19 de enero de 2017

Doctoranda al borde de un ataque de nervios (II)

La significante importancia de la significación estadística


    Para que un ser humano pueda vivir necesita fundamentalmente oxígeno, agua y alimentos. Si ese ser humano se dedica a la investigación científica entonces necesita otro elemento más: la significación estadística. Un investigador sin esta última cualidad se muere, o no existe que para el caso es lo mismo.

   En estadística que un resultado sea estadísticamente significativo quiere decir que no es probable que dicho resultado sea debido al azar. O sea, que lo que ha salido en un experimento no ha sido por pura coña.

   La significación se representa con la letra “p”. Normalmente se escribe con minúscula pero algunas revistas científicas la representan con mayúscula, otras con minúscula y en cursiva y otras con mayúscula y cursiva, todas estas posibilidades pueden ser también en negrita; de momento se queda ahí pero yo no descarto alguna otra combinación más con tal de marear al personal a la hora de adaptar formatos. 

   Esa “p” puede tener diferentes valores, no voy a entrar en detalles técnicos porque sería engorroso pero para aquellos masoquistas a los que les guste sufrir, la terminología exacta es esta: 

“El valor p (en inglés p-value) se define como la probabilidad de obtener un resultado al menos tan extremo como el que realmente se ha obtenido (valor del estadístico calculado), suponiendo que la hipótesis nula es cierta, en términos de probabilidad condicional”

 En román paladino quiere decir que el p-value (en inglés, en mi propia jerga es la p de los cojo...) indica si los resultados obtenidos son buenos o no; si te sale una p menor de 0,05 es bueno, si te sale mayor de 0,05 ya te puedes dar por jodido (con perdón). Dentro de estos valores inferiores a 0,05 hay categorías y estas se señalan con asteriscos. De tal manera que una p < 0,05 es un asterisco; una p < 0,01 son dos asteriscos y una p < 0,001 son tres. 

 Como los hoteles, estas "p" cuantas más estrellas tengan mejor. Por lo que la clasificación podría interpretarse así:

p< 0,05  (*)  = No está mal
p< 0,01  (**)  = Está bastante bien
p< 0,001  (***) = Está genial 

   En mi caso, y dado que los tres asteriscos me salen con muy poca asiduidad, ese “Está genial” va acompañado de “oé, oé, oé, oé”.


 Los resultados de la investigación en la que se basa una tesis doctoral se ven refrendados de manera más firme si previamente han sido publicados en revistas científicas. Así que una servidora antes de escribir la tesis, que en estos momentos me agobia, tuvo que pasar por el martirio de publicar en las susodichas revistas. Y aquí es donde se demuestra que si no tienes significación estadística no tienes nada que hacer, o lo que es lo mismo, no publicas ni en el “Hola”. Estás muerto.

   Para que un artículo resulte interesante debe tratar temas de actualidad, presentar los hechos correspondientes con ecuanimidad y rigor, demostrar que lo que se cuenta es verdad y, en el caso de un artículo científico, tener significación estadística.

   Es decir, a una revista científica le puedes mandar un artículo bien hecho, con temas actuales y con una fase experimental rigurosa y bien realizada, pero como tus resultados no tengan una "p" significativas o, lo que es lo mismo, muchos asteriscos no te lo publican ni por casualidad.  Dicen que en las editoriales hay una persona encargada de hacer una selección previa de los artículos que reciben, en función del interés del tema tratado los reenvían para que sean revisados o los desechan. Yo creo que esa persona lo que hace es simplemente contar asteriscos; si hay bastantes lo pasa a la siguiente fase –la de los revisores, tema que trataré en otro capítulo de esta sección– y si no tiene muchos asteriscos directamente lo manda a la papelera. Así de cruda es la realidad.

   Por este motivo yo llevo mucho penado, cada publicación que he conseguido ha sido después de ímprobos esfuerzos. Recuerdo con pavor las horas pasadas en el laboratorio haciendo muchas mediciones, recogiendo multitud de datos para, cuando se vuelcan en un programa estadístico, comprobar que no hay significación estadística. Resultado del experimento: no sale nada.

   Durante la carrera muchos profesores nos dijeron que el que no saliera nada también era un resultado, y que ese resultado abría la puerta a hacer el experimento de otra manera o bien a replantear la hipótesis original y por eso mismo ese resultado era también válido. Pienso que tienen razón, pero por desgracia los editores de revistas científicas no asistieron a clase el día que explicaron eso.

   Creo que los editores de este tipo de publicaciones buscan artículos impactantes, que muestren descubrimientos deslumbrantes y que proclamen innovaciones llamativas. Quieren que todos los días se descubra la penicilina. Estoy tan segura de esto que dada la poca significación que yo alcanzo he pensado en asistir a una sesión de ouija a ver si se me presenta el espíritu de Fleming y me puede dar un par de consejos para descubrir algo. Después de tanta pelea editorial ahora también tengo en mente contactar con el espíritu de Ramón y Cajal, pero para que me aconseje cómo recuperar las neuronas perdidas en el proceso de publicar y en el de escribir la tesis.

   Es deprimente comprobar que, tras muchas horas de trabajo y de procesar datos, confecciono una tabla de 18 columnas por 15 filas y solo hay en todos los datos que la rellenan dos asteriscos. Dos solitarios y tristes asteriscos que invitan a la compasión del que los ve (y al suicidio de la que ha hecho la tabla, o sea, yo). 

   Pero así de ingrato y desmoralizador es el trabajo científico. Si os creéis que todo es cuestión de cacharrear en el laboratorio mezclando polvos para obtener líquidos de colores, estáis muy equivocados. La labor científica es una labor de caza; la caza y captura de un buen p-value, una "p" que vaya acompañada de muchos asteriscos.




12 de enero de 2017

Doctoranda al borde de un ataque de nervios (I)

    


    Hace unas semanas anuncié que cierta aventura me tendría apartada de estos lares blogueros, si no apartada sí algo desconectada. Esa aventura consiste en escribir una tesis doctoral y, como si de un parásito invasor se tratara, está quitándome tiempo libre y energía. También me está desquiciando por lo que no solo mi ocio se ve resentido sino que también mi salud mental está empezando a flaquear.

   Como hace tiempo descubrí  que escribir en este blog me reportaba mucha serenidad he decidido iniciar una serie de relatos y/o reflexiones a modo de terapia para combatir el estrés. Esta serie de publicaciones se llamarán “Doctoranda al borde de un ataque de nervios”.

   Ya que tomaré esta serie de publicaciones como un lenitivo contra el agobio y el nerviosismo iniciaré la primera de las entradas como se suelen empezar muchas terapias de grupo: reconociendo el problema.

- Hola, me llamo Paloma y… soy doctoranda.

   No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí y tampoco sé cómo he podido acabar así pero lo que sí sé es que necesito ayuda y que yo sola no podré salir de esta situación. Quizás sea esclarecedor contar cuáles fueron los primeros pasos que terminaron enviándome a este infierno en el que vivo.

   Mis padres siempre fueron cariñosos conmigo y tuve una infancia feliz; eran gente de orden y de letras pero aun así desde joven me sentí atraída por la ciencia y la investigación. Mis primeros escarceos tuvieron lugar en el instituto, fueron tan solo un par de visitas al laboratorio de biología donde vimos cómo se diseccionaba un corazón de vaca y donde nos enseñaron un esqueleto humano. En aquella ocasión recuerdo que no tomé ningún tipo de precaución, entré en el laboratorio con la confianza que me inspiraba mi profesora y ni siquiera me puse guantes ni bata.

   Sin embargo debí de contagiarme con el virus de investigar pues decidí estudiar una carrera de ciencias y experimental: Farmacia. En la Universidad sí que me aficioné a visitar el laboratorio y, aunque procuraba protegerme, cada vez me gustaba más asistir a las prácticas llegando a preferir ir al laboratorio que acudir a las clases teóricas. Cuando acabé la carrera y ante la falta de ocupación laboral me reenganché en la facultad para hacer una tesina. Se supone que lo hice para mejorar mi currículum pero la verdad es que no podía estar sin investigar y la realización de la tesina era una excusa perfecta para seguir con mi adicción.

   Así estuve dos años pero esta adicción es muy cara y mis ingresos en aquella época eran nulos –carecía de beca y no cobraba un duro-. Al principio mis padres se encargaron de costear tan caro vicio pero llegó un momento en que mis progenitores empezaron a demandar más responsabilidad por mi parte. Con todo el dolor de mi corazón hube de abandonar la investigación y procedí a mi reinserción en la sociedad. Conseguí un empleo en una empresa privada y hasta llegué a ostentar un buen cargo bien remunerado. Me compré una casa, fundé una familia. Tenía amigos y era respetada en mi profesión.

   Pero la crisis me afectó cuando aún no se hablaba de ella, es más, el presidente del gobierno de aquel entonces decía que España iba muy bien. Por desgracia la empresa en la que yo trabajaba no era española y supongo que por eso quebró y nos mandó a todos los empleados a la calle. Me vi en el paro y con un montón de horas de ocio por delante. Como entonces tenía una hija pequeña me dediqué a su crianza y no fui muy consciente del abismo que ante mí se abría.

   Sin embargo, unos años después y con muy pocas expectativas laborales, la tentación volvió a llamar a mi puerta. Me ofrecieron participar en un proyecto de investigación; me ofrecieron volver a investigar. La investigación, como la droga que es, una vez que la pruebas y aunque lleves años alejado de ella no se olvida nunca. Después de más de veinte años sin pisar un laboratorio volví a recaer y esta vez sin remisión. Me comprometí con aquel proyecto con la ilusión de un novato pero con la experiencia de un ex convicto. Me entregué en cuerpo y alma a mi nueva misión. De tal manera me he implicado que, con la inconsciencia que da la euforia de hacer algo que te gusta y a lo que no puedes renunciar, me dejé convencer para escribir una tesis doctoral.

   Y aquí estoy. Ahora apenas tengo tiempo para ver a mis amigos, me he convertido en una extraña para algunos miembros de mi familia y me paso días encerrada en casa sin ver la luz del sol. A mi marido y a mi hija solo los veo a la hora de cenar y en las pocas frases que nos cruzamos van palabras como “LDL oxidada”, “arilesterasa”, “factor de necrosis tumoral” o “proteína C reactiva”. 

   Ya no soy la misma. Yo antes me reía, disfrutaba de los pequeños placeres que la vida nos da, cuando leía un libro me sumergía en la historia que contaba, en cambio, cuando ahora estoy leyendo una novela entre las líneas veo gráficas con baja significación estadística y logaritmos neperianos. No puedo más, necesito ayuda.

Continuará...


8 de enero de 2017

El sueño de Hipatia

   En esta novela se cuentan dos historias completamente diferentes y muy distanciadas en el tiempo.

   Por un lado estamos en la Alejandría del siglo V después de Cristo, "la ciudad más egipcia de la ciudades griegas y la más griega de las ciudades egipcias". Una ciudad que se vanagloriaba de dar cabida a todo tipo de credos e ideologías y donde la sabiduría era la seña de identidad. Su famoso Serapeo era la muestra de ello y la Biblioteca donde se encontraban ejemplares de lo más variado del saber y del conocimiento era la envidia del mundo civilizado.

   Sin embargo todo esto está cambiando, una creencia religiosa está alcanzando cotas altas de popularidad. Los cristianos empiezan a ser numerosos y sus dirigentes no aceptan ningún credo ni ninguna forma de entender la vida que no se pliegue a las normas de su religión. Es una religión relativamente nueva que incluso tiene que dirimir qué textos se han de dar por válidos para sustentar sus principios. En el Concilio de Hipona se estableció la lista oficial que comprendía los libros de la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) y en esta lista no se encuentran algunos de los evangelios escritos por discípulos que conocieron en persona a Jesús, -en cambio sí se aceptan como buenos los de otros que vivieron en épocas muy posteriores a Jesucristo-. 

    El poder creciente de los cristianos y su intransigencia hacen difícil mantener las formas de vida que no se basan en esa religión, por lo que los no creyentes o los que profesan otro tipo de creencias empiezan a ser acosados y perseguidos. En este "bando" se encuentra Hipatia. 

   Hipatia es la hija de un conocido y respetado astrólogo y además imparte clases de filosofía y matemáticas en el Serapeo. Cuando este es destruido por la facción más fanática de los cristianos continúa su labor docente en su propia casa. Hipatia defiende la libertad de elección y el uso de la razón por encima de cualquier creencia. Su manera de pensar y su especial querencia por manifestarlo públicamente y sin ninguna cortapisa la hacen ser objetivo a abatir por parte del poder eclesiástico de la ciudad que se personifica en el patriarca Cirilo. 

   Entre esta historia se intercala otra que se desarrolla en 1948 entre Londres y El Cairo. Un periodista inglés, su novia -una ex-espía de los servicios secretos británicos- y un viejo profesor de Historia viajan hasta Egipto para evaluar la autenticidad de un códice escrito en copto que un anticuario cairota quiere vender. Este códice parece ser uno de los evangelios "desechados" en el Concilio de Hipatia, está escrito por Felipe, un discípulo que sí conoció a Jesús por lo que su testimonio en principio debería considerarse válido pero que cuenta ciertos detalles de la vida de Jesús que parecen no casar muy bien con lo que pregona la Iglesia oficialmente.

   Con estas dos historias, la de Alejandría en el s. V y la de El Cairo en el s. XX, se desarrolla esta novela que es mitad crónica histórica, mitad trhiller

   Uno podría preguntarse, a tenor de lo ya contado. cómo se relacionan dos historias tan distintas. Yo me lo estuve preguntando durante casi toda la lectura. Hipatia es el hilo conductor pero de una manera endeble y muy traída por los pelos. Sin ánimo de destripar nada tengo que comentar que el papel de la mujer, representado por Hipatia, antes del fanatismo cristiano cambió irremisiblemente con la ocultación de los evangelios gnósticos. Y hasta aquí puedo contar.

   Siento especial predilección por el personaje de Hipatia, por lo que representa y por lo que hizo en el campo de la ciencia esta mujer. Tuvo una mente privilegiada que la convirtió en todo un referente de las matemáticas y la filosofía. Además vivió en una época en la cual la fe sustituyó a la razón, siendo el inicio de tiempos convulsos y oscuros donde el conocimiento y la sabiduría fueron reemplazados por el fanatismo y la intransigencia.

   Pero Hipatia además de simbolizar el pensamiento libre realizó importantes aportaciones en álgebra, llegó a explicar las órbitas irregulares de los planetas o a diseñar varios instrumentos científicos. Sin embargo de todo esto en la novela no se hace mención. Y es en este punto donde el libro me ha decepcionado. Sé que es una novela y no un tratado de ciencia, pero creo que el autor ha obviado aspectos de la vida de Hipatia que son importantes y solo se ha centrado en sus desencuentros con Cirilo y que tan trágicas consecuencias le reportaron (si queréis saber más de esta excepcional mujer os recomiendo que leáis algo sobre su vida o, en su defecto, la publicación que realicé sobre ella en Demencia, la madre de la Ciencia, pinchando aquí). 

   Me ha parecido curioso que el autor no se haya detenido a hablar -aunque solo fuera someramente- sobre los temas científicos que Hipatia estudió y en cambio sí haga un repaso de las normativas que regían los burdeles alejandrinos o los romanos. Desde luego es mucho más atractivo el modus vivendi de una prostituta que el álgebra, pero no entendí muy bien a cuento de qué había que explicar eso.

   Otra cosa que me llamó la atención fue que uno de los personajes de la acción que se desarrolla en 1948 es profesora de matemáticas y sin embargo no sabe quién fue Hipatia. Parece ser que el desconocimiento, desde el punto de vista científico, de esta mujer no solo afectó al autor de la novela.

   En resumen, esta es una novela histórica y de acción, donde se hace una crítica a la intolerancia y la intransigencia. Un canto a la libertad de expresión y una defensa a ultranza del sueño de Hipatia:

 Creo en otro mundo donde las ideas no sean perseguidas, donde las gentes puedan expresarse sin miedo y donde pensar de otra forma no sea un delito abominable. Sueño con un mundo donde el pensamiento sea respetado y la ideas sometidas a discusión. Sueño con un mundo sin fanatismos donde expresarse libremente sea algo cotidiano. Sueño con un mundo donde ser diferente no sea delito. 

    Un sueño que, 1600 años después, aún no se ha visto realizado.
   





30 de diciembre de 2016

Recapitulando, que es gerundio



   En la última semana del año es muy habitual hacer balance, se echa la vista atrás y comparamos qué hemos conseguido e intentamos averiguar si todos los objetivos que nos fijamos en enero se han cumplido. Generalmente el resultado deja bastante que desear, al menos en mi caso. No sé si por exceso de ambición -me planteo unas metas demasiado pretenciosas- o por falta de espíritu -me quedo sin fuelle antes de llegar al final-, el caso es que casi nunca cumplo con lo que me propongo; es más, no solo no cumplo, es que ni siquiera me acerco.

   Pero aquí no quiero hablar de mis frustraciones vitales, sino de balance lector. Empezaré por los datos positivos. El año pasado me quejaba de que había leído más autores varones que femeninos, incluso me hice una pequeña reflexión. Cuando elijo una lectura no me fijo excesivamente en si es un hombre o una mujer quien escribe, pero el caso es que este año el número de autoras ha aumentado respecto al pasado, no mucho pero algo sí. Siguen ganando los varones pero las perspectivas son buenas.


   En cuanto a la nacionalidad de los escritores los hispanoparlantes ganan por goleada, aquí podría reflexionar sobre las ventajas de leer una obra en su versión original, creo que en la traducción se pierde a veces calidad y cuando una redacción en una obra traducida no gusta a mí siempre me queda la duda de si la culpa no la tendrá el traductor (que me perdone este gremio si alguno de sus integrantes lee esto). Por tanto, y dado mi espantoso don de lenguas, para que no haya lugar a dudas leo principalmente obras en español.




   Si me ciño a las lecturas de este año el balance, a priori, podría considerarse bastante bueno: 46 libros leídos que se reparten a lo largo de los meses, en número de páginas, de la siguiente manera:


   Pero lo malo de las estadísticas es que suelen utilizarse, entre otras cosas, para comparar y si yo comparo mi ritmo lector de este año con el de 2015 el resultado es deprimente, pues en ese año leí 57 libros, algo más que en este 2016. Claro que hablar de libros no da idea de cuánto se lee pues todo depende de si se lee un relato o un tocho tipo diccionario enciclopédico. Pero no hay problema, para eso también sirven las estadísticas (y las hojas de cálculo), para reconvertir datos en información más exacta, así que he comparado el número de páginas de los libros del año pasado con los de este y... sigue saliendo un resultado deprimente: he leído bastante menos.


   Este año 2016 no solo he leído menos libros sino que encima fueron mucho más breves. 

   Pero como yo no me doy por vencida fácilmente hice otro estudio estadístico pues me vino a la mente que quizás este año haya leído menos pero ¿y si disfruté mucho más?, entonces el balance no sería tan negativo. Así que me puse manos a la obra y en función de lo que me gustaron los libros que leí me sale esto:


   Abundó la lectura mediocre (la que yo catalogo como de tres estrellas), seguida de cerca por la bastante buena y, a mi modo de ver, las lecturas que me encantaron (*****) no fueron demasiadas. Si lo comparo con el 2015, vuelvo a darme cuenta que este año no ha sido muy bueno. He leído menos y de peor calidad. Me he cubierto de gloria, vaya.


   Una vez hecha la estadística y contrastados los datos es hora de sacar conclusiones. La estadística además de ser motivo de depresión -en los casos en los que los resultados no son los esperados- también puede servir para indicarnos las posibles causas del fracaso. 

   Si me fijo en la gráfica del número de páginas, mi ritmo lector bajó estrepitosamente en el mes de octubre. Recuerdo ese mes como un periodo especialmente estresante en el trabajo; la publicación de dos artículos en sendas revistas científicas a la vez y el rechazo de uno de ellos, mas unas clases extra que tuve que impartir me tuvieron de los nervios, el agotamiento en el que me sumí me impidió hasta realizar la actividad que más me gusta: leer. Esto podría explicar mi bajo rendimiento lector pero no mi poco acierto a la hora de elegir lectura si atendemos a la mediocridad de lo leído (según mi gusto). O puede que también se pueda explicar. Es sabido que estados de estrés y cansancio nos nublan el entendimiento y a la hora de escoger no estamos en las mejores condiciones mentales.

   Por cierto, y a modo de apoyo a lo anteriormente expuesto, comentaré que cuando estoy muy tensa me sale la vena irónica-humorística -es como una especie de defensa interna- y es cuando me da por escribir en plan de chufla. Ese mes de octubre publiqué tres entradas de humor acerca de mis difíciles relaciones con las máquinas (Hable con ellas I, II y III). 

   Pero lo que más me deprime de estos resultados no es el balance obtenido sino el que voy a tener para el 2017. Me explico.

   Si doy por buena la hipótesis de que el estrés y el cansancio han sido los motivos de mi bajo rendimiento lector el pronóstico para el año que viene no es nada alentador. Estoy embarcada en una aventura ambiciosa que me va a robar -que ya me está robando- mucho tiempo y energía: estoy escribiendo un libro.

   Nooo, no os creáis que me he vuelto loca y he decidido publicar una novela. ¡Qué va! El libro en cuestión es una tesis doctoral. Llevo ya varios meses en ello pero antes de primavera tengo que acabarla, viendo los problemas que me están surgiendo y según se acerque la fecha creo que la falta de tiempo me impedirá leer nada que no tenga que ver con artículos científicos y, lo que es peor, me impedirá atender este blog como a mí me gustaría. De hecho, algunas de las secciones habituales quedarán aparcadas temporalmente.

   Por lo tanto aprovecho la ocasión para avisar que mi actividad bloguera se verá considerablemente mermada, os pido de antemano perdón por no atenderos como os merecéis y por disminuir mis visitas a vuestras casas. De todas formas sí me pasaré de vez en cuando para disfrutar y darme un capricho leyendo lo que escribís y que tanto me gusta.

   Para el próximo verano, y si no he muerto en el intento, espero ya recuperar mi ritmo habitual.

   También aprovecho para desearos un feliz año 2017. Espero que el año que pasado mañana empieza os traiga un montón de cosas buenas y a mí una recia salud cardiovascular, que buena falta me va a hacer.






    

26 de diciembre de 2016

Memorias de un sinvergüenza de siete suelas

   En Sevilla, Francisco Valiente acaba de morir. A su velatorio acuden sus amigos y sus enemigos. Acuden a despedirse del más vivo de los sevillanos finalmente muerto.

   Entre los asistentes al velorio se encuentran la esposa y la cuñada del fallecido. La viuda, Morgana, viste de rojo para celebrar el evento y la cuñada, Alma, sufre la pérdida de su gran amor. Entre las dos nos contarán una historia que se remonta a más de treinta años atrás, cuando siendo niñas conocieron a quien las dejaría marcadas para siempre: Francisco.

   Pero no solo ellas serán las narradoras de esta conmovedora historia, el propio finado contará desde el ataúd su vida y sus sentimientos.

   Francisco creció al otro lado del puente, ese que cruza el río que separa los que tienen más de los que no tenían. Él estuvo en la orilla equivocada y siempre soñó con formar parte de la otra, donde los poderosos hacen y deshacen a su antojo. Su anhelo es aún mayor cuando se enamora de Alma, una niña perteneciente a una familia de alcurnia donde los apellidos pesan como una losa y se convierten en un lastre difícil de llevar. 

   Pero Alma es una prisionera de su rango, de todos los adornos y las obligaciones que lleva a cuestas su familia; unas cadenas ajenas que no la permiten elegir: “su vida era una especie de teatro en el que todos los actores sabían su papel de memoria y ni por equivocación osaban cambiar”.

   Cuando Francisco es consciente de que nunca podrá tener a Alma jura convertirse en lo que odia y anhela a partes iguales. Y lo consigue, llega a lo más alto desde lo más bajo, gracias a su encanto, a su físico y a su desmesurada ambición. Le demuestra al mundo que se puede ser grande habiendo nacido ínfimo.

   Consigue la admiración de Sevilla, se rodea de nobles y poderosos que buscan su favor, cientos de bellas mujeres mueren por ser suyas. Consigue todo menos a lo único que desea, a Alma.

   Para estar cerca de su verdadero amor se casa con la hermana del esposo de Alma, con Morgana, una mujer hermosa, deseada por muchos, pero que es despreciada por Francisco, a quien amaba con locura. Ese dolor de saberse rechazada la aniquila y la convierte en esclava del odio. Un odio que la vuelve un ser ruin y despreciable: “Tu odio es tu propio asesino; un parásito hambriento creado por ti del que no puedes huir. Te acompaña todos los segundos de tu vida.”

   Y mientras Alma vive la vida que otros han elegido por ella y Morgana se cuece en su propio resquemor, Francisco se dedica a conquistar a cuantas mujeres se le ponen por delante, tanto mujeres casadas y aburridas, como jovencitas que aún creen en el príncipe azul. Por fastidiar a Morgana adquiere una rara afición: compra un pavo real cada vez que conquista una virgen. Así en su jardín llegan a vivir 5989 de estas aves que se convierten en el símbolo de este sinvergüenza y en la envidia de media ciudad.



   En medio de todas estas historias se encuentra la frustración que nos invade cuando somos conscientes de que hay oportunidades que solo se presentan una vez en la vida y que cuando las dejamos pasar ya no hay vuelta atrás. 

Dejamos pasar lo bueno pensando que todavía vendrá algo mejor… y así vamos… Si por un segundo nos dejaran ver nuestro futuro, cuántas cosas atraparíamos al instante, cuántos aciertos florecerían. Pero nos tocó aprender a base de errores; de darnos contra la pared creyendo encontrar en ella la salida.





   Ángela Becerra, dentro del género del realismo mágico, nos introduce en un mundo fantástico donde todo es posible, incluso que el muerto participe en su propio velatorio. Una historia llena de humor, ternura, reflexiones sobre las oportunidades perdidas, escenas de sexo contadas sin tapujos pero sin caer en la obscenidad. Y sobre todo una historia muy, pero que muy bien escrita.








22 de diciembre de 2016

La estrella de Cervantes



   La estrella mu Ara es la duodécima estrella de la constelación del Altar. También se la denominaba HD 160691, este número es el que le corresponde en el catálogo que un astrónomo elaboró en función del tipo de luz (frecuencia y magnitud) de las estrellas. 

   Este nombre no era muy bonito, la verdad sea dicha, y los señores que forman parte de la Unión Astronómica Internacional decidieron cambiárselo por otro más sonoro y, ya de paso, más fácil de recordar. Para este menester crearon un concurso llamado NameExoWorlds, donde se solicitaba la participación popular para proponer nombres a varios sistemas planetarios entre los que se encontraba el de mu Ara.

   La Sociedad Española de Astronomía y el Planetario de Pamplona propusieron el nombre de Cervantes para llamar de forma mucho más bonita (y poética) a mu Ara. Como la estrella va acompañada de cuatro planetas (que se conozcan hasta ahora), también propusieron otros cuatro nombres para ellos: Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho. Esta iniciativa contó con la colaboración del Instituto Cervantes.

   La Sociedad Española de Astronomía no solo contó con el apoyo de astrónomos, sino también de humanistas y amantes de la literatura que tenían un objetivo común: poner a Cervantes y a sus personajes entre las estrellas.

   Para renombrar a mu Ara había otros países que también querían participar y propusieron otros nombres, sin embargo el 70% de los votos emitidos decidieron que Cervantes debía ser su nombre.


   Pero conozcamos un poco más a la estrella Cervantes.

   Es una estrella que se encuentra bastante cerca de nosotros, más o menos a 50 años luz. Teniendo en cuenta las dimensiones del Universo eso es como si fuera una vecina de nuestro Sol. Pero es algo más grande que el Sol y el doble de luminosa. Se cree que tiene cuatro planetas casi con seguridad. Esto de que “se cree” es porque localizar un planeta no es tan fácil como encontrar una estrella, la dificultad radica básicamente en que los planetas no brillan. A estos cuatro planetas se les supone poseedores de satélites o lunas pero eso es aún más difícil de averiguar pues en el caso de los satélites, además de no brillar son mucho más pequeños que los planetas.

   De momento esos supuestos cuatro planetas ya tienen nombre como anteriormente ya he citado y son, cómo no, los de cuatro personajes de la obra más famosa de Cervantes: Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho.

   Pero ante la eventualidad de que la estrella Cervantes resulte tener más planetas cuando se pueda observar con instrumentos de mayor precisión, la Sociedad Española de Astronomía tiene ya en la reserva otros nombres: Clavileño, Maritornes o Princesa Micomicona, por ejemplo. Será por nombres de personajes cervantinos…

Cervantes en el cielo, visto en el programa Celestia | Planetario de Pamplona

   A mí de todo esto lo que más me gusta es que por votación popular Cervantes fue elegido y apoyado para esta iniciativa. Lo que las autoridades culturales no hacen lo ha hecho la población. Con su participación en este evento ha demostrado que a don Miguel se le quiere, se le reconoce y se le tiene presente. Al menos esa mala estrella que tuvo en vida ahora se ha tornado en una estrella real, de las que brillan y que lleva su nombre.


   Durante estos meses he homenajeado a Miguel de Cervantes de diferentes maneras. He recordado su vida, he leído algunas de sus creaciones, y he paseado por la ciudad que le vio nacer. He mostrado, al fin y a la postre, la inmensa admiración que siento por Cervantes. 

Glosario:

   Quería terminar esta serie de publicaciones del Cuarto Centenario de Cervantes celebrando que su nombre ha llegado al espacio. Siempre ha tenido un lugar en mi corazón, ahora también lo tiene en el cosmos.

   Para recordarlo y tenerlo presente lo mejor es leer su obra, esa es la manera ideal de recordar a un escritor, pero ahora, además, tendremos un lugar donde mirar en el firmamento para pensar en él, pues allá a lo lejos –más o menos a 50 años luz– hay un puntito luminoso que lleva su nombre.

¡Viva Cervantes!






18 de diciembre de 2016

Operación Navidad

   Hace unos días una escritora se puso en contacto conmigo a través del blog; había autoeditado una obra y estaba interesada en que la leyera y que diera mi opinión. 

   Últimamente estoy recibiendo peticiones de este tipo bastante a menudo. Me siento halagada de que quieran contar con mi parecer sobre un libro y cuando son escritores que están iniciando la aventura de publicar por propia iniciativa además me siento animada a echar una mano -en la medida de lo posible- sobre todo sabiendo que no cuentan con el respaldo de una editorial y que darse a conocer es mucho más complicado.

 Pero en estas ocasiones intento no ilusionarme demasiado pues a veces la temática del libro en cuestión no es de mi interés o, lo que es mucho peor, la narración es un auténtico desastre. Así que recibí esta petición con reservas. 

   Esta novela pertenece a una colección, y reconozco que el título ya me llamó mucho la atención y me predispuso favorablemente: “Las aventuras del desastroso Inspector Máximo Disaster”. Cuando pasé por la web donde había más información el flechazo fue casi instantáneo y no dudé en ponerme con su lectura.

   Podría definir aquí la novela pero prefiero trasladar las palabras de su autora para saber qué nos vamos a encontrar entre sus páginas:

“La obrita que tienes ante tus ojos, querido lector, no tiene género ni edad. Es duro reconocerlo, pero así es. Nació con vocación de vodevil, vivió su adolescencia creyéndose narración corta, se adentró en la juventud convencida de ser una novela de enredo, y se enfrenta a la adultez con la agridulce sensación de ser una chorrada.” 

   Estas palabras me parecen no solo acertadas para definir claramente la novela sino que, además, nos dan una idea de la forma de escribir de su autora. En un tono desenfadado, pero con una gramática exquisita –lo cortés no quita lo valiente– asistiremos a una aventura de lo más descabellada, con personajes disparatados moviéndose en un argumento delirante que nos hará pasar un rato muy divertido. 

   Antes de presentar a algunos de los personajes que por la novela desfilan creo que procede presentar a la autora, y también elegiré sus propias palabras para hacerlo:

   Carmen Fernández nació en Ferrol por aquel tiempo en el que los astilleros de Astano perfilaban orgullosos el skyline de la bella ciudad portuaria. Trabaja desde su juventud traduciendo la obra de otros a la espera de que un día sean otros los que traduzcan la suya. Entretanto pasa el rato escribiendo relatos juveniles.

   La imagen que acompaña esta minipresentación es obra de un dibujante que también merece ser presentado pues el libro va acompañado de ilustraciones que son un perfecto complemento a lo que se cuenta en él.

   Pablo Matera nació en Argentina hace algunos años. Dibuja desde su más tierna edad y ha mejorado mucho desde entonces. Desarrolló su carrera profesional como colaborador del periódico La Nación. Actualmente alterna su labor de ilustrador creativo con la de guionista y artista conceptual. Es autor de varios libros. 

   Una vez hechas las presentaciones de dos de los artífices de esta Operación Navidad, paso a presentar el elenco de los personajes, y otra vez recurro al libro:


   Desde el barman ‘El Peinaíto’ (fue abandonado por su novia oriental y como tributo a su amor perdido creó el estilo de billar “cantonés”), pasando por el ayudante del inspector, Volframio (Volfri para los amigos), hasta el propio protagonista de este disparate, el inspector Disaster, todos y cada uno de los personajes compiten entre sí a ver quién es el más extravagante.

   Especial mención merece, cómo no, el protagonista de esta locura: el inspector Disaster. Máximo Disaster procede de una familia de espías, pero él rompe con la tradición profesional familiar y decide dedicarse al noble oficio de inspector. Su abuela Marta-Mari no ve con buenos ojos esta deserción de la trayectoria parental pero acaba cediendo a los deseos de su nieto.

   La trama de esta mini-novela nos adentra en una aventura navideña. En pleno centro de una conocida y bulliciosa ciudad y en vísperas de la Nochebuena, los máximos representantes de la Navidad recurren a los servicios del inspector Disaster para que resuelva un misterioso caso. El caso y cómo se resuelve evidentemente no lo voy a contar, para averiguarlo tendréis que sumergiros en las páginas de esta novela y así pasar un divertido (y delirante) rato.

   Intercalada con esta aventura se nos cuenta la vida de un personaje secundario que a mí me resultó entrañable, Rodolfo Mondolfo. Rodolfo es “miembro de la mafia calabresa asentada en Argentina, hincha del Boca Juniors, amante de los choripanes y peronista a muerte”. Este peculiar personaje por un lío de faldas debe huir de su Argentina natal pues el mafioso Giulio Malatesti quiere cargárselo, pero los compadres de Mondolfo le ayudarán a que escape. Las vicisitudes que ha de pasar para acabar recalando en Madrid son de lo más disparatado que he leído últimamente y me lo pasé francamente bien.

  Operación Navidad ha sido lo más surrealista que he leído desde hace tiempo pero me he divertido mucho. El estilo narrativo de Carmen Fernández es muy bueno, lleno de ironía y humor con cierta dosis de locura; pero una locura que se plasma de forma muy correcta si a la sintaxis y el uso del vocabulario nos referimos. 

   Podría decirse que esta novela es una chorrada –como la propia autora la define– pero en esta ocasión no interpretaría el término como una tontería sin importancia. Para mí ha sido una chorrada que me ha hecho desconectar de los problemas cotidianos, que me ha evadido de la rutina y me ha sacado una sonrisa durante toda la lectura, algo que, dados los tiempos que vivimos, es muy importante y de agradecer.

   Gracias, Carmen, por darme a conocer esta divertida aventura y por hacerme sonreír. Seguiré de cerca las andanzas de este desastroso inspector Disaster.

NOTA: Si queréis más información esta es la web del Inspector Disaster: Inspector Disaster

Hada verde:Cursores
Hada verde:Cursores