24 de septiembre de 2015

Con el paso del tiempo





   Ya estamos en otoño y yo ya comienzo a ponerme nostálgica. Empiezo a rememorar anécdotas, paisajes y personas del pasado; episodios medio olvidados que como un fogonazo regresan a mi memoria y me hacen revivir aquello que ya fue y nunca más será. Qué gran poder el de los recuerdos.

   El caso es que hace unos meses nos reunimos un grupo de compañeros de estudios de la universidad. Algunos llevábamos sin vernos más de veinticinco años. El reencuentro fue entrañable y muy alegre; besos, abrazos, risas y también alguna lágrima de emoción.


   Fue encantador volver a ver a amigos con los que compartí muchas y diferentes vivencias: partidas de mus, juergas –las fiestas de la primavera eran apoteósicas y las de la patrona de la facultad divertidísimas– momentos duros y esforzados –la época de exámenes era un martirio chino– y sobretodo compañerismo.

   Una vez pasado el primer momento de euforia por el reencuentro, después de los ‘Qué tal estás’ ‘No has cambiado nada’ ‘Por ti no pasan los años’ o ‘Ahora a qué te dedicas’  etc, etc, vinieron las conversaciones más profundas y sinceras.

   A algunos la vida les había tratado relativamente bien, profesional y personalmente, con sus altibajos como es natural. A otros la vida laboral no les había reportado los laureles que en su juventud esperaban: en este grupo había dos a los que se les vaticinaba un esplendoroso futuro profesional por sus cualidades intelectuales y sin embargo la fortuna –o alguna otra diosa con ganas de incordiar– les dio la espalda y el resultado final fue menos resplandeciente de lo esperado. Por último –y esto fue lo más doloroso– a otros la vida les había tratado muy mal; en todos los terrenos.

   En este último grupo estaba L., un compañero que cuando estudiábamos era de los más populares de la clase; no había fiesta ni sarao en el que él no tuviera un papel protagonista, nadie hacía una convocatoria –del tipo que fuera– sin consultarle previamente, su presencia en cualquier reunión aseguraba una velada entretenida. Todos sabíamos que llegaría lejos y que allá donde ejerciera sería el mejor –al menos el más aplaudido–. Yo le veía metido en política o siendo el “public relations manager” de una gran multinacional porque tenía labia y gracejo a espuertas. 

   Bien, nada de esto sucedió. Un divorcio difícil, una posterior relación sentimental muy tortuosa y la crisis económica le tumbaron hasta dejarlo prácticamente KO pasando períodos oscuros que le llevaron a terapias de desintoxicación.

   Mi relación personal con él nunca fue muy fluida. Suelo huir de los oropeles y las aclamaciones –propias y ajenas–  cuando algo no me gusta lo digo y si me lo callo se me nota en la expresión corporal, o sea que entre su séquito de admiradores yo no estaba. Por lo tanto L. nunca me incluyó en sus círculos más íntimos aunque sí pertenecíamos a la misma ‘panda’. 

   En esa reunión, al final de la cena y ya tomando unas copas –cuando las mentes están más relajadas por la digestión en curso y por el alcohol que se va acumulando– nos pusimos a charlar L. y yo solos. Creo que en los cinco años de carrera que compartimos nunca tuvimos una conversación a solas y desde luego ninguna con la profundidad de la de aquella noche. El caso es que me habló de sus tres hijos adolescentes, de lo difícil que era para él mantener una relación paterno-filial adecuada al verlos muy de tarde en tarde (L. trabaja en una empresa ubicada en Chile), lo solo que se sentía al tener que cruzar un océano para aceptar un trabajo mal pagado pero el único que había para él. Me hizo partícipe de sentimientos que en los años de la carrera yo hubiera jurado que no tenía –siempre le vi como el ídolo perfecto al que las adversidades no le afectan, entre otras cosas porque para él no existen– y sin embargo aquella noche expuso su lado más vulnerable. 

   Puede parecer que soy una persona cruel si digo que este L. me gusta más que el de juventud. No lo digo por crueldad, lo digo porque sin ese barniz de éxito, sin la máscara de perfección que siempre le adornó L. ahora se muestra más humano. 


   El tiempo sí que es cruel. Cuando somos jóvenes y tenemos toda una vida por delante –hasta esto es engañoso pues en el grupo faltó una persona que falleció tempranamente– creemos que haremos todo lo que soñamos, que alcanzaremos cualquier meta propuesta. Esa ilusión está bien –soñar es maravilloso– pero también debemos ser conscientes de los factores fuera de nuestro control que pueden frustrar esas ambiciones. 

   En cualquier caso si nuestros sueños se cumplen o no sólo lo podremos saber con el paso del tiempo.

Kirke  

22 de septiembre de 2015

La sombra del águila

  Cuando participé en la iniciativa Septiembre mes guerrero tenía pensado leer solamente El húsar, sin embargo con esa lectura me reencontré con el Pérez-Reverte que más me gusta y me quedé con cierta nostalgia de volver a saborear ese estilo que con los años ha ido evolucionando a otra manera de narrar -no me atrevería a decir que a peor-.

   Así que me decidí por otra obra de hace más de veinte años: La sombra del águila y que tenía pendiente. Se da el caso que este relato se publicó en el año 1993 cuando Reverte cubría la guerra de Bosnia como reportero.

   La novela recrea libremente un hecho real de la campaña rusa de Napoleón: el ataque heroico a Sbodonovo, a las puertas de Moscú. La última victoria de la Grande Armée en suelo ruso; después vendría la penosa retirada y el desastre militar que conllevó. Este ataque fue el último vuelo del águila.

   Debido a los pactos entre la corona española y el imperio francés un número considerable de soldados españoles fueron aliados de los franceses en las campañas napoleónicas. Cuando se desencadenaron los levantamientos del 2 de mayo en España la situación de esas tropas era de lo más delicada. Algunos intentaron desertar y fueron fusilados, otros fueron encarcelados y los más decidieron enrolarse de nuevo -y a la fuerza- en el ejército francés con la esperanza de escapar a la menor oportunidad. 

   Y esto es lo que pensaba hacer el segundo batallón del 326 de Infantería de Línea compuesto en su totalidad por españoles cuando en el ataque a Sbodonovo los rusos están masacrando al ejército francés. Sin embargo el alto mando que observa la batalla desde una cima entiende esta maniobra como un acto de heroísmo y mandan una carga de caballería en su auxilio convirtiendo la pretendida deserción en una victoria para el ejército galo.

   La verdad es que me he divertido muchísimo con este breve relato. La situación es de lo más chusca y la forma de contarlo muy socarrona -el Reverte de los inicios- con comentarios y expresiones de lo más ocurrentes. Por ejemplo cuando se refiere a Napoleón: parece ser que los soldados franceses lo llamaban cariñosamente "Le Petit Caporal" (el pequeño cabo) -recordemos que era de muy baja estatura- sin embargo los soldados españoles le llamaban simple y llanamente "El Enano". 

      Aunque todo el relato está contado de forma cómica en el fondo subyace una demoledora crítica a la guerra. Al igual que ocurre con El húsar se pone de manifiesto lo más crudo de una batalla, donde lo único que importa es sobrevivir y poder seguir respirando porque de lo contrario "te despachan en un amén Jesús".

    Hacia la mitad del relato hay una especie de inciso donde se insertan las supuestas confesiones que Napoleón le hace a uno de sus adláteres que le acompañan en su reclusión en la isla Santa Elena. En su soledad se lamenta del error que supuso invadir España: "Maldito el día que decidí meterme en semejante berenjenal. Cometí el error de darles a esos fulanos lo único que les devuelve su dignidad y su orgullo: un enemigo contra el que unirse, una guerra salvaje, un objeto para desahogar su indignación y su rabia. En Rusia me venció el invierno pero quien me venció en España fueron aquellos campesinos bajitos y morenos que nos escupían a la cara mientras los fusilábamos."

Kirke   




   

21 de septiembre de 2015

El curioso caso de Benjamin Button

    Reseña perteneciente a la sección Alalimón


    La novela/película es:

El curioso caso de Benjamin Button escrita por Francis Scott Fitzgerald.


 Se trata de un relato muy escueto de corte fantástico que Scott Fitzgerald escribió en 1922; forma parte de una antología con varios relatos igualmente breves y de temática surrealista. En aquella época unos pocos escritores decidieron afrontar un reto: convertir lo imposible en verosímil.

   Cuando digo escueto tengo la sensación de que me quedo corta porque el texto no llega a las cincuenta páginas. Chelo me comentó que la película dura tres horas. Creo que este es el único libro que se tarda menos en leer que en ver su película (su lectura me llevó unos cincuenta minutos).
   
   Más que un relato yo lo calificaría de cuento para adultos; se utiliza una técnica que recuerda a las narraciones para niños pero donde subyace un mensaje que nos revela más de lo que la trama en sí muestra.

   Este relato nació por un comentario que le hizo al autor su amigo Mark Twain: "es una lástima que el mejor tramo de nuestra vida esté al principio y el peor al final". 

   Benjamin nace con la apariencia de un anciano de 70 años y según va transcurriendo el tiempo su aspecto rejuvenece de manera que en lugar de añadir años se los va quitando.

   Todo esto genera situaciones descabelladas que en muchos momentos me hicieron sonreír: recién nacido y cuando su padre sale del hospital a buscarle ropa adecuada (la que tenían preparada para un bebé no le servía) Benjamin le pide que también le compre un bastón.

   Situaciones absurdas como que en su niñez Benjamin se lleva muy bien con su abuelo pues es con él con quien siente mayor afinidad. Al cumplir 20 años aparenta 50 y es entonces cuando su padre es un amigo más porque tienen las mismas inquietudes. Al cumplir 50 (aparenta 20) se lleva mejor con su hijo y en su vejez es su nieto quien le hace de compañero de juegos. Absurdo ¿verdad?; pues en realidad no tanto porque si lo miramos bien esto pasa a veces: los niños pequeños disfrutan más con sus abuelos que con otros niños y muchos ancianos al final de sus vidas necesitan los mismos cuidados que un bebé comportándose como si fueran niños.



   Si Forrest Gump (otro personaje literario llevado al cine) decía que la vida es una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar yo diría que la vida es una enorme montaña rusa, donde siempre se empieza subiendo y se termina bajando; la cantidad de cuestas y bajadas que haya en el trayecto -y la diversión o temor que puedan aportar-  depende de la suerte y de la actitud de cada uno.

    De todas formas todo el relato es una crítica a la sociedad en la que vivió Scott Fitzgerald donde el qué dirán estaba muy arraigado. Ser diferente, actuar de una manera fuera de lo común es un agravio que no se puede perdonar. Porque es esto lo que le echan en cara a Benjamin, que no se comporte como lo hace el resto, que sea diferente.

Un canto al desafío que supone ser distinto a los demás.
 
Kirke     


18 de septiembre de 2015

Alalimón


   Siempre ha habido cierta polémica entre los amantes de la lectura y los de la cinematografía acerca de las novelas adaptadas al cine. ¿Qué versión es la mejor, la literaria o la cinematográfica? ¿Ver después de leer o viceversa?

    Normalmente los que aman la lectura prefieren la novela y los que aman el cine, la película. No es cuestión de generalizar; cada formato tiene sus virtudes pero también sus limitaciones y cada versión aporta aspectos diferentes: la película aporta el poder de la imagen, el libro profundidad.

   Hace unos meses Chelo, de ‘El blog de Chelo’ y la que escribe decidimos complementar nuestras respectivas aficiones: Chelo, el cine y yo la lectura. Nos comprometimos a hacer una entrada conjunta. Yo me leería un libro en el que se hubiera basado una película mientras que ella visionaría la película correspondiente. Luego cada una haría su valoración para confrontar los dos puntos de vista. Pensamos que sería una curiosa manera de analizar una misma historia contada en dos formatos distintos.  

   Bien, esa idea se ha llevado a la práctica  creando una sección en nuestros respectivos blogs: “Al alimón”. Esperamos que os parezca tan divertida como a nosotras nos lo resultó diseñarla primero y realizarla después.

Ya nos hemos puesto manos a la obra para colgar la primera entrada. Aquí os dejamos una pista:


Kirke  


17 de septiembre de 2015

Mañana en la batalla piensa en mí

   "Víctor es invitado a cenar a casa de Marta Téllez, una hermosa mujer casada a la que apenas conoce y cuyo marido está de viaje en Londres. La noche promete pero, antes de poder consumar el adulterio, Marta comienza a sentirse mal y muere. Víctor huye entonces de esa casa ajena, dejando a un niño de dos años durmiendo en una de las habitaciones y a una mujer muerta. Su reacción y esa infidelidad no consumada lo obsesionarán."

   Esta sería la sinopsis y casi el argumento completo pues toda la novela   no tengo muy claro que en realidad sea una novela aunque así esté catalogada   es una continua reflexión sobre lo que le ocurre a Víctor esa fatídica noche y las consecuencias que se derivan de la huida dejando solo al niño y a la madre muerta. Lentamente  muy lentamente  se van desentrañando las vidas de Marta y su familia dejando ver que no todo es como realmente parecía y donde el engaño lo preside todo.

   De hecho el propio autor describe esta novela como un relato sobre el engaño (y su descubrimiento). En el epílogo se transcribe el discurso que pronunció cuando le fue entregado el Premio Rómulo Gallegos con el que fue galardonado este libro y me llamó la atención que hiciera referencia a una frase que aparece un par de veces en la novela y que yo subrayé previamente cuando la leí: "Vivir en el engaño o ser engañado es fácil, y aún más, es nuestra natural condición, nadie está libre de ello y nadie es tonto por ello, no deberíamos oponernos mucho ni deberíamos amargarnos".

   También se hacen diferentes reflexiones sobre temas dispares como la muerte ("Cuantos hablan de mí no me conocen y al hablar me calumnian; los que me conocen callan, y al callar no me defienden; así, todos me maldicen hasta que me encuentran, mas al encontrarme descansan, y a mí me salvan, aunque yo nunca descanso"), o sobre la libertad de elegir, sobre los recuerdos sesgados e incompletos y muchas cosas más. Por eso no tengo muy claro que esta obra sea una novela, creo que va más allá.

   A mí la exposición me ha parecido un poco kafkiana porque algunas situaciones se presentan algo estrambóticas. Por ejemplo, en un momento de la narración el protagonista se entrevista con el Rey    dado que la obra se escribió en 1994 supongo que se trataba de Juan Carlos I, y digo supongo porque en ningún momento se refiere a él por su nombre sino por diferentes apodos como el Único, Only you o Solo   el caso es que se ponen a hablar de diferentes temas y cavilan sobre el insomnio o el argumento de la película Campanas a medianoche, En otro momento de la novela el protagonista se reúne con una prostituta y durante ese encuentro no está seguro de que en realidad sea su ex-mujer a la que hace tan sólo dos meses que no ve (¿?). El remate a estas situaciones surrealistas fue el comparar la irrupción de una señora de la limpieza   con fregona en ristre   en la sala del palacio donde se entrevista con el monarca y compararla con una banshee (una figura de la mitología irlandesa que anuncia con llantos la muerte de un ser querido). En fin, un poco raro todo y que a mí me hizo dispersarme continuamente. 

   Es la primera vez que leo a Javier Marías   aparte de sus artículos periodísticos   y tengo que reconocer que me ha resultado agotador. El poco uso de los puntos y aparte   e incluso de los puntos y seguido   con frases interminables ha hecho que acabara sin aliento algunos párrafos. Su prosa es muy cuidada   poética diría yo   y llena de metáforas; hay que leerlo reposadamente pero quizás sea demasiado profundo para mí.

   Lo mejor: el epílogo, pues en él se habla de lo que supone leer Novela, "la forma más elaborada de ficción". Me gusta mucho este género, por eso me he sentido identificada cuando en ese epílogo al referirse a los lectores argumenta "el hombre, quizá aún más la mujer, tiene necesidad de algunas dosis de ficción, esto es, necesita lo imaginario además de lo acaecido y real".

Kirke  


   

14 de septiembre de 2015

De diosas y de brujas



   Desde hace tiempo muchos amigos internautas me preguntan de dónde viene mi alias, Kirke, así que hoy me he decidido a explicarlo.

   Kirke es la transliteración de Κίρκη,  el nombre en griego de la diosa Circe.

   Circe era una diosa y hechicera que tenía conocimientos de herbología y medicina. Residía en una isla en una mansión de piedra cerca de un bosque donde se dedicaba a elaborar pociones. Parece ser que los brebajes que preparaba servían para transformar en animales a las personas que la ofendían y que los lobos y leones que vivían con ella eran sus víctimas.

   Se la consideraba una maga muy poderosa. Tiene un papel destacable en la Odisea donde convierte a parte de la tripulación de Ulises en cerdos y cuando llega el griego a pedirle explicaciones ella va y se enamora de él por lo que devuelve a su forma original a los tripulantes. Yo creo que muy poderosa no debía de ser porque perdió los papeles en cuanto vio a un apolíneo héroe; diosa pero mujer enamorada al fin y al cabo. De este enamoramiento nacieron varios hijos con destinos algo truculentos pero muy acordes a lo que se estilaba por aquella época ya que uno de ellos mató a Ulises por accidente y luego se casó con su viuda (para que luego digan que nuestros actuales seriales de televisión son retorcidos).

   Esta sería a grandes rasgos la biografía de esta diosa/hechicera aunque para mí representa una auténtica bruja. De hecho yo la considero la pionera de las brujas y de ahí mi fascinación. Desde niña siempre me cayeron bien las brujas de los cuentos, no sé por qué pero me resultaba más atractivo el vivir en una casita en el bosque que en un palacio lleno de salones enormes y techos altísimos que era donde residían las princesas. Sí que es verdad que las brujas en los cuentos habitualmente son las malas y las princesas las buenas pero a mí siempre me ha parecido más interesante el lado oscuro de las historias.

   Se da el caso además que soy farmacéutica y eso de hacer pociones pues me gusta mucho; quizás esa sea otra razón que explique mi afinidad por esta diosa. Desde luego la intención de los boticarios es hacer mejunjes que sean beneficiosos para la salud y que yo sepa aún no se ha descubierto ninguna sustancia que consiga transformar en animal a los humanos aunque algunos ya vienen de serie con comportamientos animales, pero esa es otra historia. Al igual que ella me enfadan determinadas personas por su actitud hacia mí o hacia mis semejantes y reconozco que en esas ocasiones me gustaría tener los poderes de Circe y convertirlas en cerdos -siempre que leo las noticias añado varios nombres a la lista- pero de momento tendré que dejar esa ilusión en el terreno de las quimeras. 

  Otra razón más por la que me gusta esta diosa: consiguió ligarse a Ulises que según las crónicas estaba de muy buen ver y además era muy inteligente (recordad que si no es por su caballo la guerra de Troya no se habría acabado). 


  En una sociedad como la nuestra donde todo se valora y se mide con cantidades exactas, donde se veneran a los poderosos aunque sus méritos no estén a la altura de su poder, donde todo tiene un precio y todo es tangible creo que de vez en cuando deberíamos pensar más en dioses; en los dioses que se enfadan y convierten a los mortales en lobos pero que también se enamoran y entonces se vuelven bondadosos, se unen con los humanos y procrean. Deberíamos soñar más con bosques perdidos donde habitan hechiceras y no con palacios de salones enormes y fríos donde moran princesas que sólo piensan en un príncipe azul (y poderoso).

   Yo de vez en cuando me escapo de la realidad que me toca vivir y es entonces cuando me hago llamar Kirke, tomo un libro y en sus páginas viajo a través del tiempo a otras épocas, a otros mundos y vivo otras vidas o simplemente me imagino que vivo en un bosque y allí espero haciendo pociones a que algún malvado se me ponga al alcance y pague sus fechorías convirtiéndolo en cerdo.


Kirke  

P.D. Después de publicar esta entrada una tocaya internauta, Circe F, me ha prestado un montaje que ella misma realizó, se llama Isla de Circe y la poesía que se lee es de Antonio Colinas. Gracias Circe F por estas bonitas imágenes.







10 de septiembre de 2015

El húsar

   Esta es mi lectura para participar en la iniciativa Septiembre mes guerrero.

   En plena Guerra de la Independencia un joven oficial francés, Frederic Glüntz, llega a España como integrante del primer escuadrón del 4º de Húsares. Acaba de salir de la academia militar y está pletórico de ideas románticas sobre la guerra y la patria. "Había entrado en la milicia como quien entra en religión, abrazando su sable como quien abraza una cruz. Y si los sacerdotes o los pastores aspiraban a ganar el cielo, él aspiraba a ganar la gloria."

   Sin embargo y ya antes de entrar en batalla va percibiendo que la realidad es muy diferente a lo que él pensaba. 

   Para empezar esta no es una guerra al uso. No se enfrentan solamente a soldados de otro ejército; el pueblo llano también interviene y para más desconcierto hay otro elemento hasta ese momento completamente desconocido en la milicia: las guerrillas. Y es que en España "hasta los perros, las aves, el sol y las piedras son enemigos" de los franceses. Frederic siempre pensó en "guerras limpias, donde los curas no se echen al monte con la sotana remangada y un trabuco a la espalda, y las viejas no arrojen aceite hirviendo sobre nuestros soldados". 

   Además en un par de escaramuzas en las que interviene antes de su bautismo de fuego toma contacto con lo más crudo de la guerra sintiendo que sus ideales empiezan a flaquear. "Así que (la guerra) era eso: barro en las rodillas y sangre en el vientre, atónita sorpresa en la rígida expresión de los muertos, cadáveres despojados, lluvia y enemigos invisibles de los que apenas se percibía la humareda de los disparos. La guerra anónima y sucia".

   Una crítica excelente a la sinrazón de la Guerra. Da igual el motivo o el porqué se pelea, el resultado siempre es el mismo: soledad, frío, miedo, barro, sangre. Un Pérez-Reverte en estado puro -la obra se escribió en 1983- relata crudamente cómo los ideales se desvanecen ante la cruel realidad, cómo el romanticismo sólo tiene cabida en los libros y en los salones cuando se trata de enfrentamientos donde sólo cabe el dolor y la muerte.

   A lo largo de esta lectura me vino a la memoria una canción de Cecilia, Soldadito de plomo. Esta canción ha sido siempre para mí un referente 'antibélico', creo que es una de las canciones más pacifistas y bonitas que he oído. Aquí pongo la letra porque me parece un buen broche final para esta reseña y también para esta iniciativa.

Soldadito de plomo
es el colmo
que tengas que luchar 
por un general de madera.

Formación de batalla
y al final de tu guerra
una medalla, una bandera,
un hoyo bajo la tierra.
Cuerpo a tierra brigada
que al final de la escalada
te espera tu compañía
y te desea tu compañera.

Soldadito de plomo
es el colmo 
que tengas que morir
por lucir tu guerrera.

Cruces, condecoraciones,
distintivos, galones,
entorchados, espadines,
bandas y fajines.
Mosquetones, fusiles, 
y sables y balines,
cartucheras y granadas,
bayonetas caladas.

Soldadito de plomo 
que pena 
que tengas que matar 
por la paz con la guerra.

A matar al enemigo, 
a rematar al herido; 
que se abran las fosas 
y que se cierren los sentidos.
Firmes carguen y fuego 
un pelotón está en juego 
y al entrar en combate 
no vuelva quien no mate.

Soldadito de plomo 
no hace falta 
que tengas que luchar 
por un general de madera.


             Kirke  





3 de septiembre de 2015

La casa de las miniaturas

 Corre el año 1686. Nella es una muchacha de dieciocho años que al casarse se traslada a vivir con su marido a Amsterdam. El esposo, veinte años mayor que ella, le regala una casa en miniatura que es una réplica de la vivienda en la que habitan. Cuando Nella encarga a un miniaturista objetos para complementar la casa de juguete empieza a recibir figuras que representan a los habitantes de su casa pero con características singulares que son el reflejo de hechos que acaban sucediendo.

   Así, de entrada, la novela se me presentó muy atractiva. La época y el lugar me resultaron atrayentes y ese enigma de la casita le daba un punto inquietante. 

   Lo que me encontré dentro del libro fue otra cosa muy diferente y con resultados también distintos. La verdadera historia no se encuentra en la casa de las miniaturas sino en la de verdad, en la casa real y que es representada por la de juguete. En su interior hay muchos secretos y personajes oscuros que al final resulta que no lo son tanto.

    El marido de Nella, un próspero y reputado comerciante, y su hermana, una mujer soltera y con una fuerte personalidad son dos referentes sobre los que descansa la historia que a medida que se va leyendo muestra muchas sorpresas.

    Se supone que tengo que calificar esta lectura y la verdad es que no sé cómo hacerlo. Por un lado me ha gustado 'la intención' de la autora. Creo que ha pretendido -o así lo he entendido yo- hacer un canto a la libertad del individuo, a "la capacidad de elegir y la de moldear el propio destino" pero ese canto se ha quedado en cancioncilla porque no llega a profundizar debidamente en ese tema y la deriva de los personajes acaba en un auténtico folletín.

   Reconozco que la labor de documentación de la escritora es muy buena. La ambientación de la Holanda del siglo XVII es rigurosa y se cuenta sucinta pero claramente cómo estaba estructurada la sociedad, con sus gremios, los burgomaestres y el anti-papismo de fondo imperante en aquellos tiempos. La situación religiosa aunque no profundiza mucho en ella -el calvinismo también se llevó unas cuantas víctimas a la hoguera- se expone de forma clara como contraposición a ese anhelo de algunos personajes por defender su identidad, "quienes carecen de horizontes pretenden ahogar los nuestros".

   Por otro lado la forma de narrar utilizando el presente de indicativo como tiempo verbal me resultó incómoda. Se supone que usar esta conjugación para relatar sucesos hace que estos se presenten más cercanos al lector pero a mí concretamente me impidió que me situara en el contexto. Desde luego no sentí esa pretendida cercanía, ni siquiera empatía con ningún personaje. Todo muy frío.

Kirke     


1 de septiembre de 2015

Rosalía de Castro


   Fiel a mi promesa de dedicar una entrada al mes a la poesía aquí viene la segunda entrega. En esta ocasión se trata de una mujer: Rosalía de Castro.

  La poesía de esta autora está cargada de melancolía, de tristeza, de saudade. Quizás para entender mejor su forma de escribir habría que contar algo de su biografía.

   Rosalía nació en 1837 en los aledaños de Santiago de Compostela. Fue hija natural de un sacerdote, algo que la marcó y que posiblemente dejó una impronta en su obra. Su infancia se desarrolló en una zona rural gallega lo que le hizo contactar con el campesinado y ser consciente de la dureza de la vida del campesino. Con casi 20 años se traslada a Madrid y allí su vida social se desenvuelve en círculos intelectuales. Se casa con el escritor Manuel Murguía que la apoya y anima a publicar sus poemas -algo muy inusual pues el papel de la mujer en aquella época era muy poco relevante y sobretodo en el mundo de las letras- con lo que su obra empieza a ser conocida. Por razones laborales su marido tiene que ausentarse largos periodos dejándola sola. Tiene varios hijos y dos de ellos mueren a temprana edad. Además su salud siempre fue muy frágil. Todo esto quizás marcó la personalidad de esta poetisa que siempre mostró un carácter muy reservado. En sus poemas la tristeza, el pesimismo y el sufrimiento son casi una constante. Finalmente murió a la edad de 48 años en Padrón.
   Dicen que momentos antes de morir inhaló el aroma de unos pensamientos (su flor preferida) y que le dijo a su hija "abre la ventana que quiero ver el mar" algo extraño porque en Padrón no hay mar, si a esto le añadimos que a Rosalía siempre le tentó el mar como una vía de suicidio sus últimas palabras se muestran enigmáticas.



   El que una mujer en la segunda mitad del siglo XIX fuera reconocida como escritora ya era algo muy poco habitual pero es que además escribió en su lengua materna: el gallego. Por aquel entonces el castellano era el idioma de las clases pudientes y sólo la población de menor nivel cultural en Galicia hablaba gallego. Sin embargo ella con su obra reivindicó su identidad y ahora se la considera un icono por aquellos lares.

   Mi madre también nació muy cerca de Santiago de Compostela. He pasado muchos veranos en Galicia. Crecí viendo los montes verdes que la caracterizan, la bruma de los atardeceres y la lluvia que es un habitante más de aquellas tierras. Todo invita a la melancolía en muchas ocasiones. Por eso quizás me atraen tanto algunos de sus poemas, porque entiendo esa tristeza y entiendo muchos de los sentimientos que expresa al referirse a esos paisajes tan queridos para mí.

  El poema que he elegido es uno de los más conocidos, Negra sombra. Pertenece al poemario Follas Novas y lo he seleccionado porque creo que refleja muy bien la saudade característica de Rosalía, esa sombra que nunca la abandonó. 
   Es una traducción al castellano del gallego inicial. La versión original -para mí mucho mejor pues creo que algunas palabras en gallego suenan más melancólicas que en español- se puede disfrutar en el vídeo que viene después: la canción versionada por Carlos Núñez y Luz Casal.

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pié de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el murmullo del río
y eres la noche y eres la aurora.

En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

Rosalía de Castro (1837-1885)




    
   Espero que también hayáis quedado asombrados con el sentimiento y la belleza que anidan en este poema.

Kirke  




Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores