y prestar atención, así que puede que esté siendo demasiado exigente pero me parece que esa sensación de mucha página y poca historia delata un argumento muy pobre y poco trabajado. A cambio se adorna todo con muchos detalles documentales que a mí me entorpecieron la lectura y que, además, me dejaron la duda de que todos fueran ciertos.

   En fin, un libro bien escrito, con buena narrativa pero con un argumento demasiado endeble donde no hay una trama trabajada. Una aventura algo desventurada.





24 comentarios:

  1. A mi me resultó entretenida su lectura y no me fijé en esos errores tan garrafales que comentas, pero sí que son dignos de mención. Besos

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    1. El caso es que se deja leer bien, pero esos fallos históricos me dejaron algo amoscada y ya no leí la novela con demasiado entusiasmo.
      De todas maneras no estoy en mi mejor momento lector, puede que no haya sabido disfrutar de la lectura al no centrarme bien en la trama.
      Un beso, guapa.

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  2. Hola. Uffff, es que esos errores son gordos. Lo de la plaza de Tiananmen es algo muy conocido, creo yo, y un autor que escribe sobre China debería saberlo, y lo de los conquistadores/descubridores también, y si no lo sabes pues hay que cerciorarse bien antes de escribir.
    Un besito y ánimo, ya queda menos.

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    1. Lo de los descubridores me pareció un error importante, aunque hay mucha gente que confunde "descubrir" con "conquistar". En algunos sitios las dos acciones se dieron a la vez, pero en las Islas Filipinas, no.
      Tienes toda la razón, cuando es un escritor quien lo dice en una novela supuestamente histórica debe cerciorarse primero.
      Lo de Tiananmen me pareció casi peor.
      Un beso.

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  3. Una característica de las novelas históricas son los anacronismos. A veces son intencionados y sólo persiguen que el lector sin ningún esfuerzo sitúe algo del pasado en su presente mental. Como a ti a mí me parecen una indecencia y un reírse de todo: del lector, de la historia, de la cultura... Lo de los descubridores es signo de vagancia y dejadez. Dice muy poco del respeto quie el autor debe tener a sus lectores.
    No he leído nada del tal Maeso, pero, sinceramente Paloma, no me atrae mucho.
    Un beso y adelante con lo tuyo

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    1. El primer libro que leí de este autor, El lazo púrpura de Jerusalén, me gustó mucho. Esta novela se deja leer pero esos errores le restaron muchos puntos de calidad.
      Me quedó la sensación de que el autor no se preparó bien y encima me hizo dudar del resto de datos que vierte (que seguramente sean buenos, pero vete tú a saber).
      Gracias por tu comentario y por darme ánimos con "lo mío" porque me hacen mucha falta, sniff.
      Un besote.

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  4. Pues mira, ahora has sembrado en mí la duda y la sospecha sobre cuántas veces habré caído de cuatro patas en falsas historias noveladas. La verdad es que nunca se me ha ocurrido cuestionar los datos que leo (a menos que casualmente los conozca de forma fehaciente, cosa extraña en mí, pues la historia nunca ha sido mi fuerte).
    Es cierto que en la mayoría de novelas históricas hay una gran profusión de datos y sucesos que se me antojan superfluos, que nada aportan a la novela, como si el autor quisiera hacer gala de su erudición y conocimientos. Pero si luego resulta que los ha obtenido de fuentes inciertas, entonces apaga y vámonos. También suelen ser obras excesiva e injustificadamente largas, como si el precio del libro fuera directamente proporcional al número de páginas.
    Y por fin, en cuanto a esos viajes de descubrimiento y exploración, siempre he pensado que sus protagonistas los tenían muy bien puestos, pues pasarse meses en alta mar, en las condiciones en las que lo hacían, sin saber dónde, cuándo y si llegarían a buen puerto es, como bien dices, propio de valientes o de insensatos.
    Como siempre, una reseña muy bien elaborada.
    Un abrazo.

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    1. Yo tampoco suelo comprobar muchas de las cosas que se cuentan en una novela a no ser que me llamen mucho la atención. Fue lo que ocurrió cuando el autor hizo alusión a la plaza de Tiananmen; ese lugar me es conocido desde aquellas revueltas estudiantiles y la famosa imagen de un hombre delante de un tanque. Desde entonces la asocio a la China moderna y oír su nombre en pleno siglo XVI me resultó extraño, investigué y me encontré con todo el pastel.
      En cuanto a los bemoles que le echaban los marinos de aquella época son dignos de admiración. Aprovecho para recomendarte "Magallanes, el hombre y su gesta" de Stefan Zweig (tengo por hecha una reseña), una muestra de cómo de intrépidos fueron aquellos exploradores. Si pudiera también se la recomendaría al autor porque en esa novela se cuenta cómo (bastantes años antes que Legazpi) Magallanes llegó a las Filipinas (de hecho, murió allí).
      Gracias por tu amable comentario, Josep.
      Un abrazo.

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  5. como te seguimos y confiamos en ti, veremos que pasa. de momento no lo tengo a mano! te compartimos y dejamos enorme abrazobuho.

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    1. Gracias por esos abrazos de alas de búho, tan reconfortantes.
      En beso grande.

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  6. Desde luego aún siendo muy buena tú reseña como siempre, no me la apunto, me parece que una novela histórica bajo mi punto de vista tiene que estar muy bien documentada y basarse fielmente en la historia, de modo que con esos errores garrafales, aún pudiendo ser entretenida, no me convence. Como siempre mucho ánimo Paloma. un beso. TERE.

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    1. Como ya he comentado, la novela se lee bien, pero es demasiado larga, y por los errores que pillé, parece que también es poco fiable.
      Gracias por los ánimos, Tere.
      Que tengas un buen fin de semana.
      Un beso.

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  7. Pues entre que no me atrae mucho el género y las pegas que le pones, creo que este se queda en el limbo de mis libros.
    Los gazapos que mencionas, sobre todo el de Tiananmen, me parecen bastante serios para un autor de novela histórica y que ya no es la primera que escribe sobre China. Es un autor al que no conozco de nada. Ni me suena su nombre.
    Un beso.

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    1. El autor escribe bastante bien (desde el punto de vista gramatical). He leído dos novelas más de él, El lazo púrpura de Jerusalén y La dama de la Ciudad Prohibida. El primero me gustó mucho y el segundo no tanto. Hasta ahora creía que era un escritor que realizaba una buena labor de documentación, pero después de esos dos gazapos ya no estoy tan segura.
      Yo tampoco creo que esta novela te fuera a gustar.
      Un beso.

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  8. Escribir una novela y si citas hechos históricos se deben de documentar bien y si no es mejor no hacer esas citas. Pero claro el autor habrá querido hacer esa historia que coincidieran con el lugar. Si es un escritor que ha escrito mas sobre China se debería documentar bien. Un abrazo

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    1. Completamente de acuerdo, Mamen. Un autor debe documentarse bien, y si no está seguro o no quiere indagar que no ponga entonces nada.
      Un beso.

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  9. Es que a ti no te engañan como a un chino cualquiera (que me perdonen los chinos pero es lo que se suele decir), pero a mi me alucina otra cosa y es...¡tú sabes si sabes!
    A mí me ha gustado más leerte a ti por lo bien y la veracidad con la que transmites que lo que me ha atraído la novela, por eso la paso por alto ;-)
    Un besazo, compi

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    1. Si me he dado cuenta de los errores es porque el tema de las Filipinas, últimamente, me atrae mucho y llevo leído unos cuantos libros. Además fui al Museo Naval estas navidades y había una exposición temporal sobre el Galeón de Manila, allí se nos explicó cómo se realizaba la ruta entre Filipinas y México y ya de paso hablaron de Legazpi y Urdaneta, precisamente.
      Gracias por esos piropos, compañera.
      Un beso grande.

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  10. Hola! No conocía el libro pero cuenta una historia poco conocía así que no descarto leerlo algún día. Muy buena reseña como siempre!

    Un saludo!

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  11. A mi me molesta mucho cuando detecto estos errores, no sabía que a veces se hacen a propósito como decía Juan Carlos pero entonces aún me desconciertan más porque me paso media novela intentando saber qué hay de verdad y qué de cierto.
    Y cuando ya borro de la lista al autor es cuando hay mala preparación en la documentación, me pasó con un autor de bestsellers que ambientó una de sus obras en Sevilla y metió corridas allí, aparte de comentarios negativos sobre la sanidad española (hace unos años una de las mejores del mundo) y no he podido volver a leerlo, me pareció casi un desprecio para los lectores no hacer una buena investigación.
    Así que de momento esta recomendación no la voy a apuntar.
    Un beso

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    1. El problema de esos autores "chapuzas" es que lo presentan todo muy bien y tiendes a pensar que todo lo que cuenta está fundamentado.
      No sé si ese autor al que haces referencia es Dan Brown y su Fortaleza digital, porque creo que la visión de Sevilla que mostró no fue ni amable ni real. De hecho, este escritor ya fue seriamente criticado en cuanto a su labor de documentación cuando el famoso Código da Vinci, parece ser que uno de los cuadros a los que se refiere posee unas dimensiones mucho más grandes de las que en la novela se le suponen pues el cuadro en cuestión, creo recordar, se lo llevan del Louvre debajo del brazo y debido a su tamaño real eso hubiera sido completamente imposible.
      Son estas cosas las que restan calidad a una obra, y a mí también me hacen desechar al escritor en cuestión.
      Un beso.

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  12. Con tanto y tan bueno como hay para leer creo que, tras conocer tu opinión, me ahorraré esta novela. Como siempre nos prestas un gran servicio a la hora de escoger nuestras lecturas, así que muchas gracias, Paloma :))

    Estoy del todo de acuerdo contigo, una novela puede contener tantos elementos ficticios como el autor desee, pero los datos históricos y geográficos incluídos deben ser ciertos si no quiere que toda la historia pierda credibilidad. Por cierto, compruebo que estás súper puesta en el tema, ¡bien por ti! :))

    Un beso grande y feliz noche de sábado.

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    1. En esta novela se dio la casualidad que algunos de los temas tratados eran conocidos por mí y por eso me di cuenta de los errores. Pero a saber cuántas otras novelas me habrán colado gazapos de este estilo y yo sin enterarme.
      Muchas gracias, Julia, por la visita. Que tengas un buen inicio de semana.

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