27 de agosto de 2015

Novela de ajedrez

   Más que una novela yo la calificaría de relato corto pero tan bien desarrollado que Zweig nos demuestra que no es necesario extenderse mucho para relatar una buena historia.

   Un campeón mundial de ajedrez, Czentovic, se encuentra en un barco con destino a Buenos Aires con un curioso contrincante: el señor B, un noble vienés que fue torturado por los nazis.

  Czentovic y el señor B son dos personajes completamente distintos pero con una misma pasión: el ajedrez.

   La diferentes personalidades de los dos protagonistas se hacen llamativas en cuanto que los dos son excelentes jugadores de ajedrez pero sus capacidades son muy diferentes. Czentovic  es un hombre muy limitado intelectualmente, "cuanto más se limita un individuo, tanto más cerca se halla, por otra parte, del infinito", pero extraordinariamente dotado para ese juego, "una veta de oro en una tonelada de roca". Sin embargo el señor B posee un gran intelecto y un gran bagaje cultural. 

   Novela de ajedrez es una alabanza al ajedrez.   Para empezar, la definición que se hace de este juego es magnífica: "Juego de reyes. El único entre todos los ideados por el hombre que se sustrae soberanamente a toda tiranía del azar y otorga sus laureles de vencedor de un modo exclusivo al espíritu, a una forma determinada de la habilidad intelectual". 


      
    Se nos muestra cómo este juego de reyes supone diferentes cosas según quién lo juegue. Para unos, Czentovc, es -aparte de un medio de vida- una manera de descollar y sentirse superior. Para otros, el señor B, es un salvavidas que le evitó sucumbir durante su cautiverio con los nazis.

    A cuenta del pasado del señor B se habla de un concepto que en la pluma de Zweig se torna casi poético: la nada. Algo que equipara a la peor de las torturas psicológicas que puede sufrir un individuo, "ninguna cosa del mundo ejerce tanta presión sobre el alma humana como la nada". La descripción de cómo el aislamiento de una persona puede ocasionar un daño irreparable es sencillamente espléndida, "no había nada que hacer, que oír, ni ver; por todos lados me rodeaba ininterrumpidamente la nada, el vacío absoluto, carente de espacio y de tiempo. Me paseaba arriba y abajo y conmigo iban los pensamientos. Pero aun las ideas, por más insustanciales que parezcan, necesitan un punto de apoyo; de lo contrario empiezan a girar insensatas en derredor de sí mismas; ellas tampoco soportan la nada".

    Conocí a Stefan Zweig con Carta de una desconocida y quedé embelesada por su forma de escribir. Luego leí Momentos estelares de la Humanidad y me declaré seguidora incondicional de este autor prometiéndome a mí misma leer más obras suyas. Esta es la tercera que leo y no me ha defraudado. 

   Cuando un escritor tiene la calidad de Zweig leer algo suyo es una apuesta más que segura.

Kirke  





   

24 de agosto de 2015

Bariloche

   "Demetrio Rota, recogedor de basura de un barrio de Buenos Aires, se dedica a dormir por las tardes y a montar puzzles por las noches antes de marcharse al trabajo. Su vida cotidiana, exceptuando alguna peripecia sexual, es mediocre hasta la desesperación y se mantiene en equilibrio por puro agotamiento."

   Esta es la sinopsis y es muy fiel a lo que uno se va a encontrar. Este libro tiene muy buenas críticas y me da algo de reparo hacer esta reseña porque aparte de resultar sincera no sé si también apareceré como una inculta o una ignorante. 

   El libro es muy breve -menos mal- y trata de la vida de Demetrio. Esa vida consiste en ir a trabajar de madrugada para recoger la basura, siempre en las mismas calles y siempre a la misma hora. Cuando su jornada laboral termina, desayuna, utiliza el transporte público y llega a su casa, emplea algunas horas en recomponer el puzzle de turno, se acuesta y cuando se despierta se viste. Este sería un día habitual de Demetrio donde la rutina hace que cada día sea igual al siguiente. La novela nos relata varios días de esta vida. Fascinante. 

   Mezclado con el relato de estos días se cuenta la niñez de Demetrio para explicar algunas de las cosas que hace en la actualidad; explicación que a mí no me terminó de convencer ya que no entiendo por qué las cosas que le suceden a su familia convierten su vida de adulto en un auténtico rollo.

   El lenguaje utilizado es precioso, poético y francamente bonito. Descripciones elaboradas de situaciones poco sugerentes donde el lenguaje utilizado las convierte en algo bello: "La tormenta se agolpa dilatando terribles vientres negros y gaseosos. El agua viaja, encrespa su transcurso".

   Es lo único para mí destacable; porque si dejamos la redacción de lado -lo que es mucho dejar- el libro me ha resultado muy aburrido. Y es que esa descripción de la vida cotidiana mediocre de Demetrio es tan meticulosa y tan vulgar -me refiero a la existencia del protagonista no a la descripción-  que no le he encontrado ningún atractivo.

   He leído otras reseñas y me he dado cuenta que quizás mi ineptitud me ha impedido captar toda la calidad que destacan otros críticos. La afición del protagonista por montar puzzles se asocia con la reconstrucción de su pasado y así entender su presente; lo que para mí resultó un argumento caótico pues se mezclan, a veces en el mismo párrafo, momentos de su niñez con los de su madurez resulta que es una alegoría a esos puzzles que se dedica a hacer. ¡No lo había pillado! A lo mejor fue porque, al igual que el propio autor describe en la novela, a mí hacer puzzles me parece "una soberana taradez, pasarse horas reconstruyendo una foto que ya venía enterita en la tapa de la caja". 

   La verdad es que hay mucha simbología en todo el libro y cuando se lee siempre hay que tener en cuenta una segunda interpretación, algo que a mí me ha resultado muy laborioso y me ha dejado algo exhausta porque me parece que en algunos momentos he buscado tres pies al gato cuando no procedía. Lo peor es que en algunos fragmentos me perdía un poco y por desgracia uno de esos fragmentos fue el capítulo final con lo que no estoy segura de saber muy bien cómo acaba la novela. 

   Pero de todas formas creo que sí he captado la moraleja final -o alguna de ellas que a lo mejor había más de una- y que yo resumiría así: los actos de hoy son la consecuencia de lo que hicimos ayer; el eco de nuestro pasado permanece sordamente detrás de nuestro presente.

Kirke     




22 de agosto de 2015

Septiembre, mes guerrero


      Esta es una iniciativa que vi en El blog de Juan Carlos y que parte de Libros que hay que leer.
Consiste en leer libros de temática guerrera: "cualquier novela que se sitúe en un período de guerras (las mundiales, la civil, la postguerra incluso, son las más conocidas, pero guerras, desgraciadamente, ha habido muchas y novelas que las toquen también)" 

   A mí las novelas estrictamente bélicas no me suelen gustar, pero las que se ambientan en épocas de guerra sí porque me gusta saber las historias de personajes que tienen que afrontar un conflicto tan desgarrador como es el de una guerra. Además en algunas se mezcla también algo de aventura, y en este caso me refiero a las guerras que sucedieron antes del siglo XX. 

   Debido a todo esto he leído bastantes novelas "guerreras" y no me puedo reprimir para poner algunos ejemplos que a lo mejor pueden servir de recomendación para quien no esté acostumbrado a este tipo de lectura.

   Sobre la Guerra Civil de España he leído bastante y aquí pongo tres ejemplos:


   Si queremos cambiar de zona también puedo recomendar dos libros muy buenos sobre nuestras batallas en África:


   Como guerras, por desgracia, las ha habido en todas partes y en cualquier época, también pongo aquí un ejemplo de las que tuvieron griegos y persas:


    Yo, por mi parte, y para participar en esta bonita iniciativa me pienso leer una novela ambientada en nuestra Guerra de IndependenciaEl húsar de Pérez-Reverte. Hace tiempo que la tenía en mente y creo que esta es una buena ocasión para leerla de una vez. Ya os contaré.

Kirke     



20 de agosto de 2015

Federico García Lorca


   Con esta entrada inicio una nueva sección en el blog: Poemas y Cantares. Pretendo retomar una costumbre que perdí hace muchos años: leer poesía. 

   Siempre me he considerado poco apta para valorar la poesía. Creo que para leer un poema y captar todo el mensaje que conlleva hace falta además de sensibilidad, reposo y tranquilidad, cualidades de las que no ando muy sobrada. Sin embargo gracias a mis amigos blogueros de los que me enriquezco con sus impresiones he decidido poner remedio a este defecto mío. 

  Hace unas semanas una de mis amigas blogueras, Arethusa, comentaba lo mucho que le gusta la poesía y especialmente Bécquer, ese comentario me hizo recordar que este poeta en mi adolescencia me gustaba mucho y volví a releer alguno de sus poemas. Por otra parte mi amigo y 'padrino' bloguero Francisco tiene entre sus muchas habilidades el escribir bellos poemas, lo que también ha contribuido a que me dé cuenta de que es un género que me gusta más de lo que creía. Ayer Rosa colgó en su página de Facebook un enlace recordando el aniversario de la muerte de Lorca provocando a su vez que releyera también algunos poemas de él. Ya por último mencionaré a otra amiga, Chelo, que me regaña cuando digo que me falta sensibilidad porque dice que no es verdad: espero demostrar con esta entrada y las que le seguirán que tiene razón.

   Con estos antecedentes me he rendido a la evidencia y me he propuesto colgar todos los meses una entrada relacionada con la poesía. En este mes de agosto y siguiendo la idea que me proporcionó Rosa se la dedico a Federico García Lorca aprovechando que ayer se cumplieron 79 años de su asesinato.

   De este autor lo que más conozco es su obra teatral. Creo que la primera obra de teatro a la que asistí por voluntad propia, es decir, sin que fuera una obligación del colegio, fue "La casa de Bernarda Alba". Luego le siguieron otras como "Mariana Pineda" o "Yerma". La fascinación que sentí por Lorca a través de los personajes de sus obras de teatro hizo que me atreviera a leer sus poemas y la experiencia fue cautivadora.

   No pretendo analizar la poesía de Lorca porque sería una petulancia por mi parte y porque no es esa la intención de esta sección. Simplemente me gustaría plasmar con un ejemplo la sensibilidad de este malogrado poeta. Sería muy difícil elegir un poema de entre los muchos que tiene. Su vida fue muy corta pero aún así fue un creador prolífico. Pongo aquí uno de los poemas que más me gustan: Canción del muchacho de siete corazones

Siete corazones
tengo.
En el alto monte, madre,
tropezábamos yo y el viento.
Siete niñas de largas manos
me llevaron en sus espejos.
He cantado por el mundo
con mi boca de siete pétalos.
Mis galeras de amaranto
iban sin jarcias y sin remos.
He vivido los paisajes
de otras gentes. Mis secretos
alrededor de la garganta,
¡sin darme cuenta!, iban abiertos.
En el alto monte, madre
(mi corazón sobre los ecos,
dentro del álbum de una estrella),
tropezábamos yo y el viento.
Siete corazones
tengo.
¡Pero el mío no lo encuentro!

  Supongo que entre los posibles lectores de esta entrada habrá muchos a los que les guste Lorca. Me encantaría que me contaseis qué poema os gusta más de él.
¡Se abre el telón!

Kirke      

19 de agosto de 2015

Misterioso asesinato en casa de Cervantes

   Basándose en un proceso judicial a Cervantes por el asesinato de Gaspar de Ezpeleta, Juan Eslava Galán ha recreado la investigación de los hechos en esta maravillosa novela. Una recreación estupenda con un lenguaje y una prosa a los que ya nos tiene acostumbrados este genial escritor.

   En 1605 a las puertas del domicilio de Cervantes muere acuchillado el hidalgo Gaspar de Ezpeleta. Las primeras indagaciones encuentran indicios de que Cervantes está involucrado. Una duquesa, admiradora del escritor, encarga a una amiga la investigación del asesinato para exonerarle. 

   Ante esta presentación cabría esperar una novela de corte detectivesco. Lo es pero también es mucho más. Lo interesante ha sido lo que rodea o complementa esa investigación. Se tocan muchos temas y todos muy atractivos.

   Además de contarnos las pesquisas referentes al asesinato, el autor nos presenta a Cervantes: sus motivaciones, sus complicadas relaciones con las mujeres con las que convive -hermanas, sobrina e hija natural- y sobre todo su postura ante determinadas cuestiones como el papel de la mujer en la sociedad de la época.

    Haciendo un guiño a la obra de Cervantes la protagonista, Dorotea, se viste en ocasiones de hombre, Teodoro, para facilitar su investigación ya que a determinados círculos una mujer no puede acceder. Y es que Cervantes utilizó esta 'maniobra' en alguna de sus novelas ('Las dos doncellas', 'El gallardo español' o 'La casa de los celos'). Se hacen comentarios muy interesantes del papel de la mujer y cómo Cervantes fue un adelantado a su tiempo: "las mujeres sean libres y alcancen su propio albedrío sin esa sujeción al hombre que padecen". Se nos recuerda también que en muchas de sus obras "las mujeres escogen libremente marido y buscan por su ingenio de qué valerse en la vida sin ayuda de los hombres".

   Siempre me gustó Cervantes como escritor, ahora empieza a gustarme más por su talante progresista y por ser un pionero no sólo de la novela moderna.

    También se hace una crítica demoledora de la situación político-social de la España del siglo XVII. Me ha impresionado que algunos párrafos parecían describir la situación actual y no la que había hace más de cuatrocientos años si cambiáramos algunos vocablos:  

"Cada día que pasa España se empobrece más por la mengua del trabajo el desgobierno de los que dan en seguir la vana honra del mundo, pues entre ricos que huelgan, religiosos que solo atienden a los asuntos del Cielo, humildes que visten la pereza bajo capa de pobreza y labradores que con el más fútil pretexto declaran día feriado, nadie trabaja."

"Por otra parte, en esta casa fatigosa nuestra de España hay tan gran suma de hijosdalgo, monasterios, clérigos y otras personas de orden, libres de pagar tributos, que necesariamente todo el peso del mantenimiento del reino descansa sobre los débiles lomos de unos pocos, los cuales lo tienen a maldición y sólo sueñan con pasarse al número de los que viven de rentas y no pagan al fisco".

   También me llamó la atención que el Duque de Lerma cuando fue depuesto como valido del rey y ante lo que se le venía encima por el enriquecimiento que había obtenido por las prebendas del cargo, consiguió del Vaticano que le nombraran cardenal para así evitar ser juzgado. A mí esto me suena mucho, si cambiamos el Vaticano por el Senado ahora muchos 'duques de Lerma' están haciendo algo parecido. Creo que se llama aforamiento. Por cierto que a cuenta de esta artimaña al duque le escribieron unos versos con mucha chispa: "Para no morir ahorcado el mayor ladrón de España se vistió de colorado".

   Supongo que Eslava Galán ha querido hacer un paralelismo entre aquel Siglo de Oro y el que nos toca vivir con todas sus luces y sus miserias. En fin, que no hay nada nuevo bajo el sol. Y para muestra de lo que digo aquí vienen unas frases puestas en boca de Cervantes: 

   "La vileza, el abuso y el mal gobierno son manzanas podridas que malogran las sanas por eso esta España que las consiente no levanta cabeza"

Kirke      

  

17 de agosto de 2015

La industria farmacéutica y la moral





   Hoy un amigo ha colgado en su página de Facebook una interesante información de un medicamento muy efectivo sobre determinados tumores, pero en su análisis hacía referencia a que se le consideraba un 'fármaco huérfano', es decir, la industria farmacéutica no lo desarrolla ampliamente porque al afectar a un número reducido de pacientes no es rentable su investigación.

   Hace unos meses hubo cierta polémica acerca del precio real del tratamiento para la hepatitis C con un fármaco llamado Sovaldi, ya que todos los datos que se barajaban indicaban que el coste de la producción no se correspondía con el precio final al comercializarlo.

  Todo esto me ha hecho ponerme filosófica: hasta qué punto el beneficio empresarial es lo primero y después viene todo lo demás. Cuando todo lo demás es la salud y el sufrimiento de personas me parece que habría que reflexionar.

   En su día oí unas declaraciones de una exdirectiva de la compañía farmacéutica que suministra el fármaco para la hepatitis C. En una entrevista llegó a justificar el elevado precio alegando que "España puede pagar este precio, teniendo en cuenta su renta per cápita, el número de infectados y el coste para la Sanidad Pública".

   Según la oía sentí espanto. Espanto porque tiene razón. Tiene razón en cuanto que la política de una empresa privada es ganar dinero y cuando se calcula el precio de un medicamento se atiende al poder adquisitivo del posible comprador. Cómo se calcula ese poder adquisitivo ya es otro cantar, pero así es. Por eso, justifica, "Sovaldi puede costar 70.000 euros en Estados Unidos y 750 euros en Egipto". Es lo que desde la farmacéutica definen como un "reparto solidario". Por otra parte, la frialdad y el desprecio de los que hizo alarde al referirse a los enfermos de países pobres -Egipto, donde cree que se tratan con agua bendita- fue simplemente repugnante.

   Supongo que esta mujer, en el hipotético caso de que contrajera la enfermedad -que no se lo deseo- podría costearse el tratamiento con su propio peculio, ya que seguramente tenga un salario más que generoso -no digo yo que inmerecido, que conste- y si además, no ha vivido por encima de sus posibilidades -porque sus posibilidades son muchas dado su poder adquisitivo- la crisis es cosa de 'los que se tratan con agua bendita'.

   Me llamó la atención que esta señora, cuando le empezaron a llover críticas, se disculpara alegando que sus palabras habían sido malinterpretadas. Yo creo que no, que lo dijo todo bien claro.

   También me llama la atención que un sector como es la industria farmacéutica utilice, para explicar su política de precios, la expresión “reparto solidario”. No creo que comprendan muy bien lo que es la solidaridad; no está en sus manuales.  

   Sé que una empresa privada, como es el sector farmacéutico, ni es una ONG ni se dedica a los servicios sociales. Investigar cuesta mucho -doy fe- y eso hay que rentabilizarlo, pero cuando el beneficio que se quiere obtener es escandaloso y eso además implica la muerte de enfermos que no tienen otra solución creo que no todo está permitido.

   No sé si en algún momento los directivos de este tipo de empresas son conscientes de que están tratando con la salud de personas, con el dolor, con la vida. Cabría esperar de ellos un comportamiento ético superior al de cualquier otro tipo de actividad.

   En fin, soñar es fácil y desde luego mucho más barato.

Kirke    

14 de agosto de 2015

Canta Irlanda

   Un nuevo libro de viaje de Javier Reverte, en esta ocasión su deambular discurre por Irlanda.
  
   En este relato además de describirnos los parajes por donde viaja, Reverte rinde un sentido homenaje a "esta isla en la que no hay serpientes, que exporta al mundo miles de curas y monjas y millones de litros de cerveza negra, que presume de tener uno de los índices más bajos de suicidios de la Unión Europea, que nunca ha invadido a nadie y que ha sido tantas veces invadida (sobretodo por ingleses que se quedaron un buen rato) donde sus habitantes beben hasta el delirio Guinness y whiskeys, gentes que prefieren la carne al pescado, las patatas a las verduras, y que aman los cisnes, los caballos y a los poetas. En su bandera nacional no hay feroces águilas ni leones, tan sólo una delicada arpa gaélica".

    Con esta sucinta pero exacta definición nos adentramos en la Geografía y la Historia de Irlanda.

    Quizás se pueda decir que los principales productos irlandeses a parte de la cerveza y el whiskey son los escritores. Es un país de escritores y de poetas, pero no sólo eso, además son amados y admirados por sus compatriotas, algo que no suele ocurrir en otros países como España, sin ir más lejos.

   

   Tomando como referencia las ciudades que vieron nacer a Joyce, Kavanagh y Yeats se hace un repaso de la vida y la obra de estos magníficos escritores. También se habla de Wilde, Swift, Stoker y muchos más. Todos ellos irlandeses, demostrando que esa isla fue prolífica en cuanto a literatos se refiere.


   Como "en Irlanda se canta la Historia, sus héroes (ciertos o inventados), sus gestas, sus batallas" el escritor inserta constantemente canciones y poemas al referirse a cualquier hecho o personaje citado. Esta profusión de canciones en versión original -con su traducción correspondiente al español- a mí personalmente se me hizo un poco pesada; y es que para mí una canción por muy bonita que sea su letra si no oigo a la vez la música como que no me atrae mucho.

   Reverte también utiliza este viaje para hablarnos de la cultura celta en la que se basan las leyendas y esa manía de cantarlo todo. Para mí esta parte me ha parecido muy pobre y me ha decepcionado. Personalmente siento una gran atracción por la Isla Esmeralda y esa atracción está sustentada en la magia que se respira en sus verdes montes y sus bosques donde al pasear por ellos una se espera encontrar un druida detrás de un roble. Las referencias a las leyendas celtas son muy pocas y sin mucha extensión. Tan sólo alguna alusión a la Calzada de los Gigantes (Giant's Causeway) o al Ben Bulben y poco más. Creo que el autor ha preferido hacer hincapié en historias más recientes en el tiempo y más documentadas aunque él mismo reconoce que "Irlanda es el país europeo donde se aman los mitos con más fuerza que los hechos probados". 


   Además de hablar de poetas y novelistas también se refiere a todas las fases/guerras que precedieron a la consecución de la independencia de Inglaterra. Asimismo se relatan los sangrientos años de terrorismo y muerte en el Ulster cuando estaba en su fase más cruenta el conflicto católico-protestante (troubles lo denominaron los ingleses con la flema que les caracteriza). Incluso se nos habla de los antecedentes a esta situación: la guerra entre jacobitas (católicos) y orangistas (protestantes) que tuvo lugar en el siglo XVII y que terminó con la derrota de los primeros. 

   Porque la Historia de Irlanda está plagada de derrotas. Como ya dijo James Joyce: "siempre fuimos leales a las causas perdidas". Según el escritor alemán Heinrich Böll "a los irlandeses les gusta la poesía de la desgracia" porque los héroes irlandeses pierden siempre.  En cualquier caso todas estas derrotas sirvieron para crear canciones de un lirismo y una melancolía conmovedoras que se convirtieron con el transcurrir de los años en himnos de identidad patriótica. Pero todas estas derrotas también sirvieron para alentar un arraigado odio por los ingleses.

    De todas formas soy de la opinión de Reverte : "es muy de agradecer que los escritores de un país, así como las baladas populares, canten a sus héroes derrotados. Porque cuando se canta a los héroes victoriosos, la Historia se vuelve a menudo terrible".

Kirke      


   

   

8 de agosto de 2015

La tecnología y las buenas costumbres


    Hace unos días mi amiga Arethusa me nominó/me retó a hacer un tag muy original. Había que responder a unas preguntas -esto es habitual en algunos blogs- pero la novedad en este caso estribaba en que había que hacerlo a mano. Es decir, nada de ordenadores, nada de teclados, nada de cacharritos. Con lápiz/bolígrafo y papel. Me pareció inusitado y me puse a la tarea; fue entonces cuando me di cuenta que me resultaba extraño el tomar un lápiz o un rotulador o un bolígrafo para escribir, cuando lo normal es hacerlo mediante un teclado. Todo esto me hizo reflexionar y de ahí esta entrada.

    Por mi profesión estoy acostumbrada a utilizar tecnología puntera -todo lo puntera que la universidad pública se puede permitir- y no me asusta aprender nuevas formas de hacer las cosas. Siempre que esa nueva manera implique una mejora en el trabajo -en rapidez o eficacia- no tengo inconveniente en aplicar nuevos aparatos, programas informáticos o lo que proceda. Sin embargo creo que tanta innovación nos ha hecho perder la perspectiva.

    Las nuevas tecnologías nos han facilitado muchas tareas pero nos han hecho olvidar buenas costumbres. Por ejemplo, la costumbre de escribir a mano. El tomar un lápiz, un bolígrafo -en mi caso una pluma estilográfica- ya se considera arcaico. Para qué 'obligar' a otros a descifrar nuestra letra cuando se puede mandar un mensaje vía telemática en letra de imprenta hecha por una máquina. Sí que es más cómodo y práctico pero pienso que también es más impersonal.

    Cuando yo iba al colegio una de las disciplinas que se impartía era caligrafía, con ella se perseguía tener una bonita letra. No siempre se conseguía pero al menos se intentaba. Ahora no nos esmeramos demasiado en nuestra letra entre otras cosas porque apenas escribimos a mano. Yo, hasta la lista de la compra la tecleo en el móvil para que así no se me olvide cuando voy al súpermercado. 

    Recuerdo las novelas ambientadas en el siglo XIX donde la gente se citaba enviándose notas que un lacayo -en el caso de las clases pudientes, claro- entregaba. Ahora ya está el whatsapp y no hacen falta lacayos, pero creo que el mero hecho de escribir de puño y letra ya llevaba un mensaje añadido al que literalmente se mostraba en el papel. Eso por no mencionar el vicio de acortar palabras que se ha extendido ahora y que hace olvidarnos de cómo hay que expresarse correctamente.

    Las nuevas tecnologías además de facilitarnos muchas tareas también nos han acostumbrado a una inmediatez que no estoy segura que sea siempre beneficiosa. Cuando yo era adolescente me comunicaba con mis primas de Santander y de La Coruña mediante carta; nos contábamos vivencias cotidianas que no tenían especial relevancia y éramos conocedoras de ellas con dos o tres días de retraso sin que ese paréntesis temporal afectase al mensaje transmitido. Actualmente cuando queremos comunicar algo tiene que ser en el momento, instantáneamente, no podemos esperar. De hecho si ahora nos enteramos de algo que ocurrió hace dos días ya está desfasado y no interesa.

 
   También recuerdo que en esas cartas añadíamos pequeños dibujos como ornamentación; ahora tenemos los emoticones. Nunca se me dieron bien las artes plásticas pero ahora ya ni siquiera me esfuerzo porque para eso ya tengo el power-point.

 Después de esta reflexión sigo pensando que las nuevas tecnologías nos han mejorado mucho la vida, no reniego de ellas pero eso no debe ser un impedimento para mantener algunas buenas costumbres como la de escribir, al menos de vez en cuando, con un bolígrafo en un papel. Yo intento seguir esta tradición aunque a los ojos de algunos me haga parecer algo rara. Me viene a la memoria una conferencia a la que asistí en un congreso -muy bien dotado tecnológicamente- donde yo era la única persona que estaba tomando notas a mano en una libreta mientras que mis vecinos empleaban sus tablets o sus ordenadores portátiles

   Quizás este empeño sea un brindis al sol pero creo que la tradición no tiene por qué estar reñida con la modernidad. Algunas cosas por antiguas no son necesariamente obsoletas. O quizás todo esto es fruto de la velocidad vertiginosa de los avances tecnológicos que con sus constantes actualizaciones nos tienen descolocados.

 Ya lo decía Don Hilarión en "La verbena de la Paloma": "la ciencia avanza que es una barbaridad"


Kirke     



6 de agosto de 2015

La isla del padre

   En este libro Fernando Marías hace una remembranza de la vida de su padre recientemente fallecido. Ese recuerdo es una amalgama de sentimientos y sensaciones compartidas entre padre e hijo a lo largo de los años.

   Esta podría ser la sinopsis pero sería quedarse cortos a la hora de describir este maravilloso relato. Aquí no sólo se recuerda al padre, también se habla del hijo, el que escribe, y es que "concretar en un puñado de líneas lo que sabemos de las personas que amamos es un interesante ejercicio de escritura, pero también un involuntario autorretrato".

  En una especie de terapia para superar la desaparición de su padre Marías decide escribir un libro que evoque la figura de su progenitor. Un padre ausente durante mucho tiempo por su profesión de marino mercante. Esos largos periodos de alejamiento físico se convirtieron en una sombra constante en la relación paterno-filial haciendo que la comunicación no fuera la deseada por las dos partes. El escritor decide reparar ese continuo malentendido que mantuvieron en vida a la muerte del padre.

    Relatar la vida de alguien siempre puede resultar fascinante, sobre todo si se hace con la maestría de este autor. No hace falta vivir grandes aventuras ni realizar proezas heroicas "todos los seres humanos generamos una biblioteca figurada, la de los relatos que sobre nosotros harían las personas que nos conocieron bien".

   Con una prosa magnífica Fernando Marías habla del Tiempo, de la Muerte, de la Soledad, de la Enfermedad, de los miedos que habitan en cada uno de nosotros haciéndonos más vulnerables de lo que creemos. Pero ante todo habla de esa unión entre un padre y un hijo a veces difícil, a veces fluida pero siempre sustentada en el amor.

    Un homenaje al padre desaparecido y la huella que dejó en el hijo. Una forma de recuerdo permanente que sirve de blindaje contra la soledad del que ha de quedarse, un desafío a la muerte. Y es que los recuerdos pueden servir como revulsivos ante la tristeza de la pérdida.

   Como escribió Isabel Allende en uno de sus libros "la gente cuando realmente se muere es cuando se la olvida".

Kirke     


1 de agosto de 2015

El transporte de mi niñez



    Será que me estoy haciendo vieja (aunque yo no quiera reconocerlo), será que veo a mi hija cada vez más mayor, será que las tormentas veraniegas me ponen nostálgica, el caso es que últimamente me vienen recuerdos de los veranos de mi niñez con mucha frecuencia.

   Recuerdo las vacaciones repartidas entre Galicia y Santander. Recuerdo las playas del Cantábrico con los días de sol (o de lluvia) junto a mis primos. Recuerdo los bosques de eucaliptos y helechos donde me solía perder –literalmente- y que yo imaginaba llenos de hadas y duendes. Recuerdo las filloas de mi abuela gallega (nadie las hacía tan ricas, ni hará, como ella) y los remedios para las picaduras de abejas de mi abuela paterna (creo que me hacían más efecto sus palabras tranquilizadoras y su serenidad que los potingues que me untaba). 

   Pero sobre todo me acuerdo de los viajes para llegar hasta allí.

    Mi padre tenía una moto Vespa con sidecar en la que viajábamos mis padres y yo; recorríamos toda la cornisa cantábrica visitando a la familia y eso nos llevaba un montón de horas en la carretera, pero no importaba porque nos íbamos de vacaciones y no teníamos prisa. El reloj ni se miraba y el mal estado de las carreteras permitía contemplar mejor el paisaje. 

   La carretera del inicio del trayecto transcurría por la meseta castellana; rectas interminables a través de campos dorados de cereales listos para la siega. Al final del camino la carretera se transformaba y se volvía sinuosa, plena de curvas, bordeando un mar siempre agitado y siempre dando una imagen espectacular.
 
  Recuerdo que en el sidecar de la moto yo me sentía segura y protegida del agua o del viento mientras que mi padre iba conduciendo y recibiendo todas las inclemencias meteorológicas con un estoicismo que a mí, con la inconsciencia de la niñez, me parecía gracioso. Como si él prefiriera mojarse en lugar de refugiarse como lo hacíamos mi madre y yo.

    En ese sidecar llegamos a viajar cuatro niños. Ahora que lo pienso no sé cómo lo hacíamos pero el caso es que ahí íbamos todos, supongo que comprimidos pero contentos, a la playa. Una playa rodeada de pinos donde la marea baja se llevaba el mar muy lejos y hacíamos carreras para ver quién era el primero en llegar al agua.

   La imagen de esa moto está unida a recuerdos entrañables, a mi niñez. Más tarde mi padre tuvo varios coches, cada vez más grandes, cada vez más espaciosos y potentes pero creo que nunca he viajado tan cómoda como lo hice en aquella moto.

  Ahora me voy de vacaciones en avión, me preocupa que el vuelo tenga retraso, que me pierdan o estropeen la maleta, que haya "overbooking"... 
 
  Llego antes a mi destino pero creo que disfruto menos del viaje.


Kirke     

Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores