25 de agosto de 2016

La corona maldita

       En 1700 accede al trono de España Felipe de Borbón, duque de Anjou, cuando el último rey de la dinastía de los Austrias, Carlos II, muere sin descendencia. Esto provocó la llegada de los borbones a la monarquía española y una guerra por la sucesión, pues había otros pretendientes al trono español.

   En cualquier caso la corona se la quedó el francés y reinó con el nombre de Felipe V.

    La historia arranca en el año 1714, cuando se acaba de casar con su segunda esposa, Isabel de Farnesio, la Parmesana. Esta mujer será co-protagonista de la novela pues su fuerte carácter y su gran ambición jugarán un papel importante en el reinado de este monarca. 

   A Felipe V se le llamaba el Animoso, por sus bruscos cambios de humor, tan pronto estaba exultante de alegría como caía en la más absoluta desesperación. Y es en esta cuestión donde la autora hace especial hincapié: en la enfermedad mental del rey. 

    Porque Felipe V era un enfermo mental. Ahora, y a tenor de los síntomas descritos por los cronistas de la época, se cree que sufría un trastorno bipolar. No soy psiquiatra, pero yo creo que este señor tenía algo más. Los comportamientos de los que hizo gala son los de una persona completamente desquiciada, no sólo los de alguien que tiene cambios en el estado de ánimo: se creía que era una rana, recibía a los embajadores en camisón, descuidaba la higiene llevando la misma vestimenta durante semanas, se negaba a cortarse las uñas de los pies -lo que le llevó a no poder caminar-, creía que la ropa blanca irradiaba luces que le iban a matar, y decía a todo el que quisiera escucharle que él estaba muerto y que era un fantasma. Ese pobre hombre estaba como una regadera -y era un poco cochino-.

Felipe V de España

   Si hubiera sido un simple mortal, este personaje sería digno de conmiseración, pero el problema es que el destino, la mala suerte, o como se lo quiera llamar, le deparó llevar las riendas de un país y nada más y nada menos que durante más de cuatro décadas. Será que me puede mi ideología, pero me resulta inconcebible que se pueda tener -y mantener- a un orate como gobernante por el mero hecho de poseer sangre azul. En una democracia también llegan locos al poder pero como mucho se les aguanta cuatro años, hasta las siguientes elecciones (o hasta las de más adelante, eso depende del electorado).

   En descargo de Felipe V hay que decir que él nunca quiso gobernar. Siempre se mostró reacio a ocupar el trono de un país que le era extraño, pero su abuelo -Luis XIV, el rey Sol- así lo dispuso y obedeció. Además, su mujer, Isabel de Farnesio, no le permitió abdicar una segunda vez -para los que anden un poco cojos en Historia de España recordaré que en 1724 abdicó en su adolescente hijo Luis, pero éste falleció ocho meses después por lo que volvió a recuperar la corona-. Además su reinado fue el más largo de la monarquía española, 46 años, y eso que no quería gobernar: ¿no quieres caldo?, pues toma tres tazas.

   Para tener sus facultades mentales tan mermadas hay que reconocer que durante su reinado se pueden destacar varios logros significativos: modernizó las estructuras del Estado y fue un gran promotor de las Artes (creó la Biblioteca Nacional y la Real Academia Española de la Lengua). Parece ser que su locura no le impidió elegir bien a sus ministros -aunque tuvo un par de equivocaciones con dos de sus gobernadores que supusieron graves pérdidas en prestigio y dineros para el pueblo español-. 

Palacio de La Granja de San Ildefonso, lugar de recreo de Felipe V y donde fue enterrado.
   Se podría pensar que todo esto que cuento se lee en la novela, y se pensaría bien. Pero la intención primera y única de la escritora es ahondar en el estado mental del monarca. Sí es cierto que la demencia que padeció fue destacable, pero estar hablando durante más de trescientas páginas sobre lo mal que tenía la cabeza Felipe V es demasiado. 

   Como reseñé más arriba, Isabel de Farnesio es protagonista junto a su esposo, y podemos asistir a la impotencia que siente ante la enfermedad de su cónyuge y cómo la obsesión de éste por dejar de gobernar puede dar al traste con los ambiciosos proyectos que tiene la italiana para sus propios hijos -para los cojos en Historia: uno de ellos llegó a ser rey, el tercero de los Carlos-.

Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V

   Además, y no sé por qué, no conseguí conectar con ningún personaje. La manera de narrar me hizo asistir 'desde lejos' al desarrollo del argumento. Me pareció un estilo plano y, en algunos momentos, aburrido. Y eso que la autora inserta a lo largo de la narración escenas de sexo más que explícitas, porque otra de las 'manías' del rey loco era la de mantener relaciones sexuales a todas horas. Parece ser que era lo único que le sacaba de su apatía -estar loco no implica necesariamente ser tonto-.

   Una novela curiosa por los episodios que se relatan entre los ataques de histeria del monarca y los ataques de furia e impotencia de su mujer. Una novela que no me enganchó en ningún momento y que a punto estuvo de hacerme enloquecer a mí también, pero de aburrimiento.




   


23 de agosto de 2016

Leer, el remedio del alma: Top 10


    Siguiendo una iniciativa que circula por la blogosfera, traslado en esta publicación las diez entradas más leídas en mi blog -o al menos eso es lo que dice la estadística de Blogger-.

   Esta iniciativa la he visto, de momento, en los blogs de Rosa Berros, María Campra y Marigem Saldelapuro. Me ha gustado la idea pues es una manera de recordar algunas publicaciones antiguas por un lado, y por otro me parece una forma de dar a conocer entradas que para algunos de los seguidores pasaron desapercibidas.

   Imitando la forma de proceder de las blogueras citadas, pondré las entradas en orden creciente de visitas, así la que ostenta el número 1 es la que mayor número de visitas tiene. Para quien tenga curiosidad en leerlas solamente tiene que pinchar en el título y será redireccionado.

      Esta publicación nació a raíz de la polémica desatada por las declaraciones de una ex-directiva de unos laboratorios farmacéuticos a tenor del tratamiento necesario -y carísimo- para los enfermos de hepatitis C. Soy boticaria, y las palabras de esa señora me molestaron mucho, así que me puse a reflexionar... y salió esa entrada.

    Este blog lleva funcionando varios años y, aunque la actividad se ha visto sensiblemente incrementada en los últimos meses, ya tiene su edad. Pero nunca había celebrado su cumpleaños. En este 2016 me animé a hacerlo. Por qué decidí hacerlo y por qué precisamente en esa fecha se explica en la publicación.

     Hace unos meses abrí una nueva sección en el blog, 'Demencia, la madre de la Ciencia', en ella publico las biografías de científicos excepcionales y un poco locos. Sin desmerecer a ninguno de los que ya han protagonizado esta sección, tengo especial querencia por uno de ellos: Tesla. Me ha agradado saber que la entrada dedicada a su vida (y excentricidades) es una de las más leídas. 

    Esta es una reseña -ya iba siendo hora que apareciera una, pues el blog nació principalmente como un blog literario-, de una novela de Eslava Galán, donde se conjuga genialmente intriga e historia, en concreto la historia de la vida de Cervantes. En el cuarto centenario de la muerte de este maravilloso escritor, también me es muy grato comprobar que una publicación relacionada con él -aunque sea indirectamente- tiene mucha aceptación.

   Esta publicación también es una reseña, y me llama la atención la aceptación obtenida pues el libro sobre el que versa no me gustó demasiado. Supongo que el que fuera un best-seller afamado tuvo algo que ver.

5. Canta Irlanda
    Esta es la reseña de un libro de viajes y de historias a través de Irlanda. Su autor, Javier Reverte, un viajero pertinaz, nos cuenta su periplo por tierras irlandesas a la vez que nos sumerge en las leyendas que tan arraigadas están en las gentes de aquellos lares.

4. La isla del padre
   Se trata de la reseña sobre el libro que Fernando Marías escribió como catarsis para superar la muerte de su padre. Un libro emotivo y muy bien escrito.

3. Premio Liebster Awards
   A lo largo de la historia de este blog he sido agraciada con muchos premios. Premios que me fueron concedidos por otros blogueros muy generosos conmigo. Esta entrada fue el resultado de uno de estos premios. La razón por la que fue más leída que otras dedicadas a otros premios la desconozco. Cosas del azar, de las estadísticas y del capricho de los lectores. Aunque yo tengo una teoría, en esta entrada -y por exigencias del guión- se me hacen unas preguntas que contesto encantada. Quizás la curiosidad inherente por saber quién se esconde tras un bloguero/a sabiendo más cosas sobre él/ella hizo que esta publicación fuera tan bien recibida.

2. La tecnología y las buenas costumbres
   Quienes suelen pasar por este blog saben que, de vez en cuando, me da por ponerme filosófica, o por reflexionar sobre diferentes temas, cotidianos o inusuales. Esta entrada es una de esas reflexiones. En este caso me dio por pensar en las nuevas tecnologías y cómo nos han hecho cambiar nuestros hábitos, aunque algunos -entre los que se encuentra una servidora- nos resistamos a dejar de lado las buenas/antiguas costumbres.

1. Hoy cumples 18 años
   Esta entrada es la joya de la corona en este blog. Por un lado tiene récord de visitas, está en el primer puesto y además por goleada pues la segunda publicación le sigue a muchísima distancia. Además de haber sido muy visitada yo le tengo un cariño especial; es una carta que le escribí a mi hija cuando cumplió 18 años.
   Es una carta muy emotiva y supongo que el título hace que sea fácil de encontrar en los buscadores. Además debe de gustar mucho, tanto que algunos jetas la han copiado y tuve la desagradable experiencia de verla en otros perfiles de redes sociales dedicadas a otras hijas y como si hubiera sido escrita por sus respectivas madres. Es tal el enfado que me agarré que estoy pensando en cambiar el título del post para que no sea tan "famoso".
   En fin, son los inconvenientes de la difusión en la red, se topa una con muchísima gente encantadora, pero también hay mucho indeseable que se aprovecha del trabajo ajeno.


 Bueno, espero que hayáis disfrutado con este paseo por lo mejor de mi casa -al menos por lo más exitoso-. Más adelante os enseñaré las estancias más humildes.


20 de agosto de 2016

Reto "Tres días, tres citas" III


   Aquí viene mi tercera aportación al reto "Tres días, tres citas". Dado que estamos en el centenario de la muerte de Cervantes, dado que soy una fiel admiradora de ese escritor y dado que considero El Quijote como la mejor obra de la Literatura, era evidente que no podía dejar de citar a este "Príncipe de los Ingenios".

   Como ya escribí, hace unos meses, hablando de las aventuras que vivió Cervantes durante su carrera militar (Las aventuras del ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes) mi escritor favorito sufrió las penas del cautiverio. Conseguir la ansiada libertad le resultó arduo y difícil. Durante tantos años de prisión tuvo mucho tiempo para apreciar ese don tan valioso: la libertad.

   Quizás por eso, puso en boca de don Quijote las frases que a continuación escribo:

"La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida."

 En una sociedad donde impera el propio provecho, donde el egoísmo y la insolidaridad es moneda común, deberíamos reflexionar y ser un poco más idealistas. Cervantes lo fue, a pesar de todos los sinsabores que la vida le dio, nunca dejó de ser un luchador y nunca dejó de creer en sus principios.

   Quizás sea la libertad, junto con la justicia (y la honra), los únicos principios por los que merezca la pena luchar. 



19 de agosto de 2016

Conquistador

    Después de leer la trilogía de Gengis Khan (El lobo de las estepas, El señor de las flechas, Los huesos de la colinas) y la siguiente novela que relata lo que ocurre tras la muerte de este gran guerrero, El imperio de la plata, me decidí a leer el quinto y último libro de esta fascinante saga.

   Tras la muerte de Gengis el imperio mongol vive años de incertidumbre, Ogedai, su hijo y sucesor, consigue expandir aún más sus dominios y también consolidar un sistema que gobierne tantos y tan dispares territorios, de manera que todo lo conquistado no se pierda.

   Sin embargo Ogedai muere sin dejar establecido quién le debe suceder. Su hijo Guyuk es demasiado joven, por lo que otros nietos de Gengis, con vastos territorios a su cargo, le disputan el khanato. Pero Torogene, la madre de Guyuk y esposa del desaparecido Ogedai, sabe mantener el orden con mano firme y consigue retener el poder para su hijo.

   Pero la vida de un guerrero mongol es peligrosa y mucho más si detenta mucho poder, por lo que las intrigas y las envidias acosan al joven khan. 

   Así nos introducimos en una historia fascinante y llena de acción, donde los nietos de Gengis se disputan el honor de ser khan de khanes. Mongke, Arik Bote, Kublai y algunos más creen ser los más adecuados para gobernar el inmenso imperio que conquistó Gengis Khan.

   Sin embargo la disputa por el gobierno del imperio no es óbice para que las conquistas continúen. En el norte, los territorios de Damasco, Bagdad y las fortalezas de la secta de los Asesinos son arrasados por las hordas mongolas y por el sur, los restos del imperio chino también sufren el acoso de la caballería del khanato.

   Hay muchos personajes, pero el principal y en el que se centra toda la atención es Kublai. Nieto de Gengis, y en la línea sucesoria -si hacemos caso al orden de nacimiento- muy lejos de aspirar a gobernar a todos los mongoles y sus súbditos. Además, Kublai no es un guerrero -una condición indispensable para liderar a los mongoles-, al menos no lo es en un principio. Su abuelo, que había conquistado parte del imperio chino tuvo el acierto de rodearse de algunos eruditos de esta nación y Kublai fue educado por ellos. A los ojos de su hermano mayor y de sus primos es un intelectual que no sirve para nada. Al menos para nada que los mongoles realmente valoren. Sin embargo Kublai comandará un ejército y llegará hasta lo más profundo del sur de China, completando lo que su abuelo inició. Los conocimientos que adquirió a través de sus maestros chinos le servirán para comprender y saber gobernar los nuevos territorios.

   La novela está narrada con la agilidad que caracteriza a Conn Iggulden, y tiene, a partes iguales, intrigas políticas y aventuras. El autor utiliza muy bien los pocos datos históricos que se conservan de aquella época y confecciona una historia creíble y muy bien ambientada. No obstante, al final del libro explica las licencias literarias que se ha tomado, aprovechando la poca información que se tiene de algunos personajes.

   Este quinto libro de la saga relata cómo Kublai llegó al poder y es en ese punto donde termina. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el autor ha querido terminar una historia en el punto álgido del protagonista, evitándonos asistir al ocaso -como ocurrió con la historia de Gengis- y desaparición de un personaje fascinante.

   Porque "el tiempo y la edad acaban apagando las llamas más luminosas". La dinastía que inició Kublai en China apenas duró cien años. El esplendor de los mongoles fue efímero y desapareció casi con la misma rapidez con la que se expandió.

"Cualquiera puede cambiar el mundo, pero nadie puede cambiarlo para siempre"





15 de agosto de 2016

Mi nombre



   Tu nombre me sabe a hierba es una canción de Serrat que casi todos los que ya tenemos una edad hemos cantado en algún momento de nuestra vida. De esta balada siempre me llamó la atención el título, es muy musical ─qué menos viniendo de una canción─ pero además me extraña el significado estricto de la frase: ¿los nombres tienen sabor? Por no hablar de a qué sabe la hierba, yo nunca la he probado pero se supone que debe de estar bien, al menos la que nace en el valle, a golpes de sol y de agua.

   Pero el motivo de mi reflexión de hoy no va de hierbas, sino de nombres. Cuando oía a Serrat asociando el sabor de la hierba con el recuerdo de su amada, yo me preguntaba ¿a qué sabrá mi nombre? Nunca lo he sabido, pero lo que sí sé es a qué suena.

   Mi nombre suena a bicho. Porque me llamo Paloma, y ese es el nombre de un pájaro. Puede parecer bonito, pero en realidad ese apelativo me ha traído bastantes problemas. 

   El primer problema surgió el mismo día de mi nacimiento. Cuando mi padre le comunicó a mi abuela burgalesa que había nacido y que me iba a llamar así, ella, cual pitonisa clarividente, sentenció:

─ ¡¿Le vais a poner el nombre de un pájaro a la niña?! Ay, pobre.

   Me gustaría aclarar que mi abuela se llamaba Nicasia y con ese nombre no creo que fuera la persona más adecuada para criticar cómo se llamaban otros, pero estaba en su derecho y así se lo hizo saber a mi padre.

   Mis progenitores, a pesar de la oposición familiar ─hubo más parientes que no estaban de acuerdo y pensaban igual que mi abuela─ decidieron seguir adelante, y con ese nombre fui bautizada y registrada en el juzgado.

   Cabría puntualizar que el nombre de Paloma es bastante habitual en Madrid, ciudad en la que he nacido. Aunque la patrona oficial de la capital de España es la Virgen de la Almudena, a la Virgen de la Paloma se la considera la patrona popular de los madrileños. Podéis conocer el origen del nombre en el blog de Francisco Moroz  (Por ser la Virgen de la Paloma).


   El caso es que llamarme así me ha reportado bastantes bromas por parte de amigos e incredulidad por parte de algunos desconocidos que no saben de los usos y costumbres madrileños.

   Recuerdo que en una ocasión, en Galicia, me presentaron a unos conocidos de una prima mía. Cuando les dije que me llamaba Paloma se echaron a reír y creyeron que les estaba diciendo mi apodo, les aclaré que ese era mi nombre real y ante la insistencia en no creerme tuve que enseñarles el DNI.

   Las palomas son aves muy dadas a simbolismos. Son el símbolo de la paz, una de ellas fue la emisaria de Dios cuando, con una rama de olivo en el pico, se presentó a Noé, indicándole que la inundación del diluvio se había terminado y que el peligro había desaparecido. 

   También simbolizan la pureza. La representación de palomas blancas junto a vírgenes es muy habitual en obras de pintura y/o escultura. 

   Yo no sé quién se encarga de elegir los símbolos para representar ciertas cosas. Pero el caso es que poner a las palomas como signo de pureza es de lo más desacertado. Porque las palomas son aves de la familia de las colúmbidas y con costumbres muy poco higiénicas, de hecho se las considera ‘las ratas del aire’. Son un reservorio de parásitos y de virus que pueden poner en grave riesgo la salud de quien convive con ellas. 

   A cuenta de esta información diré que en la universidad, en una clase práctica de parasitología, un compañero llevó una paloma para obtener parásitos y era tal la cantidad de bichos que tenía ─por dentro y por fuera─ que nos suministró muestras a toda la clase. El profesor, aludiendo a la capacidad para albergar tanta fauna, dijo: 

- La paloma es muy agradecida. No le hace ascos a nada.

   Todos giraron la cabeza hacia mí y el cachondeo en el laboratorio duró toda la práctica. Aún hoy, antiguos compañeros de promoción, me recuerdan la dichosa frase.

   Mi nombre, además de sonar a bicho, se presta a continuas bromas. Hace tiempo publiqué una entrada sobre el ingeniero Nikola Tesla; indagando sobre su vida averigüé que, en su excentricidad, se enamoró de una paloma. Cuando lo comenté en una reunión con amigos, mi marido dijo: 

- Anda. ¡Igual que yo!

   Mi nombre también fue fruto de desorientación lingüística para mi sobrina. Un día en el parque, siendo ella muy pequeña y paseando con mis suegros, ante un grupo de esas aves que picoteaban en el césped, su abuela le entregó un currusco de pan para que le diera de comer a las palomas. Ella toda solícita cogió el pan y… me lo dio a mí. En otra ocasión, me contaron que la abuela al ver una paloma volando se la señaló al mismo tiempo que decía:

─ Mira, S., una paloma.

A lo que mi sobrinita miró al cielo preguntando: 

─ ¿Está aquí la tía?

   La paloma no solamente es muy simbólica. También es un tema recurrente en muchas canciones.

   Hay una que se llama Se equivocó la paloma. También es de Serrat y pertenece al mismo álbum en el que se encuentra la de la hierba ─álbum que se titula, precisamente, "La paloma"─. El estribillo dice “Se equivocó la paloma, se equivocaba”. Si me hubieran dado un euro cada vez que he tenido que oír tararear ese fragmento cuando fallaba las respuestas en clase ante las preguntas de la profesora, tendría una pequeña fortuna. Yo creo que mis compañeros deseaban que metiera la pata solamente para poder ponerse a cantar el maldito soniquete.

   Siguiendo con las canciones, había otra de Tony Leblanc que se llamaba Paloma, palomita, palomera ─lo pongo en pasado porque creo que ya está descatalogada, gracias a Dios─. De esta prefiero no hablar mucho porque era espantosa, pero podría haber conseguido buenos caudales si también me hubieran dado un euro cada vez que la profesora, cuando me quería reprender por alguna fechoría, se dirigía a mí con esa muletilla.

   En los años 90, Emilio Aragón tuvo un exitazo con una canción llamada Cuidado con Paloma (que me han dicho que es de goma). Él tuvo un éxito de ventas y yo otro motivo de tortura por parte de mis allegados.

  De la canción Cucurrucucú, paloma también podría contar mucho, especialmente con un compañero de la universidad que era mexicano. Le hizo gracia mi nombre y cada vez que nos cruzábamos por los pasillos silbaba esa tonada. ¡Qué martirio, por favor!


   Podría contar muchas más anécdotas/desventuras a cuenta de mi nombre. Si Oscar Wilde escribió “La importancia de llamarse Ernesto” yo podría escribir “El incordio de llamarse Paloma”, pero no me quiero extender. 

   El caso es que hoy es mi santo y en mi ciudad se celebra por todo lo alto la festividad de la Virgen de la Paloma. La verbena que lleva su nombre es muy popular y hasta dio lugar a una zarzuela y todo. Aunque yo la tengo un poco de manía, porque mis padres acudieron a esa verbena pocos días antes de mi nacimiento y creo que fue esa fiesta la responsable de que me llamaran así. 


    Tanto chotis, tanto organillo sonando y el chocolate con churros debieron de afectar seriamente a mis padres y cuando, once días después de la festividad, nací yo, se pusieron castizos y decidieron llamarme como la patrona popular de los madrileños. O como un ave de la familia de las colúmbidas, según se mire.


Kirke  



7 de agosto de 2016

Reto "Tres días, tres citas" II



    Esta es mi segunda entrega del reto literario consistente en plasmar una cita que nos haya gustado al leer un libro.

    Como ya comenté en la primera entrega, suelo apuntar en un cuaderno las frases que me emocionan cuando leo y ya llevo unas cuantas libretas llenas de anotaciones. Me ha sido muy difícil seleccionar una para esta segunda parte. Al final me he decidido por una que expresa muy bien lo que significa leer; una afición que tenemos una servidora y los que por este blog suelen pasar. Está tomada de la novela Misterioso asesinato en casa de Cervantes (si quieres leer la reseña pincha aquí), de Juan Eslava Galán.

"Quien no lee no alcanza conocimientos y quien no alcanza conocimientos pasa por la vida como asno con anteojeras, solo siguiendo el camino que le marca el amo. Por el contrario, el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Conocer nunca estorba y siempre ayuda."

     Estas palabras las pone el autor en boca de Cervantes cuando defiende el inmenso valor de la lectura. La novela es pura invención, pero a mí no me extrañaría nada que el genial escritor alcalaíno las hubiera dicho en algún momento de su vida. De hecho, parte de la cita es una frase de Don Quijote.

    Hace unas semanas, en una comida de trabajo, surgió el tema de la situación del gobierno -de desgobierno- en España. Cada uno expresaba sus ideas políticas con mayor o menor acierto y defendía a sus representantes parlamentarios. Tengo que reseñar -y sé que no soy imparcial a la hora de valorar estos comportamientos- que los más extremistas argumentaban su postura de manera muy pobre, cayendo en constantes contradicciones. Y cuando digo extremistas, me refiero a aquellos que magnifican los errores del contrario mientras no ven, o disculpan, los de los suyos. Es ese sector del grupo vi una ausencia total de autocrítica, algo que los más moderados sí tenían.

   Curiosamente estos tertulianos, además de votar al mismo partido, tenían un elemento común: ninguno era aficionado a leer. Fue entonces cuando me vino a la mente la cita que más arriba he copiado. Sin conocimientos no podemos separar la paja del grano y es mucho más fácil ser engañados. Así ocurre luego: corruptos, ladrones, nepotistas y prevaricadores, se presentan para representar al pueblo, son votados y elegidos para gobernar.

   La ignorancia nos convierte en asnos con anteojeras y nos hace seguir el camino que nos marca el amo. Yo, dentro de mis limitaciones, intento quitarme las anteojeras leyendo mucho y procuro seguir mi propio camino, no el que me marcan otros. O, al menos, intento que no me engañen demasiado.




    Ahora debería nominar otros tres blogs. En la primera parte de este maravilloso reto ya di muestras de no seguir a rajatabla las normas. Aquí voy a hacer algo parecido. No voy a nominar a nadie. No por rebeldía, sino por sentido común. Resulta que, además de saltarme las normas, soy muy lenta y he tardado mucho en seguir el reto, lo que ha provocado que casi todos mis posibles nominados ya han sido retados por otros blogueros y no tendría sentido volver a repetir, además podríamos entrar en un interminable bucle.

   De todas formas, si alguno no fue nombrado y le apetece participar en este original reto que se anime y nos haga disfrutar con las citas literarias que más le han gustado.



    

5 de agosto de 2016

El rojo en el azul

    Javier Goyena es un comunista que en 1938, durante la Guerra Civil española, trabaja como intendente en un hospital de Murcia. Su actitud derrotista ante el desarrollo de la guerra le obliga a alistarse para participar activamente en el frente. Interviene en la Batalla del Ebro y allí, una vez consumada la derrota del bando republicano, se viste con el uniforme de un requeté haciendo creer que pertenece al bando ganador.

    Esta pantomima dura tres años. La farsa es creíble hasta para él, pues sufre una amnesia debido a un obús que, oportunamente, estalla cuando llegan a rescatarlo.

   Sin embargo su falsa identidad es descubierta por los servicios secretos falangistas y le obligan a trabajar como agente doble. Para ello se incorpora a la División Azul y se va a luchar a los gélidos parajes rusos. Allí tendrá que infiltrarse en las filas soviéticas y recuperar un objeto muy querido por Franco y que le fue sustraído. Para no destripar el argumento no diré de qué objeto se trata, pero añadiré que esa pieza también es codiciada por Hitler, un coleccionista compulsivo de reliquias.  

   Es así como se desarrolla un thriller trepidante, lleno de espías que persiguen a otros espías, que trabajan para diferentes facciones falangistas y donde todos vigilan y controlan al agente doble infiltrado a la fuerza. Un agente que no está preparado para acometer la empresa asignada pero que es vigilado por gente adiestrada en esos menesteres y que, a mi entender, serían los más idóneos para llevar a buen puerto la misión encomendada.

    Quizás, todo esto ha sido una percepción mía particular, porque a medida que se desarrollaba la novela iba alucinando más. El argumento podía haber sido muy entretenido si el objetivo (objeto) de la misión no hubiera sido tan delirante, absurdo y poco creíble. De hecho, la probabilidad de culminar con éxito una misión tan descabellada es muy baja y el autor solventa esta situación con lo que el protagonista da en llamar "golpes de suerte". Lo que la estadística establece como imposible, se hace realidad gracias a la fortuna, que pone a nuestro agente rojo-azul la solución al alcance de la mano. El desenlace es tan increíble como el planteamiento inicial, en esto el autor es fiel a sus pautas.

    Desde luego yo no tuve la misma potra que el protagonista a la hora de decidir leer esta novela.

    De telón de fondo se hace una dura crítica a la guerra en general y a la guerra civil en particular. Se incide mucho en la sinrazón de una guerra fratricida, donde todos cometieron desmanes, aunque me ha parecido ver cierta insistencia en los cometidos por uno de los bandos, mientras que los del otro -insinuados de forma muy tenue- son la lógica reacción a los abusos de los primeros.

   En cualquier caso, cualquier exceso proveniente de los republicanos o de los rebeldes/nacionales es atemperado cuando se compara con las atrocidades de los soviéticos y de los nazis. Será cosa del clima.

   Moraleja: los españoles podemos ser crueles, pero por ahí fuera son peores.  Como en casa, en ningún sitio.






  

Hada verde:Cursores
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