13 de noviembre de 2016

El éxito de los demás


"Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrase del éxito de un amigo sin sentir cierta envidia"
Esquilo

    Siempre se ha dicho que los españoles somos muy envidiosos, que el recelo que sentimos hacia el éxito de los que nos rodean saca lo peor de nosotros.

   Mi suegro solía mencionar, a cuenta de esto, unas frases muy ilustrativas: 

¿Qué es lo mejor que le puede pasar a un español? Que le toque la lotería. Y ¿qué es lo peor que le puede suceder? Que le toque al vecino.

    Somos envidiosos hasta el punto de desear mala suerte al de al lado aunque esa malaventura nos afecte también a nosotros. Cuando sufrimos una desgracia “colectiva” –una inundación, por ejemplo– parece que nos conforta un poco más saber que ha habido más gente que también la padece. Los psicólogos dicen que se debe al reconocimiento cognitivo compartido. Yo creo que se debe a la pura y simple envidia. Seamos sinceros, saber que el agua que nos ha destrozado nuestra casa también ha dejado la del vecino manga por hombro nos consuela. 

    El propio saber popular lo contempla:

Mal de muchos, consuelo de todos (o de tontos)

   Que los logros de un desconocido nos molesten puede aceptarse como un defecto sin más trascendencia –a no ser que el desconocido sea un inútil redomado y entonces no es envidia, es justa indignación–. Pero ¿qué pasa cuando es un amigo quien tiene éxito? 

    Cuando alguien a quien apreciamos y valoramos consigue alcanzar una meta largamente deseada sería lógico y normal alegrarnos por su éxito. O no.

   Si me pongo con esta reflexión es porque hace unos días una compañera de la Universidad defendió su tesis doctoral y lo hizo francamente bien. Expuso un trabajo excelente y demostró lo que valía con una presentación y una alocución perfectas.

   Con esta compañera me une no solo una afinidad laboral, también somos amigas. Hemos compartido muchas horas en el laboratorio y muchas penalidades pasadas a deshoras. Su compañerismo ha sido excelente y siempre ha supuesto una gran ayuda en mi trabajo. Además, las penurias unen mucho; juntas hemos soportado muchos inconvenientes y juntas los hemos afrontado mejor. 

   Recuerdo especialmente una víspera de nochebuena en la facultad de farmacia a las siete de la mañana. Tuvimos que acudir para terminar un experimento que se quedó colgado en medio de los días festivos de esas fechas. En el edificio no había nadie más que nosotras dos y el vigilante jurado. Además del frío que hacía –la calefacción no estaba encendida– tuvimos que soportar el silencio absoluto de un edificio decimonónico solitario –un gran contraste con la actividad que suele tener en días lectivos– y los ruidos esporádicos emitidos por la tarima de madera y vaya usted a saber qué otras “cosas” más.  Juntitas, como hermanas siamesas, no nos separamos en ningún momento. Aquel día comprobé cuánto refuerza una amistad el miedo.

    Podría contar muchas anécdotas a cuenta de nuestra amistad laboral. Como el día que se estropeó un aparato de medición en el laboratorio y mis muestras listas para analizar estuvieron a punto de echarse a perder. Mientras que yo me tiraba de los pelos y no dejaba de renegar en todos los idiomas que conozco, ella se fue por los pasillos preguntando “¿alguien tiene un colorímetro, por caridad?”

    Además de ser muy competente, la puñetera tiene conciencia –algo también muy raro de encontrar hoy en día–. Me vienen a la memoria los días que tenía que consolarla, con una caja de pañuelos en la mano, porque el sacrificio de las ratas que necesitaba para sus experimentos le provocaba remordimientos en el corazón y lágrimas en los ojos.

   El caso es que el día que expuso su tesis doctoral todo fueron parabienes. Sus padres orgullosos no podían dejar de sonreír viendo a su brillante hija. Los profesores que la tutelaron también sonreían con orgullo, todos sus compañeros se felicitaban por tener una colega tan ejemplar. Pero yo estaba verde de envidia. Sí, porque ese trabajo tan excelente me hizo ver la mediocridad del mío y pensé que ni de lejos podré alcanzar tanta perfección.

   Y es que el éxito de los demás nos hace pupa porque suele poner en evidencia nuestras carencias y eso es algo de lo que solamente nosotros tenemos la culpa. No los demás.

   La quiero mucho y me alegro por ella, pero le tengo envidia. Me dicen que es envidia sana. ¿Sana? ¿Cómo la envidia, que es un pecado capital, puede ser sana? En catequesis me contaron que los pecados capitales te mandan derechita al infierno. Y el infierno, con esas altas temperaturas, muy sano no es.

    Pero esto es lo que hay. Tendré que asumir mis carencias, ponerme las pilas e intentar acercarme, aunque sea de lejos, a la perfección de su trabajo, a ver si así yo también consigo el éxito.


Esta publicación está dedicada con todo el cariño (y la envidia) a Alba, en reconocimiento a su compañerismo y amistad. Va por ti, guapa.




34 comentarios:

  1. A ver, vayamos por partes. Yo nunca he creído que los españoles seamos más envidiosos que otros seres humanos. Yo no me considero envidiosa y no conozco demasiada gente a la que pueda considerar como tal.
    No creo que exista la envidia sana. La envidia, tal como yo la entiendo, es mala, muy mala. Yo bromeo mucho con eso de la "envidia no sana".
    Eso que tú sentiste ante la tesis de tu amiga, no es envidia. Aunque puede que todo lo dicho anteriormente se deba a que tengo una idea errónea del concepto de envidia. Para mí la envidia es un sentimiento mezquino que hace que deseemos el mal a los demás para poder conseguir lo que ellos tienen o para que ellos no lo tengan. Yo nunca he tenido ese sentimiento. Puedo desear algo que tienen los demás, como tú desearías que tu tesis fuera tan buena como la de tu amiga, pero jamás desearía mal a nadie y, si es un amigo, me alegraré de lo que él tiene. Como estoy segura de que tú te alegras por tu amiga.
    Por cierto, ¿estás segura de que tu tesis es tan mediocre comparada con la de ella?
    Un beso, guapa y perdona el rollo, pero tengo especial inquina a eso de lo envidiosos que somos los españoles. Lo dejo que me vuelvo a enrollar.

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    1. Evidentemente nunca es bueno generalizar, y siempre hay de todo, como en botica.
      Yo no creo que mi tesis sea mediocre, es mi contribución la que me parece pobre, pero yo siempre he sido de las que ve la botella medio vacía, lo reconozco.
      En cualquier caso sé que el resultado final de mi tesis será muy bueno porque, en contraposición a mis carencias, y para compensar, cuento con la dirección de un excelente profesional que es capaz de encontrar agua en el desierto más árido.
      Tus "rollos" son muy bienvenidos porque siempre aportas puntos de vista que enriquecen y demuestran lo buen analista que eres.
      Un beso compañera.

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  2. Muy buena tu entrada Paloma, coincido con la opinión que te ha expresado Rosa aunque yo no soy tan benevolente con los españoles y la envidia, creo que es más frecuente de lo que parece pero sí que no es exclusivo de los de aquí, pero se da y mucho.

    A mi me parece que lo que tu has expresado Paloma es la admiración y el cariño por alguien a quien quieres, que te alegras de su éxito y eso, en una persona perfeccionista y crítica consigo misma, se traspasa a esa "envidia sana" que dices sentir y desmerecer tu trabajo, que en eso también algunos somos bastante especialistas. No es raro querer hacerlo tan y tan bien como la persona a la que admiras, eso sirve para seguir haciéndolo tan bien como lo estás haciendo porque tener a alguien así cercano a una hace que aún tengas más ganas de mejorar.

    Muchos ánimos y muchas felicidades porque tener buenos amigos es un tesoro, aunque a veces se compita y se sienta esa envidia que no es sana porque como dices es envidia pero sí se entiende, es humana y lo bueno es que se habla y con el cariño que os teneis así no puede ser mala.

    Un beso guapa

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    1. La conclusión positiva que yo obtengo de todo esto es que tener alguien tan bueno a tu lado te incita a superarte, y siempre sirve de acicate para mejorar y querer llegar más lejos.
      No sé si lo lograré, pero desde luego lo estoy intentando, y eso ya es algo.
      Muchas gracias, Conxita, por tus palabras y por la valoración tan positiva que haces de mí.
      Un beso grande.

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  3. Creo que la envidia es un sentimiento que no habla muy bien de nosotros mismo, pero es humano, forma parte de nuestra psicología, hasta diría que es un mecanismo de defensa para no hundirlos en la miseria cuando percibimos el triunfo o la buena suerte del otro. Aunque sea un mal mecanismo de defensa, pero casi ninguno de estos son muy honrosos. Lo percibo intrínseco a la naturaleza humana y no a un país en especial. Ahora bien, si no podemos evitar sentir a veces envidia si podemos, como seres inteligentes que buscan la honradez, racionalizarla. Es decir, reflexionar sobre si el éxito o la suerte ajena se justifica por su trabajo previo, si se la mereció por su esfuerzo o cualidades propias, si.... Entiendo por racionalizar buscar unos motivos por los que esa persona merece el éxito para no sentirnos envenenados. Es de honestidad. Normalmente hay razones que justifiquen el triunfo ajeno (y si no las encontramos siempre nos sirve para escribir un artículo sobre la estupidez de la fama o de los elogios). No veo la envidia mala si se racionaliza a tiempo; sí veo horrible las consecuencias que entraña, cuando esa racionalización no se produce: resentimiento, críticas negativas y traicioneras, marginación, competencia desleal. En tu caso la veo racionalizada, y eso nos permite captar que eres honesta (en ese aspecto, que en los demás no te conozco, y no es cosa de lanzar elogios falsos y vacíos: me queman). Yo llamaría envidia sana a la admiración, la cual no tiene por qué producirse en todos los aspectos; por ejemplo, puede admirar la creatividad de alguien y considerarlo un imbécil en inteligencia social. No es malo admirar facetas de alguien, sí es penoso mitificarlo creyéndonos que es perfecto en todos los ámbitos: imposible, no hay nadie así, ni los grandes escritores que se tienen en el altar. Pero, bueno, es otro defecto humano más.
    Kirke, tenía que trabajar en otra cosa y me he entretenido mucho en esta entrada. Me ha gustado bastante.
    Un beso grande, niña.

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    1. Desde luego el éxito de mi compañera a mí me parece merecido, sé que ha trabajado arduamente y su esfuerzo se ha visto recompensado. Pero sigo envidiando su capacidad de raciocinio, de análisis y otras cualidades que han contribuido a la calidad de su trabajo; cualidades que yo no poseo y ahí es donde... me pongo verde de envidia.
      Tendré que esforzarme más, a base de disciplina y empeño puede que yo también mejore. Ya veremos.
      Lamento haberte distraído con esta publicación de otras obligaciones, pero también me alegro porque tu contribución comentando esta entrada ha sido de lo más enriquecedora. Gracias.
      Un besote, Ángeles.

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  4. El que me haya entretenido no es culpa tuya, sino mía, por ser una lianta. Muchos besos. Ya no trabajo más por ahora (voy a ver monte y sacar fotos, jeje).

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    1. No sé qué me ocurre, que suelo cometer fallos en lo que escribo y, aunque a continuación relea, no me doy cuenta. Solo más tarde los percibo. En este caso, hay varios. Dejo aparte alguna tilde, pero rectifico esta frase por si acaso no me entiendas: "mecanismo de defensa para no hundirnos en la miseria" en vez de "mecanismo de defensa para no hundirlos en la miseria" que es lo que puse y no tiene sentido.

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    2. Si te sirve de consuelo (triste consuelo) a mí me pasa bastante a menudo. Escribo una publicación, la releo hasta el cansancio para corregir los fallos. Cuando estoy segura de que está bien, la publico y es entonces cuando veo los errores. No falla.
      No te preocupes, somos humanos, Ángeles.
      Un beso.

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  5. Creo que te lo han dicho todo en tan completos comentarios.
    Creo que eres honesta y humilde al reconocer lo que reconoces en tu entrada, pero a la vez eres la buena amiga que va de cara. Nadie es menos que nadie, todos, y digo todos tenemos facetas y habilidades muy buenas que otros nos envidian, pero siempre habrá otros que nos superen en lo nuestro y en otras cosas ¿Y qué? ¿Por ello vamos a ser menos felices?
    ¡Ay! querida Kirke tú tienes muchas cosas envidiables...tu sinceridad por ejemplo.
    Besos

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    1. Gracias, Francisco, por ser tan amable y tan benevolente con las taras de una servidora.
      Esa sinceridad con la que me adornas, me ha traído más de un problema en ocasiones. Pero es que además de envidiosa, soy una bocazas ;)
      Qué se le va a hacer.
      Un beso grande.

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  6. En principio, me ha hecho gracia leer todo lo que piensan los españoles de sí mismos, y es que, viniendo de familia española, lo he oído muchas veces en mi vida, como una forma natural y piadosa de justificar la envidia. Personalmente, creo que esa envidia que parece tan típicamente española es en verdad universal: lo mismo que relacionas con un español se podría decir del estereotipo argentino. Por otra parte, me parece muy maduro de tu parte reconocer que además del cariño, la gratitud y el reconocimiento que le profesas públicamente a tu compañera de trabajo, admitas que en este momento puntual en el que ella se lleva todos los aplausos, sientes algo de envidia. No serías humana si eso no te pasara, querida Kirke. Yo siempre he dicho que cuando nació mi hermana menor no sentí celos, y sin embargo mis padres se empeñan en recordar ciertos comportamientos que demostré en aquel momento que yo ni siquiera he registrado, pero, claro, yo era muy chica. Me parece sano y adulto admitir que sentimos celos cuando alguien en nuestro entorno se destaca más que nosotros sin perder la capacidad de reconocer sus méritos. La envidia se me hace destructiva cuando intenta tirar por la borda todo el mérito que el otro tiene a la hora en que debe recibir los laureles. No creo que nos convirtamos en envidiosos ponzoñosos e irredentos por el hecho natural de cuestionarnos a nosotros mismos frente a los logros de nuestros pares.

    Besos y buen domingo!

    Fer

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    1. Reconozco que mi envidia no me ha llevado a desmerecer los logros de mi compañera, hasta ahí no me he atrevido a llegar. Afortunadamente esa envidia no me ha cegado y no me ha impedido reconocer que el éxito alcanzado por mi amiga es de sobra merecido.
      Además, si Esquilo ya lo avisó no seré yo quien le lleve la contraria.
      Gracias por tu comentario, Fer.

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  7. Yo creo que tu reflexión es sobre todo una confesión de verdadera amistad a tu compañera Alba. En cuanto a la envidia, yo la mutaría en el caso que nos relatas a sana emulación, sana competitividad, deseos de hacerlo tan bien como ella y lógica inseguridad -nervios- al no haberte enfrentado aún a la temida presentación de la tesis.
    En cuanto a si la envidia es nuestro principal pecado capital, en esta ocasión no me alineo con Rosa pues pienso que ciertamente es así. ¿Cuántos homenajes se hacen en vida a alguien que destaque por lo que sea? Pocos, muy pocos. Lo normal es esperar a su fallecimiento. Sí, en ese momento todo son parabienes y palabras afectuosas que ya no puede escuchar. Debe ser por eso de "el muerto al hoyo, y el vivo al bollo".
    Un beso

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    1. El ejemplo que pones sobre los homenajes a personajes ilustres es muy esclarecedor. Parece que hay que morirse para que nadie tenga problemas en alabar tu trabajo. En vida siempre hay reticencia al reconocimiento (al de algunos, al menos), luego ya que desaparece el personaje en cuestión los elogios afloran por doquier, quizás porque pensamos que bastante malo tiene con la muerte y se puede compensar con algún halago.
      Muchas gracias por tu comentario, Juan Carlos.
      Un beso.
      PD. Más que inseguridad y nervios, ante la ya próxima defensa de mi tesis, es puro pánico lo que tengo.

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  8. Hola!!!!1 Creo que lo que te dicen en comentarios resume lo que iba a decirte yo, en tu caso no es envidia, envidia es además de querer lo de la otra persona, ya sea inteligencia, un pelo rizado, un supercoche o un dolor de muelas, porque a veces se envidia cada cosa...además de eso es tener malos deseos hacia la persona a al que se envidia, y eso en ti es impensable.
    Un besito.

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    1. Yo malos deseos hacia mi compañera no tengo, la verdad. Me alegro mucho por ella, pero me enrabieta no poder hacerlo tan bien.
      A lo mejor lo que yo tengo es una envidia "light" ;)
      Un besote, Gema.

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  9. Desde aquí felicito a Alba, por su brillante tesis (sé el sacrifico que comporta), y te felicito a ti, Paloma, por tener el detalle de dedicarle este post tan sentido y, sobre todo, tan sincero.

    Todas las penalidades pasadas a deshoras es lo que, verdaderamente, creo que os ha unido, más que las risas y el jolgorio (que también), pero ya sabes que la verdadera amistad se "pone a prueba" (aunque no me gusta mucho esta expresión) en los momentos complicados.

    Y tú lo llamas envidia, pero no lo es, querida amiga. Es un fuerte deseo interno de, llegada tu hora, de demostrar lo que vales (porque, sin ningún género de duda, lo vales) y de querer hacerlo, como mínimo, igual de bien que Alba.
    Y entonces seremos nosotros los que te aplaudamos a ti, porque aquí estaremos para compartir contigo "tu" éxito.

    ¡Muchos besos, compi!

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    1. Sí que es cierto que los malos momentos unen más que los buenos. Para echar unas risas y divertirse todo el mundo vale, pero para estar al pie del cañón cuando vienen mal dadas ya no hay tantos voluntarios.
      Lo que demostraré cuando "llegue mi hora" ya os lo iré contando porque creo que este blog va a ser una válvula de escape de la presión que voy a soportar según se acerque esa hora. Lo mismo hasta creo una sección nueva, podría llamarse "Cómo presentar una tesis y no morir en el intento" o algo así.
      Veremos.
      Un beso muy grande, amiga.

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  10. O yo tengo el día tonto o tú muy mala no puedes ser (mucho menos envidiosa de las "nocivas") porque he terminado de leerte con dos lagrimones mejillas abajo. Qué quieres que te diga, querida Paloma, quien tiene semejante generosidad para con una compañera no puede envidarla más que desde el sincero cariño y la admiración, y a eso ya no se le llama envidia. Otra cosa es que tú, además de buena, seas perfeccionista y modesta, con lo cual consideras tu trabajo de menor importancia. Pero vamos, que no deja de ser una apreciación tuya y habría que preguntarle a alguien cualificado e imparcial :DD

    Ainsssss me encanta saber que tienes a alguien como Alba junto a tí en el día a día. A buen seguro formáis un equipo genial.

    Un beso, Paloma, y que sepas que a mí tu entrada me ha emocionado :)

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    1. Tener a una buena compañera es un tesoro incalculable. Además nuestra sincronización es tal que cuando ella tiene un mal día yo lo tengo bueno y viceversa, de manera que si a ella se le escapa algo ya estoy yo para darme cuenta, y cuando soy yo la que no se entera ella sí y rectifica. Es estupendo.
      Me encanta hacer experimentos juntas.
      No era mi intención hacer saltar las lágrimas a nadie, pero a mí me emociona que te haya tocado la fibra.
      Un beso y sonríe mucho, Julia.

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  11. Lo que he leído de la envidia en tu post es envidia sana y un deseo de alegría a que tu compañera tenga un ´éxito. Eso es admiración. Te deja con el culo al aire porque eres sincera, pero honesta. La envidia mala es otra cosa. No me extiendo más porque me tengo que ir. Un abrazo

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    1. Admiro a esta amiga pero también es verdad que me ha dejado al aire mis vergüenzas, jajaja.
      Gracias por tu visita, Mamen.
      Un beso.

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  12. Según un Obispo argentino, la envidia es un demonio. Si vamos o no al infierno por culpa de estar poseídos por ella, no lo sé, y no sería justo, porque es parte de la condición humana alegrarse por el otro y odiar porque no nos pase lo mismo o algo mejor.
    Saludos.

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    1. Creo que el ser humano es egoísta por mero instinto de supervivencia, luego las convenciones sociales y religiosas nos educan para ser más altruistas y solidarios. Puede que la envidia derive de ese egoísmo innato.
      Menos mal que no suelo acatar las directrices de la Iglesia porque si es verdad lo que dice ese obispo... lo tengo claro.
      Un saludo, Raúl.

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  13. Un tema muy cercano y humano has tocado hoy en tu post. Y digo cercano porque creo que todos los mortales hemos sufrido, como inductores o receptores, del mal de la envidia.
    En este caso, sentir envidia de los logros de un amigo, porque te hacen ver tus propias limitaciones, lo consideraría como algo "productivo", pues puede actuar como revulsivo y despertar en ti un afán de superación. Hasta entre amigos íntimos existe la competencia, solo es cuestión de saber manejarla correctamente.
    Lo malo es cuando la envidia por el éxito ajeno lleva a romper esa amistad, como me ocurrió de adolescente, cuando el que creía uno de mis mejores amigos no soportó que me dieran el premio a la mejor redacción en un concurso de literatura. Su exagerada y furibunda reacción me pilló tan por sorpresa que aún hoy, cincuenta años después, me duele. Pero lo que más me dolió fue descubrir que nunca había sido un buen amigo.
    Un abrazo.

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    1. Comportamientos como el que describes de tu amigo (¿amigo?) muestran que la envidia puede ser destructiva, sobre todo para el que la padece pero también, por desgracia, para el que la provoca pues en tu caso perdiste un amigo y te causó dolor.
      Habrá que ver el lado bueno de las malas experiencias: aprender a valorar justamente a quienes tenemos a nuestro lado. Duele, pero así se separa la paja del grano.
      Un abrazo, Josep.

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  14. Madre mía, después de tantos comentarios tan bien planteados y escritos no sé qué más puedo añadir. Me sumo a todos ellos, aunque como parte implicada voy a interpretar lo que planteas argumentándolo con mi versión particular de los hechos.
    Lo primero de todo GRACIAS por tu carta y por este pedazo de post porque ha sido un regalazo de los que no se olvidan. Me tienes acostumbrada a llorar con tus creaciones literarias, pero he de decir que esta vez me ha tocado de lleno.
    Para ponernos en situación de la envidia que desprendía mi querida amiga, es importante resaltar que unas compañeras de otro centro de investigación que no la conocían, pensaban que era mi madre cuando la vieron móvil en mano haciéndome fotos con la cara radiante de satisfacción. El comentario exacto fue “¡oye que joven tu madre! es esa que estaba en primera fila haciéndote fotos sin parar ¿no?” Creo que no hace falta añadir muchos más detalles para terminar con las dudas. Tu humildad y honestidad hacen que te sientas culpable por una sensación que yo jamás catalogaría de envidia, sino más bien cierto miedillo por lo que ves venir. Has sabido disfrutar conmigo de mis logros y eso no es propio de una persona envidiosa. De hecho muchos de ellos han sido posibles gracias a tu ayuda y consejos.
    Lo único que me cabrea de todo esto, y no puedo dejar de regañarte por ello, es cuando dices “ese trabajo tan excelente me hizo ver la mediocridad del mío”. No estoy en absoluto de acuerdo. Te encontraste un estudio ya planificado al que te incorporaste ilusionada, lo has defendido con uñas y dientes, has aprendido muchísimo mostrando una capacidad de adaptación y un afán de superación impresionantes, ¿y lo calificas de mediocre? No puede ser. Yo te admiro mucho, y creo que de tu trabajo se pueden sacar conclusiones importantes (además de que las ratas son mucho más obedientes que los voluntarios, guiño guiño). Bromas aparte, estoy segura de que tu lectura de Tesis va a ser brillante porque tienes un don para simplificar conceptos y hacer presentaciones de PowerPoint, y te has currado las determinaciones y resultados de principio a fin. Yo por supuesto estaré por ahí pululando durante la escritura por si necesitas apoyo técnico o moral, y el día de la lectura seré yo la que emocionada escuche al presidente del tribunal darte un merecido cum laude.

    Gracias de nuevo, es un gustazo tener amigas como tú, de las de verdad.

    Un besote, Alba

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    1. Tener compañeras-os así sí que es envidiable.
      Besos a las dos.

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    2. Qué más puedo añadir yo, Alba, con tus palabras demuestras que te mereces ser envidiada. Bueeeno, está bien, dejo de emplear la palabra "envidia" para sustituirla por "admiración" y un deseo profundo de parecerme a ti cuando sea mayor (guiño, guiño).
      Como ya he comentado anteriormente, es un gustazo trabajar contigo, si el gusto es recíproco, mejor que mejor, así cuando te tome la palabra para que me eches una mano con la redacción de la tesis no tendré tantos remordimientos de conciencia.
      Muchas gracias por tu compañerismo y tu apoyo constante. Espero seguir disfrutando de tu profesionalidad y hacer proyectos juntas.
      Un beso.

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  15. ¿Envidiosa tú sola?... ¡No! a mi si que me da envidia que tengas a una amiga (Alba) tan maja y encima inteligente...je,je,je Porque aunque te contaran en esas clases de catecismo o religión (que yo también soporté con mucha paciencia en aquellos tiempos del cuplé) que era uno de esos siete "pecados capitales" por los que ibas derechita al "infierno", pues ¿sabes una cosa?: es pura mentira y habría que añadir una "mentira capital" también.
    Sigo pensando que la psicóloga Laura Rojas Marcos, explica perfectamente en sus charlas o conferencias, que llevamos a cuestas un GRAN LASTRE, porque con tanto pecado y tanto cargo de conciencia, nos hacemos culpables de todo, hasta de ser envidiosos/as, cuando este sentimiento es consubstancial al ser humano y no tenemos porqué avergonzarnos.
    Además como ya te han comentado otros contertulios y compañeras, en tu caso no le estás deseando ningún mal a tu amiga Alba, al contrario la admiras en silencio y reconoces su valía, además también nos comentas que es un cielo de persona, de manera que lo único que sucede y a cualquiera nos pasa lo mismo, que algo de "pelusa" nos da, porque el error está en que solemos establecer comparaciones con esas personas, en lugar de descubrir nuestras propias virtudes y lo que nos hace únicos.

    Encantada, Paloma, de darme otro paseito por tu blog y reflexionar en voz alta acerca de esta estupenda entrada.

    Un montonazo de besos.

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    1. Yo no le deseo ningún mal a Alba, todo lo contrario, espero que su valía sea reconocida en el terreno laboral como lo ha sido en el académico. ¿Quizás esa sea la versión sana de la envidia?
      Yo también creo que la envidia (sana o no) es inherente al ser humano y puede que un mecanismo de defensa. Quizás, después de todo esa envidia nos hace pelear y mejorar aunque solo sea para alcanzar al envidiado.
      Gracias, Estrella, por tu paso y tus reflexiones.
      Un beso muy grande.

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  16. Leer entradas y sus comentarios posteriores, me reconcilia con la raza humana. Saber que hay personas que aprecían y alegran con el mérito ajeno, me hace sentirme menos aislada, en esta sociedad,donde prima el pisar y negar a los demás para afirmarnos nosotros.
    Un Saludo.

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    1. El ser humano es imperfecto, Pura, pero reconocer las imperfecciones creo que ya es un buen punto de partida para mejorar.
      Saber ver nuestros defectos es necesario para intentar eliminarlos.
      Muchas gracias por tu amable comentario y por tu visita.
      Un abrazo.

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Hada verde:Cursores
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