24 de septiembre de 2016

Las efímeras

    Esta es la historia de Dora y Violeta, dos hermanas que viven en una casa solitaria a las afueras de una población. Dora es la mayor y la que se encarga de la supervivencia de ambas, es la pragmática. Violeta es la más pequeña y la más creativa de las dos, es la soñadora -sueña con otra vida y con escapar, escapar de una vida anodina y de su hermana que todo lo controla-.

   Las dos hermanas fueron criadas bajo la máxima: "Ignora a los demás, dales la razón y haz lo que quieras". Esta forma de pensar las convierte en dos seres solitarios y huraños. En una de las hermanas, Dora, se crea un afán de dominio y control, en la otra hermana, Violeta, se crea un afán de ser protegida. Dos hermanas que se necesitan mutuamente y que se odian por esa dependencia que tienen la una de la otra.

    Dora es el ser protector que depende del ser protegido, pues sin él esa protección no existiría y no tendría razón de ser. Violeta necesita la protección que le brinda su hermana y aunque también anhela sentir emociones -emociones que Dora no le puede dar- siente la dependencia que genera el estar a salvo.

    Esta también es la historia de Anita, de Tom y de Denis. Otros personajes que desean proteger y ser protegidos, que desean vivir a su manera; seres solitarios que no pueden vivir completamente aislados pues, al fin y al cabo, necesitan en algún momento de los demás. O quizás, simplemente, es que les da miedo estar solos.

    Toda la trama -y digo trama por utilizar un término concreto porque argumento, lo que se dice argumento, no hay mucho- se desarrolla en un ambiente opresivo y siniestro. La autora nos describe paisajes de una naturaleza amenazante, detallando escenarios agrestes que se muestran peligrosos.

    Digo que no hay mucho argumento porque más que una novela a mí me ha parecido un alegato sobre las relaciones humanas, un discurso sobre la necesidad que tiene el ser humano de convivir con otros. Una análisis, en definitiva, de hasta qué punto el hombre -la mujer- es un ser sociable o esa cualidad nace del miedo, de la indefensión.

    Una reflexión nada nueva; Schopenhauer ya dijo en una ocasión:

"El instinto social no se basa en el amor a la sociedad sino en el miedo a la soledad"





21 de septiembre de 2016

El refranero de Sancho Panza


    Hace unos meses una amiga escritora con blog propio tuvo la excelente idea de abrir una sección donde se nos invitaba a otros blogueros a escribir refranes que estuvieran ligados, de una forma u otra, a nuestra existencia. La intención era rescatar del olvido dichos y sentencias de nuestros mayores que han ido pasando de generación en generación.

   La sección se llama “Los refranes de mi vida”, y la autora de una idea tan estupenda es Julia C. Cambil. En su día, tuve la oportunidad de participar en esa aventura gracias a la generosa invitación de su creadora: Los refranes de mi vida: Kirke Libris

   Por otra parte, una servidora se propuso que este año 2016 iba a homenajear a Cervantes aprovechando el cuarto centenario de la muerte de tan ilustre escritor. 

    Con esta entrada voy a aunar las dos iniciativas. Y es que si hay un personaje que sabe muchos refranes, ese es Sancho Panza. Por lo que me dispongo a escribir a continuación varios refranes de los muchos que aparecen en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ya de paso, aprovecho para dedicar esta publicación a Julia con todo el cariño que sé está necesitando en estos momentos. Va por ti, Julia.

   A lo largo de los dos volúmenes del Quijote aparecen multitud de refranes en boca de Sancho Panza. Tan singular escudero hace alarde de una sabiduría popular que se refleja en sus atinadas observaciones. Para cualquier situación o percance  siempre tiene preparada una sentencia llena de reflexión. Tanto es así que, en un momento dado, don Quijote le llega a decir:

"¡O maldito seas de Dios, Sancho! dijo a esta sazón don Quijote. Sesenta mil Sataneses te lleven a ti y a tus refranes; una hora ha que los estás ensartando y dándome con cada uno tragos de tormenta... Dime: ¿Dónde los hallas, ignorante; o cómo los aplicas, mentecato? Que para decir yo uno y aplicarle bien, sudo y trabajo como si cavase."
"Por Dios señor nuestro, amo, replicó Sancho, que vuestra merced se queja de bien pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que yo me sirva de mi hacienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal alguno, sino refranes y más refranes?"

   No es mal caudal el que posee Sancho. La sabiduría que encierran los refranes proporciona información muy valiosa. Si bien no reporta dineros, al menos ayuda a defenderse por la vida. De hecho, en más de una ocasión ese saber de Sancho consigue que salgan airosos escudero y caballero de los líos en que se involucran y demuestra que el sencillo campesino está más preparado para sobrevivir que su amo.

   Como comento más arriba son muchos los refranes que tan singular personaje dice pero aquí viene una selección de los que más me gustan:

Si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.

A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. 

    Es tan prolífico Panza en sus refranes que llega a decir tres para una misma situación y de una sentada:

"Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien júntate a los buenos, y serás uno de ellos, y soy yo de aquellos no con quien naces, sino con quien paces, y de los quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija".

   Supongo que por aquello de que todo se pega menos la hermosura don Quijote acabó contagiándose del vicio de su leal escudero pues él también se anima a decir un refrán en la segunda parte de sus aventuras: quien canta, sus males espanta.

   Podría escribir muchos más refranes pero lo voy a dejar ya. Si alguno se ha quedado con ganas de conocer más que vaya a la novela y que se recree con la prosa de Cervantes. No sólo aprenderéis mucha sabiduría popular, también disfrutaréis de la mejor obra de la literatura universal. 

   Haced caso de lo que os digo porque: el consejo de la mujer es muy poco, y el que no le toma es loco.







18 de septiembre de 2016

Alalimón: entre bambalinas


    Hoy Alalimón está de fiesta, hoy cumple su primer añito. 

  Nació casi por casualidad, con un comentario espontáneo entre otra bloguera -a la que apenas conocía-  aficionada al cine, y una servidora, aficionada a la lectura. Un año después, esta sección tiene fieles seguidores y yo una estupenda amiga: mi compañera en esta aventura, Chelo.

   Entre las dos pensamos complementar nuestras respectivas aficiones y nos propusimos colgar entradas donde ella hablaría de una película y yo sobre el libro en el que se basó.

   La idea estaba bien, pero cuando la quisimos llevar a la práctica nos dimos cuenta de ciertos inconvenientes de índole técnica que nos surgieron a la hora de coordinar nuestras correspondientes entradas. La propia presentación nos llevó nuestro trabajo, los correos que nos cruzamos fueron muchos; teníamos que ponernos de acuerdo en muchas cosas, como el formato o qué imagen nos representaría. 

   Seleccionar una imagen fue una de la tareas, debíamos optar por un icono donde aparecieran nuestros dos avatares y donde los libros y las películas tuvieran su representación. Chelo acudió presta con la imagen de una claqueta encima de un libro que venía que ni pintada. El ‘problema’ de quién iba primero, si ella o yo, en la sucesión de avatares quedó solucionado utilizando el orden alfabético: la “C” va antes que la “K”. No hubo más vueltas que dar (ni que decir tiene que Chelo ofreció que fuera yo primero, pero yo -ni que decir tiene- no la hice ni caso).
   
   Pero el culmen de la excitación fue el mismo día 18, cuando decidimos, por fin, colgar nuestra primera entrada conjunta. Aquí viene cómo fue el "alumbramiento" de nuestro primer Alalimón:


   Creo que estas conversaciones reflejan lo que supuso para nosotras iniciar esta andadura. Estábamos nerviosas e ilusionadas a partes iguales. 

   Tres días después, cuando colgamos nuestras primeras reseñas la situación fue muy similar:


    Otra cosa que caracterizó esa primera reseña fue que queríamos repetir. Fue divertido y gratificante la preparación de las reseñas, pero comprobar la buena aceptación de esta iniciativa fue estupendo. Así que decidimos continuar.

   Coordinar a dos personas que están separadas por muchos kilómetros de distancia, con horarios muy distintos en cuanto a trabajo y cada una con sus ocupaciones personales, es francamente complicado. Pero cuando se le echa ilusión y ganas, nada es imposible.

   Yo no sé cómo se coordinan los controladores de la NASA con las naves que lanzan al espacio, ni la rapidez de respuesta para que la información sea precisa y efectiva; lo que sí sé es que nosotras hicimos alarde de una capacidad de reacción y adaptación a los inconvenientes del entorno que estoy segura nos envidiarían muchos ingenieros de telecomunicaciones. Y si no, aquí pongo el encaje de bolillos que tuvimos que hacer para colgar a la vez la entrada de “Matar un ruiseñor”:


    Sin embargo hubo algunos errores. Para empezar, el propio nombre de la sección. Resulta que al inicio lo pusimos separado, ‘Al alimón’, pero un día miro en el DRAE y compruebo que no está bien escrito. Correo “urgente” a Chelo y a cambiarlo todo. Luego resulta que no había hecho falta, porque la Academia de la Lengua, en su afán de agradar, acepta las dos formas.


   Antes he comentado lo divertido que resultó colgar nuestras dos primeras entradas -diversión que se repitió en todas las demás-, aunque en algunas ocasiones nuestras meteduras de pata pusieron nuestros nervios a prueba y añadieron más diversión aún. Por ejemplo, cuando colgamos la reseña perteneciente al libro/película “El niño 44” hubo un pequeño ‘despiste’ por parte de Chelo -tengo que remarcar que la culpa fue mía por elegir una película algo confusa- y esto fue lo que ocurrió:


   Hasta aquí todo perfecto, lo habitual al publicar. Pero, cuatro minutos después…


   Chelo se tenía que ir y se había dado cuenta de que había un lapsus en su reseña. A todo esto yo aún no había terminado de leer la reseña de Chelo en el ordenador por lo que no sabía a quién se refería con lo de “él”. Recibo el correo por el móvil y no sé de qué me está hablando. Yo, que sabía de sus compromisos -a los que llegaba tarde por mi culpa- me armé un taco de cuidado, total que miraba en el móvil el correo y leía la reseña en el ordenador. Cuando ya me aclaré, le contesté:


   Mucho estrés, que lo sepáis.

   Pero, como somos buenas compañeras y nos repartimos todo, también nos distribuimos a partes iguales los errores. Cuando colgamos la reseña de “La elegancia del erizo” fui yo la que metió la gamba. Por aquel entonces ya nos comunicábamos vía whatsapp y el formato cambió, que no las formas ni la diversión:


Dos minutos después…


    Resulta que no me había enterado de que la película no se titulaba igual que el libro y lo había puesto mal en el 'post'.

   En fin, que las anécdotas son muchas y todas divertidas, y no son más que el reflejo de la conexión que se dio desde el primer minuto entre Chelo y yo.

   Independientemente de la calidad de las entradas -eso deberán juzgarlo otros- nosotras hemos puesto toda la carne en el asador. Colaborar y compartir momentos, esfuerzos e ideas siempre es enriquecedor. Si además se tiene la suerte de contar con alguien tan especial como Chelo, el éxito está asegurado, y la diversión también.

    No quiero extenderme más. Sólo añadir que pensamos seguir dando guerra mucho más tiempo.

  Por último, me tomo la licencia de dirigir las últimas palabras a la artífice de que esto haya sido tan gratificante:

"Chelo, muchas gracias por regalarme tu tiempo, tu buena disposición y buen humor. Tu alegría es contagiosa, y trabajando contigo una tiene la sensación de que nada es complicado y que cualquier objetivo se puede lograr. 
   Gracias por todo. 
Gracias por ser así."



NOTA: Creo que el DRAE debería poner como sinónimo de “alalimón” la palabra “Chelo”.

P.D. Chelo y yo nos pusimos de acuerdo en publicar 'algo' el día del aniversario de nuestro Alalimón, pero ninguna sabemos de qué va a hablar la otra, así que si hemos repetido alguna cosa pido (pedimos) disculpas.

Enlace de Chelo: Primer Aniversario Alalimón

Francisco Moroz nos ha regalado en este primer aniversario esta preciosa imagen. Gracias, Francisco.



15 de septiembre de 2016

El hereje

  El hereje es la vida de Cipriano Salcedo. Su propio nacimiento fue singular: nació el mismo día que Martín Lutero fijó sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg. 

   Esta coincidencia parece que le marca desde la cuna, pues ya de adulto abraza la doctrina luterana.

    Pero antes de eso se nos cuenta su niñez. Cómo crece al lado de un padre que le trata con desprecio e incluso con odio, pues la madre murió al dar a luz, y esto hace que su progenitor considere a su hijo como un parricida.

    Huérfano de madre y del amor de su padre, se refugia en la nodriza, Minervina, que le brinda el cariño y el afecto que su padre le niega.

    Poco a poco vamos asistiendo al crecimiento de Cipriano y los avatares que la vida le va deparando. Su casamiento, su toma de contacto con los núcleos luteranos en Valladolid -localidad en la que reside- y más sucesos.

   Al mismo tiempo, Delibes, aprovecha la mínima oportunidad para desarrollar todo su potencial descriptivo y nos deleita con pormenorizadas explicaciones de los usos y costumbres de la vida en la Castilla del siglo XVI. Reconozco que, en algunos momentos, me sobrepasó tanto detalle. Delibes, amante de la caza y un experto conocedor del campo y de la agricultura, se explaya sobremanera sobre estos temas y, confieso, me llegó a resultar excesivo. Por ejemplo, la diatriba que se traen dos de los personajes sobre si es mejor utilizar para el arado un buey o una mula me resultó pesado.
   
   Este retrato de la sociedad rural de aquella época se ve complementado con la, también pormenorizada, descripción de las corrientes reformistas que están revolucionando la Iglesia. Lutero y sus seguidores ponen contra las cuerdas a los altos estamentos eclesiásticos, y ya de paso a Carlos V, y dentro de la ciudadanía -sobre todo en las clases más cultas- hay cierta querencia por esas ideas que parecen traer aires renovados y modernos a una clerecía decrépita.

    Cipriano, que siempre estuvo necesitado de afecto, ve en la pequeña comunidad luterana a la que accede, una fraternidad que le atrae y le reconforta. Sin embargo, cuando empiezan las detenciones y los presos son torturados, comprueba que la carne es débil y que el sufrimiento físico destierra los mejores sentimientos para que afloren, en su lugar, la delación y la traición.

    Una novela estupendamente escrita, como era de esperar en un escritor de la talla de Delibes, que recrea magistralmente el auto de fe celebrado en Valladolid en mayo de 1559 para erradicar el foco protestante que había surgido en esta ciudad.





10 de septiembre de 2016

Marie Curie


"Madame Curie es, de todos los personajes célebres, el único al que la gloria no ha corrompido".
Albert Einstein

    En esta ocasión el personaje que protagoniza la sección de Demencia, la madre de la Ciencia es una mujer. Fue pionera en muchos campos y todo un referente en cuanto a investigación: Marie Curie.

   Maria Salomea Sklodowska nació en Varsovia el 7 de noviembre de 1867.  Su padre era profesor de Física y Matemáticas en un instituto y su madre era maestra, pianista y cantante. Nace en una Polonia ocupada por Rusia y en su familia estaba arraigado un gran sentido patriótico que les trajo muchos problemas.

   Por su condición femenina no puede matricularse en ninguna institución oficial por lo que se pone a estudiar, de forma clandestina, en lo que llaman la “universidad volante”, una institución creada al margen del sistema educativo ruso. Para poder subsistir se emplea como institutriz en una acaudalada familia. Se enamora de uno de los hijos y, debido a las diferencias sociales, los padres del muchacho se niegan a la boda. 

  Trabaja durante un año en un laboratorio químico que dirige un primo suyo. Con 24 años viaja a París, allí ya se la conoce con el nombre de Marie, y consigue ingresar en la Universidad de París para estudiar Ciencias Físicas. Por aquel entonces la asistencia femenina en las aulas era muy rara (de los 776 estudiantes de la facultad solo 27 eran mujeres). Después de licenciarse en Física sigue estudiando y obtiene un segundo título, el de Matemáticas.

Marie y Pierre Curie en el laboratorio

   En 1894 conoce a Pierre Curie que era jefe de un laboratorio. Un amigo común le sugirió que quizás podría encontrar un hueco para realizar sus investigaciones en ese laboratorio por lo que empezaron a trabajar juntos. Pierre le propone matrimonio pero ella no acepta, pues quiere volver a Polonia. Allí intenta seguir con sus investigaciones pero tras ser rechazada por la Universidad de Cracovia por ser mujer, cede a los requerimientos de Pierre y regresa a París. El 26 de julio de 1895 se casan.

   Marie inicia un doctorado bajo la dirección de Henri Becquerel (físico francés descubridor de la radiactividad) basándose en los estudios de éste -había descubierto que las sales de uranio transmitían unos rayos de naturaleza desconocida-. Ayudada por su esposo, Marie investiga el origen de las extrañas emisiones y llega a la conclusión de que la radiación no es el resultado de ninguna reacción sino que proviene del propio átomo.

   Para sus investigaciones trabaja con varios minerales ricos en uranio. Uno de ellos, la pechblenda, emite mucha más radiación que el uranio puro por lo que deduce que en ese mineral se encuentra otro elemento mucho más radiactivo que el uranio. En julio 1898 el matrimonio publica el descubrimiento de un nuevo elemento: el polonio, llamado así en honor al país de nacimiento de Marie. En diciembre del mismo año anuncian la existencia de otro elemento nuevo: el radio. Fue entonces cuando se empieza a utilizar el término “radiactividad”.

   Se inician así unos años frenéticos de trabajo investigador con múltiples publicaciones. Consiguen aislar isótopos radiactivos que se utilizan para destruir neoplasias. En 1903 invitan al matrimonio a la Real Institución de Gran Bretaña, pero el discurso lo da solo su marido pues a ella le impiden hablar por ser mujer. Para algunos científicos resultaba increíble que una mujer pudiera ser capaz de realizar una labor tan compleja como la que el matrimonio estaba investigando. De hecho, ese mismo año son galardonados con el Premio Nobel de Física -compartido con Becquerel- pero en un principio Marie no es nominada por ser mujer; la firme defensa de uno de los miembros del Comité se impuso y al final la incluyeron. 

   Tres años después, Pierre es atropellado por un carruaje y fallece. Marie se sume en una profunda depresión que la aparta de sus investigaciones. Para entonces ya padecía los efectos de trabajar con la radiactividad. Su propio marido, antes del fatal accidente, ya tenía una precaria salud por los mismos motivos.
Marie con sus dos hijas

  Y es que los laboratorios en los que el matrimonio trabajaba no eran un ejemplo de seguridad. Lugares oscuros, mal ventilados y con instalaciones defectuosas. Que Marie acostumbrara a llevar tubos de ensayo con radio guardados en los bolsillos de su bata tampoco ayudaba mucho a la salubridad, las cosas como son. Algunos dicen que incluso utilizaba el resplandor que emitían estos tubos para alumbrar su escritorio.

   A pesar de su mala salud consigue ingresar en la Universidad de París como profesora, siendo la primera mujer que logra un puesto así. En 1911 vuelve a ser premiada con el Nobel -esta vez en solitario- y en Química. Fue la primera persona en conseguir dos Premios Nobel. Sin embargo, la prensa francesa apenas se hizo eco del evento. Porque en Francia, Marie era vista como una extrajera, a pesar de haberse nacionalizado. Pero lo peor no era su origen foráneo, lo peor era ser mujer. Extranjera y mujer, dos defectos imperdonables en la Francia de principios del siglo XX (es posible que en la de ahora también).

   Durante la Primera Guerra Mundial se dedica a trasladar equipos de rayos X móviles para tratar a los soldados heridos, así se crearon las unidades móviles de radiografía que ella llamó “ambulancias radiológicas”. Para poder hacer esto tuvo que sacarse el carnet de conducir, algo en lo que también fue pionera pues pocas mujeres sabían manejar vehículos.

   Durante los años 20 viaja por EEUU donde recibe el reconocimiento y los galardones que Francia le niega constantemente, incluso es recibida en la Casa Blanca por el presidente de la nación.

   La continua exposición a la radiación fue la causante de su muerte y, antes de fallecer, padeció varias enfermedades relacionadas con esta exposición, como ceguera parcial por cataratas y fallo renal; sin embargo Marie nunca reconoció los riesgos que supone para la salud la radiación. Finalmente murió a los 66 años de una anemia aplásica. 

   Debido a la contaminación radiactiva se considera que la manipulación de sus cuadernos de trabajo es sumamente peligrosa. Sus documentos se encuentran guardados en cajas de plomo y solo pueden ser consultados con medidas extremas de protección.

   De las dos hijas que tuvo, la mayor, Irene, también consiguió el Premio Nobel de Química junto a su marido por descubrir la radiactividad artificial y, al igual que su madre, falleció de leucemia. 

Marie y su hija Irene en el laboratorio

   Marie Curie fue una pionera en muchos campos. Ser mujer no le facilitó la tarea. Por eso el coraje de esta científica me parece encomiable. Su locura estribó en dedicarse a trabajar en un campo exclusivamente masculino. Integrarse, por méritos propios, en círculos donde solo entraban hombres, no solo es locura, es pura demencia. 

   Una demente valiente y un ejemplo a seguir.  


8 de septiembre de 2016

El maestro y Margarita

    Esta novela ha sido para mí un reto en cuanto a comprensión y disfrute. Nunca había leído nada de Mijaíl Bulgákov, y después de leer este libro estoy en la disyuntiva de volver a insistir o dejarlo para siempre.

    Y es que este libro me ha gustado y me ha desconcertado a partes iguales. Debería hacer una sinopsis previa pero no sé cómo hacerlo de manera que no destripe el argumento y además, no estoy segura de haberme enterado muy bien de qué va. Es complicado.

    Podría contar que la novela empieza con la visita de un misterioso personaje a Moscú en los años 40, se inmiscuye en la conversación que mantienen un poeta y un editor, cuando estos comentan que Jesús no existió. El misterioso viajero les cuenta un episodio de la vida de Jesucristo, concretamente cuando se encuentra con Pilatos. Así nos cambiamos de época y lugar y nos trasladamos a Jerusalén en la víspera de la muerte de Jesús. Cuando termina de relatar ese encuentro, el viajero declara que sabe todo eso porque él estuvo allí.

    Resulta que el misterioso viajero es Satán y le acompañan, en esa visita a Moscú, varios acólitos, a cual más estrambótico y raro, como un gato que habla y camina sobre dos patas. Esta visita desencadena una serie de episodios donde todos los que, de una forma u otra, toman contacto con tan singular tropa acaban en el manicomio, pues cuando intentan relatar a las autoridades lo que les está pasando les toman por locos.

    Uno de estos personajes conoce en el manicomio donde le encierran al maestro, un escritor que ha creado una obra sobre Poncio Pilatos. Este maestro tiene una enamorada, Margarita, que también conocerá a Satán y que la convertirá en bruja. Ya avisé más arriba que explicar la sinopsis del libro es algo complicado.

    Como si de un sueño se tratara -o del discurso de un orate- la trama se va desarrollando con situaciones de lo más disparatadas. Situaciones que me han hecho sonreír en algunas ocasiones, y en otras me han hecho perder el hilo. Y es que, como también comenté más arriba, este libro me ha gustado y me ha desconcertado de igual manera.

    Quizás para comprender un poco mejor la novela habría que saber algo de la vida de su autor. Mijáil Bulgákov fue un disidente en la URSS de Stalin. Luchó en el Ejército Blanco y no abandonó Rusia cuando la revolución triunfó. Su disidencia le causó graves problemas de censura. Pero él nunca cejó en su crítica al sistema. De hecho durante toda la novela hay una similitud entre las situaciones que se cuentan y lo que está ocurriendo en la sociedad soviética. El Estado que todo lo controla y vigila podría ser Satán que desata el caos por donde pasa, y que obliga a cualquier ciudadano a hacer lo que él quiere, incluso cosas que no están acordes con la idiosincrasia del individuo en cuestión. Esta forma de actuar se puede deber al miedo a las represalias o a la capacidad de persuasión que Satán desarrolla sobre sus dominados -lavado de cerebro-.

   Durante toda la narración se puede notar una fina ironía, especialmente cuando se refiere a las prerrogativas de algunos mandatarios soviéticos mientras que el pueblo llano sufre hacinamiento y escasez. Porque toda la novela es una dura censura al sistema comunista y a su doble rasero para favorecer a quienes tienen el beneplácito de los altos cargos. Sin embargo, y debido a la confusión que me ha invadido en ocasiones, creo que se me han escapado detalles o simbolismos que no supe interpretar bien. O quizás, simplemente, fueron situaciones absurdas descritas por el autor sin otro objetivo que el de causar estupor. No sé.

    Los insertos referentes a la vida de Pilatos, en el momento de mandar la ejecución de Jesús, fue lo que más me gustó de toda la novela. El personaje del gobernador romano se nos presenta como un individuo con remordimientos por enviar a la muerte a quien él considera un filósofo loco e inofensivo. El sentimiento de culpa y de cobardía, pues decide ceder a las presiones del Sanedrín, le persiguen y le convierten en un ser atormentado. Aunque no llegué a pillar qué pinta y qué relación tiene esta historia con la de la visita de Satán a Moscú, la verdad sea dicha.

    En resumen, una novela original, algo caótica y muy bien escrita. Con situaciones hilarantes y absurdas que encierran una crítica al sistema represor y vigilante de la época de Stalin. En momentos es graciosa y en otros desconcertante. En cualquier caso una novela diferente que me ha llamado mucho la atención.



3 de septiembre de 2016

Carta desde el frente

Pico de Peñalara-Trincheras en Peña Citores



Peña Citores, 9 febrero de 1938

Querida Manuela:

    Escribo estas líneas sin la certeza de que podrás leerlas, y en el caso de que lleguen a tus manos, cuando las leas, no sé dónde estaré.

    Primero quiero que me perdones la tardanza en contestar a tu última misiva. Sabes las dificultades que supone enviar cartas desde el lugar en el que me encuentro. Llegar hasta esta posición en la montaña es complicado, mis camaradas del Batallón Alpino suben cada dos semanas a traernos suministros, y de paso el correo recibido en Cercedilla. Los escasos alimentos apenas llegan para reponer las fuerzas que el frío y la desesperación nos quitan y las cartas son un breve alivio a la soledad que estas cumbres nos regalan.

   En las gélidas noches de guardia me refugio en el recuerdo de tus abrazos, en la visión de tu sonrisa y en el sonido de tu cálida y cantarina voz. Rememoro los días junto a ti paseando a la orilla del río que riega los campos labrados por tus padres. Si cierro los ojos puedo hasta oler tu pelo trigueño, sentir la caricia de tus manos y tu aliento sobre mi cuello. Si no fuera por tu recuerdo hace tiempo que me habría vuelto loco en esta guerra absurda.

   Ayer el sargento Echenique me oyó cuestionar nuestros avances y fui reprendido, me dijo que minaba la moral de mis compañeros con mis opiniones derrotistas. Anteriormente, “Petronio” fue arrestado por decir en voz alta lo que todos pensamos: esta guerra la vamos a perder. Así que he decidido callar, pero a ti no quiero mentirte. Sé que te causo dolor con mis palabras, pero no quiero irme de este mundo con una mentira entre tú y yo. Cada día que pasa la situación es más delicada, las pocas noticias que nos llegan del frente en Madrid no son halagüeñas. Esta guerra la vamos a perder y muchos nos quedaremos en el camino.

   Hace dos días los fascistas atacaron desde La Granja y nos cayó metralla a mansalva. Nuestra única ametralladora no fue capaz de repeler el ataque, nuestros deteriorados fusiles apenas tenían alcance y esos desgraciados se fueron de rositas. En cambio, nosotros perdimos a cuatro de los nuestros: el “Ruso”, el “Bocas” y el “Gato” murieron reventados por una granada. Peor suerte tuvo el “Pelos”, una bala le atravesó las tripas y estuvo toda la noche gritando mientras la vida y las entrañas se le salían por el agujero. Su larga agonía nos hirió más que los disparos del enemigo, y yo volví a refugiarme en tu recuerdo.

   Eres mi salvavidas, Manuela. La remota posibilidad de volver a verte es lo único que me impide volarme la cabeza con mi pistola. Pensar que volveré a besarte algún día es una quimera, pero soñar es la única escapatoria a esta locura, a este sufrimiento, a esta angustia. Tú eres la única razón de que siga vivo. 

   A veces, creo que estás conmigo en la trinchera y que tu sonrisa repele las balas que vienen hacia mí. Una vez se lo comenté al “Chepas” y se estuvo riendo de mí toda la tarde, pero él no tiene  ninguna novia esperándole en casa y no entiende lo que es estar enamorado. No sabe lo que es amar y le compadezco por ello. Porque amarte es lo único bueno que me ha pasado, amarte es lo único que ahora mismo tengo, y con tu amor me iré agradecido a la oscuridad, a la nada, al olvido de la muerte si esta viene a buscarme.

   Perdóname por hablar de muerte, sé que no te gusta que la miente. Siempre me dices en tus cartas que si pienso en ella atraigo el mal fario, que da mala suerte. Pero sé que no saldré vivo de aquí. Sé que, si alguna vez vuelvo a verte, no será en esta vida. Me gustaría creer en el Más Allá como los meapilas de los requetés, solamente por saber que allí estaría junto a ti.

   Tengo que despedirme, el capitán nos ha ordenado bajar a Rascafría, esta posición está perdida y quiere que nos repleguemos. Algunos dicen que se está preparando un ataque enemigo con aviones italianos y alemanes y que ese pueblecito es el objetivo. Me parece que huimos del fuego para caer en las brasas. Al menos, si una bomba me revienta, será lejos de estas solitarias cumbres nevadas y de este paisaje desoladoramente blanco.

   Quizás, cuando recibas esta carta, el corazón de quien esto escribe ya no esté latiendo, pero ten la certeza de que el último latido lo dio pensando en ti.

Tuyo para siempre:
Adrián.


NOTA: Con este relato participé en el taller de escritura de El Edén de los Novelistas Brutos, en el ejercicio "Amor/desamor" y tuve el honor de recibir el segundo premio.




Hada verde:Cursores
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